26 de mayo de 2021

Incertidumbre de la divulgación

Cubierta del catálogo
El 22 de mayo pasado se inauguró la 17 Muestra Internacional de Arquitectura de Venecia. En esta edición el Pabellón Español alberga una exposición titulada Uncertainly, cuyos comisarios son Domingo González, Andrzej Gwizdale, Fernando Herrera y Sofía Piñero, con este motivo la fundación arquia y otras entidades han publicado un catálogo en el que se publican quince artículos de, según sus comisarios, «expertos», entre ellos uno mío titulado «Incertidumbre de la divulgación», que reproduzco a continuación, porque el catálogo se puede descargar gratuitamente:

Le Corbusier lo sabía. Estaba seguro que debía difundir sus obras para que la mayor cantidad de gente posible las conociera, tenía que usar todos los medios a su alcance para transmitir sus ideas por todo el mundo, porque creía en ellas y pensaba que iban a mejorar la vida de los seres humanos.
Durante todo el siglo pasado, la arquitectura se dio a conocer gracias al papel, el que conformaba revistas y libros donde se publicaban excepcionales descripciones literarias y el de los grandes diarios que acogían críticas influyentes, que llegaban a numerosos lectores; los arquitectos también descubrimos los espacios arquitectónicos mediante el papel sobre el que se imprimían planos, dibujos y fotografías, en ediciones especializadas.
La mayoría de estas revistas de arquitectura empezaron a publicarse a finales del siglo XIX, cuando también comenzaron las proyecciones cinematográficas, sin embargo, la imagen en movimiento no fue empleada para divulgar la arquitectura hasta años después y casi siempre de forma más limitada, entre otras razones, porque las películas solo podían verse proyectadas en las pantallas de los cines, hubo que esperar a que la televisión se infiltrase en nuestras casas, para que se realizaran más documentales, aunque casi siempre su carácter meramente divulgativo les hacia olvidar los aspectos que más le importaban a los arquitectos. Es contradictorio que aunque el movimiento es fundamental tanto en la arquitectura, como en el cine, este último no lograse interesarle tanto a los arquitectos como la representación estática de las edificaciones sobre el papel impreso.
Lo cierto es que en las últimas décadas la arquitectura está menos circunscrita a los ámbitos de difusión profesional y se menciona más en los medios de masas, incluso en el cine, la gente conoce más nombres de arquitectos y algunas de sus edificaciones, sobre todo si son monumentales, pero eso no significa que sean los más interesantes, porque siempre consiguió mayor difusión quien tuviera mas poder y recursos económicos, por eso los profesionales más conocidos son las llamadas estrellas  de la arquitectura, como las estrellas cinematográficas que eran el reclamo para que los espectadores acudieran a las salas, obviando que los principales responsables de las películas son sus directores.
Afortunadamente todavía persiste la incertidumbre, que consiste en no tener una noción segura y clara de algo, y esa falta de certeza debe conducir a un escepticismo que, como escribió Diderot, es el primer paso hacia la verdad, la duda se convierte en el principio del conocimiento. Una incertidumbre que existe en Internet, debido a su casi infinita variedad de opciones que caben en el gran divulgador de todo lo existente, incluso de la arquitectura. Esta enorme complejidad tiene la gran ventaja de permitir infiltrarse en los espacios más transitados, logrando mostrar las propuestas arquitectónicas más innovadoras e interesantes.
Hoy como entonces, Le Corbusier hubiera empleado también todos los medios a su alcance, pero debido a su dogmatismo, incompatible con la incertidumbre, es muy posible que sus propuestas no habrían logrado la misma divulgación que entonces.

Hasta aquí el artículo y aprovecho para agradecer a los comisarios por haber pedido mi colaboración en este proyecto.

