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19 junio 2024

ARQUITECTURA + CINE + CIUDAD. Reseña en Caimán cuadernos de cine

Página de Caimán CDC.
En el último número de la revista Caimán Cuadernos de Cine, el 189, correspondiente al mes de junio, se publica una sección especial sobre libros de cine, según indican: «en sintonía con la feria anual del libro de Madrid, aprovechamos el pretexto para llamar la atención sobre algunos de los libros de cine más interesantes publicados recientemente en España. Desde Caimán CDC os animamos a escudriñar estas páginas y a salir corriendo después hacia las librerías. Merece la pena».
Entre estos libros se ha elegido Arquitectura + cine + ciudad, Construcciones y miradas, que publicó Ediciones Asimétricas hace unos meses y del que ya he escrito en este blog. La reseña está escrita por Jara Yáñez, actual directora de la revista y es el siguiente:

Como explica el propio Jorge Gorostiza en el Prefacio, Arquitectura + cine + ciudad, Construcciones y miradas parte de un proyecto de blog que arrancó en 2008 y recoge las inquietudes ya despiertas en su anterior volumen, La profundidad de la pantalla: arquitectura + cine (2007). El libro que ahora publica selecciona cincuenta y ocho entradas de las quinientas once que durante estos catorce años ha ido publicando su autor en ese blog que servía también como foro de debate abierto. Por eso el resultado es un volumen libre y heterodoxo (como lo es la propia publicación de textos en Internet), también en cuanto a los asuntos que se van tratando “según fueron surgiendo temas interesantes muchas veces por casualidad”, como explica Gorostiza, y que reproduce de algún modo esa hipervinculación entre unos textos y otros que se produce en la web y se traslada al libro a través de, por ejemplo, un “Listado de tags”.
Resulta por lo tanto una experiencia de lectura ágil y sustanciosa al mismo tiempo que, en su dispersión intrínseca lanza múltiples reflexiones posibles sobre un asunto, este de las relaciones bidireccionales entre el arte de la arquitectura y el del cine, que Gorostiza aprovecha para reivindicar como propicio para colocarnos en una posición teórica intermedia (entre ambas disciplinas) que despierte, en cualquier caso una mirada curiosa, capaz de ir siempre más allá para detectar, incluso en lo aparentemente banal, los síntomas que nos permitan arrojar luz, en definitiva, sobre el tiempo que nos ha tocado vivir.

Hasta aquí el texto. Es curioso que al lado de esta reseña aparezca la del penúltimo libro de la colección Nosferatu, coordinado esta vez por Antonio José Navarro, en el que hay un artículo que escribí sobre el Polar y la ciudad, que ya mencioné en este blog.

12 diciembre 2023

Ciudad pánico

Cubierta del libro

Varias razones me han impedido publicar en su momento una reseña sobre Ciudad Pánico: Morfologías urbanas del horror, que se publicó coincidiendo con le celebración del último Festival de Sitges, estupendamente editado por Hermenaute.
Este libro coordinado, como otros del Festival, por Ángel Sala y Jordi Sánchez Navarro, comienza con un prólogo de los coordinadores y está dividido en los siguientes apartados:
Sánchez-Navarro habla en el primer capítulo sobre la representación de algunas ciudades italianas legendarias en el cine de terror y su relación con el concepto de lo sublime terrorífico. Yo elegí analizar, a través de los nombres y la morfología urbana, como funcionan las urbes imaginadas y los pueblos inventados en las ficciones cinematográficas. Los guetos y suburbios residenciales son el material que ha tratado Victoria Santamaría Ibor en su texto. Símbolo del colapso del siglo XX, Detroit es uno de los feroces escenarios predilectos del terror contemporáneo, analiza por Lluís Rueda. Ángel Sala propone un recorrido los muchos horrores de la ciudad total, por las grandes megalópolis urbanas de la actualidad. Antonio José Navarro con su solvencia habitual, establece una muy especial cartografía española del miedo urbano. Carlos Tabernero estudia la representación de las ciudades abandonadas. El volumen se cierra con una selección de películas comentadas por Xavi Sánchez Pons y Ángel Sala.
Como en otras entradas de este blog, reproduzco a continuación los primeros párrafos de mi artículo:

La ciudad es una de las creaciones humanas más compleja, controvertida y fascinante, por eso puede analizarse tomando como punto de partida varias disciplinas diferentes y abordando temas muy diversos. Uno de ellos es su perversidad, el daño que causa y el horror que provoca, ya que la urbe, como ha escrito Marta Llorente, es «un ámbito para la extensión del temor y la vivencia del miedo», porque «está fuertemente vinculado al espacio; adquiere significación plena en los distintos teatros de la imaginación y de la memoria. Se muestra crudamente en los escenarios de la realidad. El miedo se afinca en territorios privados y en escenarios públicos. El marco de la ciudad supone, para cada uno de sus habitantes, una escena en la que se establece la figura de sus temores, el espectro del miedo».
Entre todas las clases de ciudades, las denominadas ficticias, que también pueden llamarse imaginadas y legendarias, son aquellas que solo se pueden conocer y analizar a través de una ficción, es decir, nunca existieron, ni posiblemente llegarán a existir y al mismo tiempo pueden ser todas ellas, con la ventaja que tanto sus morfologías como los problemas de sus habitantes se pueden extrapolar a muchas otras. 

Si quieren seguir leyéndolo les recomiendo que compren el libro, sobre todo, en una librería, como por ejemplo en la madrileña Ocho y medio.

29 junio 2023

El polar francés

Cubierta del libro.
Como decía en la anterior entrada de este blog, he estado muy ocupado escribiendo un artículo complicado para un libro del próximo Festival de Sitges. 
Por eso, aún no había podido escribir aquí sobre el último número, el diecinueve, de la Colección Nosferatu, editado por Donostia Kultura, titulado «El polar francés: 1931 - 1982» y coordinado por Antonio José Navarro.
Comencé a trabajar para este número a principios del año pasado y he de reconocer que disfruté mucho leyendo, investigando y viendo --y/o volviendo a ver-- en total ciento una películas, entre las que descubrí y recordé joyas de varios directores, entre ellos, Giles Grangier y Jean-Pierre Mocky.
Una vez publicado hay que decir que para mí es el trabajo más completo que se ha hecho sobre el polar, basta con comprobar la cantidad de temas que abarca, sus antecedentes literarios (Palacios), sus etapas (Navarro, Corrales, Rodríguez Serrano, Casas y Cueto), sus relaciones con la Nouvelle Vague (Quintana), con el cine fantástico (McCausland y Salgado) y con la literatura de su tiempo (Alarcón), así como el estudio de varias personalidades: Eddie Constantine (Aguilar), Mocky (Curti), Manchette (Guillot), Duvivier (Aldarondo), Melville (Fernández Valenti), Giovanni (Pérez Ochando), Clouzot (Pedrero Santos) y Corneau (Fernández Vegas). Como en los anteriores números de esta colección, al final hay dos índices, uno de películas y otro onomástico, algo extraño hoy en día, pero que es fundamental. También hay un artículo mío sobre la ciudad, titulado «Paisajes urbanos del polar», que comienza así:

En la pantalla se ve el skyline de una ciudad mientras amanece, comienza una panorámica hacia la izquierda, sobre tejados y chimeneas surge el perfil de la basílica del Sacré-Coeur, mientras tanto, van apareciendo los títulos de crédito de la película hasta que el movimiento se detiene, encuadrando una plaza con letreros luminosos de locales nocturnos entre ellos el Moulin Rouge, entonces hay un fundido encadenado mezclando esa imagen con un primer plano del rostro de Max (Jean Gabin), el protagonista de Touchez pas au grisbi (Jacques Becker, 1954), una superposición deliberada y significativa, porque liga en una sola imagen un lugar reconocible de París con el delincuente, identificándolo con su entorno natural, con la ciudad. 
Las peripecias de los personajes del polar francés se desarrollan rodeados por paisajes urbanos, que adquieren tanta importancia como otros elementos de la acción, entornos edificados que pueden pertenecer tanto a ciudades situadas en las dieciocho regiones administrativas francesas, como a París.

Como siempre, si quieren terminar de leerlo y, sobre todo, tener uno de los libros más completos sobre el polar, tendrán que adquirirlo aquí, o también en una librería como por ejemplo la estupenda Ocho y Medio.

16 noviembre 2017

Visiones del espacio urbano: "Metrópolis" vs. "Ghost in the Shell"