21 de mayo de 2021

Escenografía teatral y cine. Nemesio Sobrevila

Cubierta de la edición
Nemesio Manuel Sobrevila Sarachu fue un arquitecto donostiarra, que aparte de su profesión, también se dedicó al cine, 
Copio lo que escribí sobre este cineasta en mi artículo «El cine como espectáculo: Desde la escena y la modernidad hasta la realidad» en el catálogo de la exposición Intermedios, cuya comisaria fue Aurora Herrera:
«Los espacios del cine español, como los de otros países, no solían tener estilos avanzados, pero hubo profesionales capaces de diseñar algunos notables, uno de ellos fue el arquitecto Nemesio M. Sobrevila, cuyos dibujos arquitectónicos muestran influencia del art-deco y que dirigió el  largometraje Al Hollywood madrileño (1928), rebautizada como Lo más español; de la que Sobrevila decía: “yo soy el director y el autor de la obra; el capitalista, el arquitecto, el escultor, el diseñador del decorado y de los muebles... Es mucho abarcar, ¿verdad? pero quiero asumir la responsabilidad de los resultados”, es significativo que se autodenomine “arquitecto” en vez de “escenógrafo” y que diferencie esa profesión con la de “diseñador del decorado”. La película, perdida en la actualidad, estaba compuesta por varios episodios en los que se parodiaban diversos géneros: la españolada, el de aventuras, el de terror, el histórico y el de ciencia ficción, que por los documentos que han pervivido, es el más interesante formalmente, con unos dibujos de una ciudad del futuro, que recuerdan los de Hugh Ferris, compuesta por edificios altos y con formas geométricas simples […] Tras dirigir su siguiente largometraje, El sexto sentido (1929), con un argumento poco frecuente en la época, Filmófono le ofreció escribir el guion, diseñar los decorados y dirigir La hija de Juan Simón, basada en una comedia musical que había escrito con José María Granada y se había estrenado con éxito en el teatro La Latina de Madrid en 1930; el arquitecto comenzó a filmarla en los estudios Roptence, pero se retrasó con respecto al plan de rodaje, Luis Buñuel, que era el organizador de la producción, no pudo esperar y lo sustituyó por José Luis Sáenz de Heredia. El arquitecto jamás volvió a trabajar en un estudio cinematográfico». 
Como escribí en La imagen supuesta. Arquitectos en el cine: «El caso de Sobrevila es típico del intelectual que decide introducirse en un medio que no es el suyo, logrando realizar unas películas de gran interés artístico y experimental para las que el público cinematográfico de la época no estaba preparado y cuando intenta trabajar de un modo profesional fracasa por su poca experiencia».
Hace unos semanas, encontré la edición de su obra teatral La hija de Juan Simón editada en 1930 por la entonces conocida colección La farsa, Sobrevila hizo los bocetos de los decorados de esta obra para su estreno, que después fueron desarrollados por el estupendo escenógrafo Fernando Mignoni, y también fue el director artístico de la película homónima producida por Filmófono. La edición que encontré está ilustrada y pensé que esas ilustraciones podían ser obra del arquitecto, lo que hubiera sido muy interesante, ya que se podían haber comparado con los de la película, sin embargo, en los créditos de la edición especifica: «Dibujos de Almada», que debe ser el pintor y escritor portugués José de Almada Negreiros, que vivió en Madrid entre 1927 y 1932. 
Estos dibujos son curiosos y como ejemplo, reproduzco a continuación con el que se inicia el Acto Tercero:
Según el texto, representa un «callejón próximo a la Gran Vía. Es de noche. Se ve la parte posterior de las grandes construcciones modernas. El palacio de la Prensa ilumina el espacio con sus luces rojas. Debajo de un farol dialogan dos mujeres vendedoras de su carne», como se puede comprobar, comparando texto y gráfico, Almada no reprodujo fielmente el entorno madrileño, sino que se limitó a acentuar el contrate entre los nuevos edificios que están al fondo y el paisaje urbano tradicional.
En cuanto a la relación con la película, reproduzco el del Cuadro Tercero:
Representa el «interior de una bodega en Málaga», la película también se desarrolla en una bodega y reproduzco una captura de imagen de ese decorado:
El espacio creado por Sobrevila es mucho más interesante que el dibujado por Almada, aunque es verdad que es el espacio más notable de toda la película, donde el escenógrafo mezcló sombras casi expresionistas entre arcos, con la sordidez de una taberna española.
No ceba duda que las escenografías teatrales y cinematográficas son diferentes y que lo más importante es que sirvan correctamente tanto a la obra como a la película, para conseguir el mejor efecto dramático en ambas.

9 de mayo de 2021

¡¡ Al cine !!

Cubierta del la edición texto
de la comedia.
El título de esta entrada es una interjección que todos deberíamos tener presente en estos tiempos. Hay que volver a las salas, a los cines que han sido obligados a permanecer cerrados y que para poder sobrevivir necesitan el regreso de los espectadores. Aunque es cierto que ahora es un buen momento para que los exhibidores cinematográficos se replanteen muchas cuestiones sobre el estado de sus locales antes de la pandemia... pero este no es el tema de esta entrada.
Navegando por Internet encontré un libro que contiene el texto de una obra de teatro titulada ¡¡Al cine!!, con el subtítulo Caricatura madrileña, escrita por Ramón López-Montenegro, que también compuso su música y que fue estrenada por la compañía de Loreto Prado y Enrique Chicote, entonces era muy popular, la noche del 22 de marzo de 1907, en el Gran Teatro de Madrid.
Intentando buscar más datos sobre esta comedia musical también encontré el estupendo artículo «Su majestad el cine. El teatro por horas y su recreación del cine de los orígenes», escrito por Daniel Sánchez Salas, que analiza muy bien una serie de obras como ésta de la que escribe «en realidad, se acerca al sainete mediante la recreación tan cómica como minuciosa de los usos y costumbres que rodeaban a una sesión cinematográfica», y además que ¡¡Al cine!! «establece una pormenorizada recreación de principio a fin de una sesión cinematográfica en torno a 1907. El barracón donde la misma tiene lugar acompaña la proyección en la pantalla con un piano y un explicador, que forma parte del personal de sala donde ya están presentes también el acomodador y el taquillero. La obra, un sainete madrileño que también coquetea con la parodia, desarrolla su comicidad a través de dos cauces principales: el comportamiento del público y, en estrecha conexión con esto, el discurso del explicador», en cuanto a los espectadores que asisten a la representación, Sánchez Salas escribe: «incluye desde un paleto a un viejo verde pasando por niños, guardias, dos señoras y un "socio" surgidos del Madrid más castizo. En definitiva, una colección de tipos en consonancia con el supuesto dominio de las clases populares en el cine durante el periodo de los orígenes».
Todo esto es interesante para saber cómo algunos autores de teatro creían que era le cine en su época, pero además, teniendo en cuenta las relaciones entre la escenografía y la arquitectura, en la edición que encontré con el texto de la obra comienza con un texto sobre cómo ha de ser la decoración, incluyendo el siguiente esquema de la distribución espacial de los decorados.
Las dos curvas que están en la parte inferior del dibujo representan el límite del escenario teatral y lo que está en medio es la concha donde se ocultaba el apuntador, que les iba recordando su texto a los actores olvidadizos. 
La obra tiene un acto y dos cuadros, el primero se desarrolla en la parte derecha que simula ser la entrada al barracón donde se van a proyectar las películas, con una mesa y una silla (H) donde está el taquillero, viéndose su pared lateral (M) que «figura ser de tablas con techumbre de lona y ostenta [sic] en algunos sitios diferentes anuncios relacionados con el espectáculo que se explota en su interior», cuando en el segundo cuadro, comienza a desarrollarse la función dentro del barracón, esa pared, que es un telón, se eleva y deja ver el interior de la sala. A la izquierda hay escenario (A y B) separado por una cortina (X) que está girado con respecto al eje longitudinal de la edificación, seguramente para que los espectadores teatrales de ¡¡Al cine!! vieran bien las actuaciones, ya que esta disposición dificultaría la visión dentro de la barraca. En ella hay dos clases, General, en la parte delantera que debía ser más barata y el público se sienta en bancos (D) y Preferencia situada detrás (E) y más cara donde los espectadores están en sillas y separados del resto de la sala por una barandilla (F), lo curioso es que hubiera dos bancos de General en la pared lateral al lado de la puerta de salida (S) que también pueden haberse colocado ahí por la misma razón que se gira el escenario, para mostrar mejor a los numerosos personajes que intervienen en la obra.
El espectáculo que se desarrolla dentro de la barraca comienza, según el texto, con «una linterna de proyecciones fijas [que] enfoca una imagen en el lienzo del escenario», estas imágenes son comentadas por un «intérprete» que debía ser el explicador que había en algunas salas durante el periodo del cine mudo, las imágenes son del Vesubio, «un paisaje con una casita a la derecha en primer término», una mancha sin imagen que un espectador describe como «ropa blanca tendida al sol en el Polo Norte» y «un paisaje castellano con varias casas»; después aparece una cantante, Miss Palanguini, y se vuelve a proyectar una imagen, esta vez de unos emigrantes, el siguiente número es el del Doctor Frescales y sus autómatas, y por último, el de la folclórica Bella Salada, tras el que se produce un alboroto y han de intervenir unos guardias. Como puede comprobarse, hasta ese momento no se han mostrado proyecciones de películas, por lo que el cine del título seguramente es un reclamo por la popularidad que había adquirido el espectáculo cinematográfico, así como una excusa para introducir una serie de números musicales.
De todos modos ¡¡Al cine!! también sirve como referencia para saber cómo podía haber sido el espacio de las barracas y al mismo tiempo, una parodia cómica del desarrollo de una función en una de ellas.