Cubierta diseñada por Fernando Mircala
Donostia Kultura y la Filmoteca Vasca acaban de editar el número 14 de la Colección Nosferatu, titulado Distopía y cine: Futuro(s) imperfecto(s), que ha coordinado por Antonio José Navarro y cuyo contenido es fácil de adivinar por su título. Está dividido en tres apartados: "Orígenes filosóficos y literarios", "Sociedades distópicas, pasajes distópicos" y "Autoría y distopía", y los autores de los artículos son por orden de aparición: Óscar Brox, Antonio José Navarro, Tomás Fernández Valenti, Diego Salgado, Tonio L. Alarcón, Fernando de Felipe, Jesús Palacios, Luis Pérez Ochando, Elisa McCausland, Pablo Herranz, Roberto Curti, Iria Barro Vale, Ramón Freixas, Joan Bassa, Álvaro Peña, Quim Casas y Roberto Morato.
El coordinador me encargó un artículo sobre la ciudad distópica, que se publica en el tercer apartado y que lleva el título de esta entrada, debo aclarar que el Ghost in the Shell al que me refiero es la versión con personajes reales estrenada este año. 
Como este número de Nosferatu aún se puede adquirir en las librerías, reproduzco a continuación solo los dos primeros párrafos de mi artículo:

En el plano inicial de Metrópolis (Metropolis; Fritz Lang, 1927) se ve una aglomeración de rascacielos con ventanas distribuidas uniformemente, mientras la luz va cambiando, iluminando sus fachadas y formando figuras geométricas con ángulos agudos, en un fundido encadenado se pasa de esa visión urbana a unas máquinas en movimiento y después a un reloj cuyos punteros van llegando a su parte superior donde hay un cero, cuando llegan, aparece el primer intertítulo de la película, una sola palabra: “Turno”; entonces se cruzan dos grupos de trabajadores cabizbajos en formación y aparece el segundo texto: “En las profundidades de la tierra estaba la Ciudad de los Obreros”, mostrándose unos edificios iguales entre sí, con fachadas lisas y sin ornamento. En el tercer intertítulo se puede leer: “Tan profunda estaba la ciudad de los obreros por debajo de la tierra, tan por encima de ella se alzaba el bloque de casas, llamado Club de los Hijos, con sus aulas y bibliotecas, sus teatros y estadios”; aunque lo único que se muestra es esta última edificación. El siguiente título es: “Los padres, para los que cualquier movimiento del engranaje de las máquinas se transformaba en oro, habían regalado a sus hijos el milagro de los Jardines Eternos”, viéndose unas plantas y unas fuentes  donde juguetean los chicos con unas muchachas. Desde el principio se contraponen dos mundos antagónicos pero interconectados, en el subsuelo malviven los trabajadores, mientras los privilegiados disfrutan del deporte y la diversión al aire libre.
La segunda secuencia de Ghost in the Shell: El alma de la máquina (Ghost in the Shell; Rupert Sanders, 2017) comienza con un vertiginoso movimiento de cámara volando sobre las calles de una gran ciudad, entre edificios altos, como si recorriera un enorme desfiladero artificial, hasta que llega a la cima de un rascacielos donde está la protagonista observando a la población desde arriba, situada en un lugar elegido para poder escanear lo que sucede en el interior de un hotel. La urbe es abigarrada, llena de gente y vehículos, pero a pesar del aspecto exterior duro y cerrado de sus edificios, sus interiores se pueden escudriñar desde fuera gracias a la tecnología de vigilancia.

Como escribía antes, Nosferatu se puede comprar en muchas librerías reales como 8 1/2 y también virtuales y lo recomiendo, no solo a los aficionados a la ciencia ficción.

09 noviembre 2017

2000 maníacos

Portada del número 50
No voy a descubrir algo nuevo cuando escribo que 2000 maníacos es una revista que se ha convertido en imprescindible para quienes nos gustan las películas de ciencia ficción y terror, comenzó siendo un inteligente fanzine y siempre ha sido capaz de descubrir cineastas extraños, al mismo tiempo que ha reivindicado otros que quizás no fueron demasiado apreciados en su momento. Una publicación que sigo desde hace muchos años, incluso antes de que conociera a su creador, el gran Manuel Valencia, en Sitges, donde coincidimos con Sandra Uve como miembros del jurado de una de las secciones del festival.
Acaba de publicarse el número cincuenta y me pidieron que escribiera cinco líneas sobre alguna vivencia ocurrida en el Festival de Sitges, la verdad es que era muy difícil elegir sobre qué escribir por la cantidad de acontecimientos que le suceden a cualquiera en ese festival, pero finalmente esto es lo que se puede leer en la revista:

Mi cumpleaños del 2003, una tarde completa en la barra del bar del hotel Meliá con Josep Rosell, que me había invitado a dar una conferencia en la Escuela de Arquitectura. Una tarde bebiendo y riéndonos con amigos, con Jesús, Manuel, Sandra, Roberto, Desiré, Ángel, Antonio José, Jordi, Mirito, José Enrique... y Pedro, y Sara que ya no están, y otros que no recuerdo. Al final cena con Ana y Josep en un restaurante enfrente de la playa, mucho pescado y muchas más risas.