6 de mayo de 2021

Sin casa, no sin hogar. Living in Nomadland

Portada del nº 234 de Arquitectura Viva.
Hace unos meses publiqué una entrada en este blog sobre un artículo dedicado a los cineastas Beka & Lemoine que se había publicado en el número 232 de la revista Arquitectura Viva, correspondiente al mes de marzo de este año. 
Ahora escribo esta entrada, porque en el último número de esta revista, el 234, se ha publicado otro artículo mío titulado como esta entrada, «Sin casa. no sin hogar. Living in Nomadland», por cierto que el subtítulo inglés no es esnobismo sino que se justifica porque el texto está traducido a ese idioma.
Este artículo fue escrito antes de que los cineastas de Nomadland recibieran varios premios en la última ceremonia de los Oscar, pero cuando ya había ganado el León de Oro de Venecia y triunfado en otros premios como los BAFTA y los Globos de Oro; es curioso que en los últimos años las películas galardonadas en los Oscar lo hayan sido antes en festivales europeos, como sucedió con Parásitos, lo que no solía ocurrir en ediciones anteriores.
En otras ocasiones suelo copiar los primeros párrafos de mis artículos, indicando que si quieren seguir leyéndolos, han de comprar los libros o revistas donde se publicaron, en este caso los editores de Arquitectura Viva, creo que siguiendo un buen criterio, han decidido publicarlo entero en su pagina web y se puede leer aquí.

27 de marzo de 2021

Arquitectura de cines en Valladolid

Ayer recibí el libro Arquitectura de cines en Valladolid: En busca de una identidad arquitectónica y urbana, escrito por Daniel Villa
lobos Alonso, que también se ocupa de la documentación gráfica, mientras Sara Pérez Barreiro se ha encargado de la documentación de archivos, un volumen editado por el Grupo de Investigación Reconocido de Arquitectura y Cine (GIRAC), sobre el que ya he escrito en otras ocasiones y que está realizando una gran labor en el estudio de las relaciones entre ambas disciplinas.
En todo el mundo, se han publicado bastantes libros sobre los edificios dedicados a las proyecciones cinematográficas, sobre todo, en países anglosajones, pero en España son mucho menos habituales. Éste sobre los cines vallisoletanos, se nota que es el resultado de una investigación exhaustiva, realizada con profesionalidad y, sobre todo, con cariño, y además tiene dos características que lo hacen destacar sobre otros libros similares dedicados a otras ciudades.
La primera es su minuciosidad, porque no solo recoge las edificaciones que se convirtieron en cines o se construyeron para ello, sino que también se mencionan espacios usados para realizar proyecciones en centros docentes o de otro tipo, como por ejemplo el extraordinario Cine-Teatro del Colegio de los Dominicos, creado por Miguel Fisac, incluyendo además proyectos de salas que no llegaron a construirse o se modificaron, como la del Colegio Cristo Rey de Luis Feduchi.
La segunda característica muy destacable es su extraordinaria documentación gráfica, no solo por las fotografías recientes del autor del texto y Montserrat García, sino además por los abundantes planos, la mayoría de las veces redibujados y/o retocados también por Villalobos.
En resumen, Arquitectura de cines en Valladolid es un libro que ya es un referente en este tipo de ensayos, sobre los cada vez más escasos cines que tanto contribuyeron a la formación y el entretenimiento de muchas generaciones de seres humanos.

3 de marzo de 2021

Beka & Lemoine

En el último número de Arquitectura Viva, el 232, correspondiente al mes de marzo, se publica mi artículo «Bêka & Lemoine: La  mirada insólita», que me encargaron sobre la trayectoria de estos cineastas, a raíz de su última película, Tokyo Ride, rodada en gran parte en el interior del Alfa Romeo Giulia GT del arquitecto Ryue Nishizawa, mientras recorre las calles de la capital del Japón.
Ya había elegido su primer largometraje, Koolhaas Houselife, que aún sigue siendo una de sus mejores películas, para estar entre las cincuenta películas que merecían formar parte de Construcciones filmadas: 50 películas esenciales sobre arquitectura, por su punto de vista entonces innovador y su forma de mostrar una edificación, y es complicado mantenerse neutral y siendo justo cuando se escribe sobre la obra de cineastas que han intentado mostrar la arquitectura desde otra forma distinta, que no sea la usual de "bustos parlantes" elogiando a un arquitecto y/o un edificio. Supongo que para Beka & Lemoine también ha de ser complicado mantenerse ecuánimes cuando están realizando un documental encargado y financiado por una empresa o un arquitecto, por eso se nota que están más libres y son más creativos, cuando son ellos mismos los promotores de sus proyectos.
Como en otras ocasiones voy a copiar solo el primer párrafo de mi artículo y si quieren seguir leyéndolo, lo siento, pero tendrán que comprar la revista:

Un viejo Alfa Romeo Giulia recorre las calles de Tokio bajo la lluvia, lo conduce Ryue Nishizawa, en el asiento trasero va incómoda y apretada Louise Lemoine, y en el delantero el espectador, que verá y oirá lo que sucedió desde la mañana a la noche del 25 de abril de 2019, a través de la cámara que maneja Ila Bêka en Tokyo Ride. No parece un planteamiento muy prometedor, pero tampoco lo parecía entrevistar a una extremeña que se ocupaba de limpiar una casa en Koolhaas Houselife y sin embargo, quienes las hayan visto saben que tanto una película, como la otra, son capaces de mostrar aspectos insólitos de edificios y ciudades, gracias a la mirada singular de estos dos cineastas.

Esperemos Beka & Lemoine sigan con su trabajo y pronto estrenen una nueva película.

6 de febrero de 2021

Mejores películas del 2020

Mejor película de 2020 según los
críticos de Miradas de Cine

La veterana página web Miradas de Cine me solicitó una relación con las que yo pensaba que han sido las diez las mejores películas del terrible año pasado; ya he escrito en otras ocasiones que me cuesta mucho elegir estas listas, porque muchas veces es complicado escoger entre dos cintas que te han gustado, de todos modos es un honor para mí colaborar con cualquier publicación e intentar poder aportar algo nuevo.
Mi lista la hice por orden alfabético y es la siguiente:

    Beginning (Dea Kulumbegashvili)
    Blanco en blanco (Théo Court)
    El año del descubrimiento (Luis López Carrasco)
    Estoy pensando en dejarlo (I’m Thinking of Ending Things, Charlie Kaufman)
    First Cow (Kelly Reichardt)
    Steve Bannon el ideólogo de Trump (American Dharma, Errol Morris)
    Under the Skin (Jonathan Glazer)
    Vitalina Varela (Pedro Costa)
    Ya no estoy aquí (Fernando Frías)
    Zombi Child (Bertrand Bonello)

El documental de Morris es de 2018 y la película dirigida por Glazer de 2013, pero se han visto en España el año pasado; otra característica del 2020 es que desgraciadamente ninguna de las películas la he podido ver proyectada en una pantalla cinematográfica, sino a través de un televisor, sobre todo, porque estas películas no se suelen proyectar en la ciudad donde vivo y además por el cierre de los cines, que parece continuará aquí por mucho tiempo o para siempre. Esta es una desagradable novedad en mi vida, porque desde que tengo conciencia recuerdo ir muchas veces al cine cada año.

18 de enero de 2021

Sin prejuicios

La fundación arquia, que cumplió treinta años en 2020, ha iniciado una nueva colección de libros titulada Sin prejuicios, con el libro del mismo título escrito por el arquitecto Arturo Franco. Esta colección, según explica la Fundación: «se centra en la publicación de manuscritos que, por su formato y contenido, breve y conciso, tienen el objetivo de difundir y aproximar la arquitectura y el derecho, así como otras disciplinas afines, al ciudadano no especializado, para contribuir y afianzar un espíritu crítico y una curiosidad sin prejuicios, tal como afirmaba Walt Whitman: "Be curious, not judgmental" ("Sé curioso, no prejuicioso")».
En la contracubierta de este volumen, su autor escribe que es «un ensayo donde la experiencia se muestra directa y sincera, a contracorriente y a partir de recuerdos. Se reflexiona sobre arquitectura, arte, cine y jardines desde la práctica y el sentido común, sin complejos. Una memoria de bolsillo para consultar en momentos de extrema necesidad» y concluye: «Confesiones de un vago constante que avanza retrocediendo, como los remeros. Progresa hacia el futuro, como apuntaba Jorge Oteiza, sin perder de vista lo que queda atrás, lo permanente, lo que la marea dejó. Un texto asilvestrado que navega y transita, de forma lenta e insegura, hacia un ser "sin prejuicios"»..
El libro tiene como subtítulo: Escritos sobre arquitectura, arte, cine, jardines y otros recuerdos y precisamente por esa relación con el cine es interesante para los lectores de este blog, para comprobarlo basta leer una de sus últimas páginas donde hay una filmografía con las películas mencionadas en el texto, que incluye a los siguientes directores: Luis Buñuel, José Luis Cuerda, Marco Ferreri, Victor Fleming, Bong Joon-Ho, Akira Kurosawa, George Miller, Giuseppe Tornatore, David Zonana y el propio Arturo Franco que ha rodado dos cortometrajes, como se ve una lista muy variada en la que he de confesar que no conocía al penúltimo, pero su película Mano de obra, que Franco compara con Parásitos, parece muy interesante.
El texto de Sin prejuicios es muy sugerente y, sobre todo, tiene la virtud de dar pie a discusiones y disquisiciones, no solo sobre cine y arquitectura, sino también sobre otras disciplinas; entre sus afirmaciones más curiosas está cómo, según Franco, deben verse las películas de distintos directores: «Steven Spielberg te pide un buen sofá cama con una manta de leñador cerca y una cerveza; una de Aki Kaurismäki, un sillón capitoné de color verde apagado y una botella de Koskenkorva; una de Jean-Luc Godard, una silla de madera elemental y un vaso de agua, y una de Jonas Mekas, solo que permanezcas de pie. No tardarás en marcharte mareado».
Antes de acabar se debe mencionar que el libro acaba con un texto estupendo del profesor Antonio Miranda, sobre la intervención en el Matadero de Madrid, obra de Arturo Franco. También hay que recordar que en la televisión pública española, rtve, se ha iniciado la emisión de una serie titulada Jardines con historia, presentada por Arturo Franco, que puede verse en línea aquí.

8 de enero de 2021

Votaciones a los Premios Goya

Hace unas horas que se ha cerrado le plazo para que los miembros de la Academia de Cine realicemos la votación de la primera ronda de los Premios Goya de este año. 
No creo que le interese a muchas personas, pero voy a publicar aquí lo que he votado:

Largometraje: Blanco en blancoTheo Court
Largometraje documental: El año del descubrimiento, Luis López Carrasco
Largometraje iberoamericano: Ya no estoy aquí, Fernando Frías (México)
Largometraje europeo: Vitalina Varela, Pedro Costa (Portugal)
Cortometraje de ficción: Pies y corazones, Adán Aliaga
Cortometraje documental: Furtivo, Pedro García Campos y Pol González Novell
Cortometraje de animación: Homeless Home, Alberto Vázquez

Casi siempre las películas a las que voto no son después nominadas, pero la verdad es que es algo que no me importa, creo que mis opciones son las más interesantes del año, aunque haya otras películas también muy estimables. Por lo menos me gusta que los cineastas que han intervenido en las antes mencionadas sepan que a un espectador (en la mayoría de ellas muchos) le han parecido estupendas.

ACTUALIZACIÓN del 18 de enero de 2021

Hoy se han conocido cuáles han sido las películas nominadas y solo he coincidido en largometraje documental, El año del descubrimiento; largometraje iberoamericano, Ya no estoy aquí, y cortometraje de animación, Homeless Home. Lo que no ha influido para que siga creyendo que las que elegí son mejores que las nominadas.

4 de enero de 2021

Las Olimpiadas de 2020, desde 1979

Cubierta del libro
2020 acabó hace pocos días y antes de que finalizase, debí haber publicado esta entrada, pero como un síntoma más de lo que ha sucedido durante ese año, la conexión a Internet de mi ordenador ha fallado hasta hoy. 
No voy a escribir sobre el 2020, aunque ya intenté algo en otra entrada de este blog, porque este extraño periodo de tiempo ya ha generado tantas reflexiones y tantas tonterías que es preferible leer lo que han escrito otros sobre temas como la descentralización de las ciudades, la desaparición de los cines, la reinvención del espacio doméstico... y la cantidad de personas, obras literarias y películas que ya habían predicho este cataclismo vírico.
Una de las predicciones, en este caso desacertada, sobre el 2020. apareció en 1979, en The Usborne Book of the Future: A Trip in Time to the Year 2000 and Beyond, un libro para jóvenes escrito por Kenneth William Gatland y David Jefferis, según ellos, las Olimpiadas del año pasado se celebrarían en la Luna, porque ya habría allí una colonia lo suficientemente poblada y sus habitantes querrían ganar prestigio celebrando un evento denominado la "Primera Olimpiada Interplanetaria". La antorcha olímpica sería llevada por atletas desde Grecia hasta África, donde estaría un aeropuerto espacial, y embarcada en una nave, que en menos de treinta minutos alcanzaría la estación espacia circular que, girando sobre sí misma, orbitaría alrededor de la Tierra, muy parecida a la de 2001, una odisea del espacio; después la antorcha se embarcaría en otra nave que tardaría tres días en llegar a la Luna, y allí se introduciría en un recipiente esférico para evitar que la falta de oxígeno apagase la llama. El estadio también estaría recubierto, pero por una «gran cúpula de plexiglás» y en él se batirían todos los récords gracias a la baja gravedad del satélite, un «hombre corpulento solo pesa alrededor de 11 kilos y es posible que salte una altura de 14 metros [...] por lo que hace falta un aparato especial para reemplazar la barra», en un dibujo se muestra una grúa manejada por un operario para poder colocar la barra que ha tirado un saltador de altura. Los «Moonies», como los denominan los autores, «se sienten orgullosos de los nuevos récords, aunque saben que muchos de ellos tendrán que tener un sistema de hándicaps para hacer una comparación justa con los récords existentes en la Tierra», es curioso que los autores duden de los récords absolutos y propongan este sistema de compensaciones para saber quién sería el ser humano capaz de saltar a más altura, un sistema que se complicaría si también participaran extraterrestres, lo que llevaría a cuestionar la capacidad de ser el mejor haciendo esfuerzos físicos, la esencia de los ideales olímpicos y, por tanto, del deporte en general.
Volviendo a las predicciones, en 2011 publiqué en el primer número de la revista Teatro Marittimoun artículo titulado El presente como utopía: Vista de la ciudad actual desde el pasadoen el que escribía sobre las películas cuyo argumento sucedía en años que ya habíamos vivido. 
Algo parecido sucede con estas Olimpiadas del 2020 que, como se sabe, se iban a celebrar en Tokio y se han tenido que suspender hasta el año que viene o más allá, por culpa de un virus. Una vez más, como le sucedió a los marcianos inventados por H. G. Wells, lo pequeño es capaz de paralizar y destruir a todos los seres humanos de un modo impredecible y fatal.




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