Pensaba poner enlaces a cada uno de los nombres para que se supiera quiénes eran, pero he decidido que mejor es dejarlo así y que cada uno le ponga a cada nombre el apellido que prefiera. Recuerdo que fue una tarde inesperada, en la que además a lo lejos, desde la barra, podía ver a Peter Greenaway y Jordi Mollá presentando Las maletas de Tulse Luper y creo que por allí también estaban Bayona y otros cineastas, pero mis amigos eran y son los que menciono.
Eso sí, recomiendo 2000 maníacos y el divertidísimo documental que han hecho sobre sus veinticinco años de existencia.

17 agosto 2017

La ciudad de los simios

 
Dibujo de los títulos de crédito de 
Regreso al planeta de los simios (1975) TV
En estos últimos años, los simios se han vuelto a poner de moda gracias a las correctas "precuelas" que se han ido estrenando. Recuerdo perfectamente cuando de niño vi con mis padres en el cine Rex El planeta de los simios (Planet of the Apes, Franklin J. Schaffner, 1968) y cómo me impresionó la imagen final con la Estatua de la Libertad, también recuerdo que estando en el Cine Víctor viendo Regreso al planeta de los simios (Beneath the Planet of the Apes, Ted Post, 1970) se cortó la electricidad y estuvimos esperando durante mucho tiempo hasta que volvió, demostrando que en esos "palacios cinematográficos", añorados por algunos espectadores, también había problemas.
En 2008 escribí un artículo titulado «Un intruso en el caos: Espacios alienígenas», que se publicó en el libro El cine de Ciencia Ficción; Explorando mundos, coordinado por Antonio José Navarro y editado por el Festival de Sitges y Valdemar, en el que mencionaba la ciudad de los simios de las dos primeras películas, relacionada con el tipo Natural, «construidas con unas edificaciones con formas orgánicas, toscas y casi expresionistas, todas ellas con el mismo color terroso que las relaciona con el terreno donde se implantan», mientras que en El planeta de los simios (Planet of the Apes, Tim Burton, 2001), «la ciudad tiene la forma de una montaña llena de árboles, cerrada por una muralla y en medio de una llanura, que se asemeja al Monte Saint-Michel, su interior es una aglomeración de elementos sin orden racional y con aspecto orgánico, donde la vegetación se confunde con lo rocoso, en definitiva, a pesar de esta imbricación con la naturaleza, cuando se ve de noche se descubre que recuerda a otras ciudades de películas dirigidas por Burton como Pesadilla antes de Navidad (The Nightmare Before Christmas, 1993)».
Montaje de panorámica de izquierda a derecha de Regreso al planeta de los simios (1975) TV
Hace unos días un buen amigo me ha prestado las dos series de televisión que se emitieron en los años setenta, una titulada Planeta de los simios.(1974) con personajes reales y la otra, Regreso al planeta de los simios (1975), de animación. En esta última sorprende la ciudad de los simios, porque es mucho más importante que en las otras películas, como se puede ver en las imágenes adjuntas, está compuesta por anchas avenidas bordeando zonas verdes con monumentos imponentes y grandes edificios públicos aislados, rodeados de vegetación y adornados con estatuas simiescas, su aspecto es el de una población perteneciente a un estado totalitario; lo cierto es que los dibujantes no respetaron la anterior urbe pequeña y poco planificada, ideando una nueva y mucho más urbanizada, otorgándole a estos primates una mayor capacidad de creación y más instrumentos técnicos, lo que no impide que repitan los errores urbanísticos de sus predecesores humanos.
Montaje de panorámica de derecha a izquierda de Regreso al planeta de los simios (1975) TV

28 diciembre 2011

Fellini

Colección Nosferatu, nº 7
Hoy es 28 de diciembre, según el santoral católico, el Día de los Santos Inocentes y en España el día en que se gastan bromas, llamadas inocentadas, pero también es el aniversario de la primera proyección de los hermanos Lumière que, como se sabe, no fue la primera proyección pública de la imagen en movimiento, pero sí la primera vez que se cobró por una proyección, como decía Jean-Luc Godard, no fue el invento del Cine, sino de la Taquilla, del negocio cinematográfico.
Sin embargo, no voy a escribir sobre esta efeméride. Hace ya bastantes meses Jesús Angulo me planteó escribir sobre la Ciudad y la Arquitectura en las películas de Federico Fellini. Ahora puedo confesar que vi algunas películas suyas cuando era bastante joven, al estrenarse en España -muchas con retraso por culpa de la censura franquista-, y en su momento no me entusiasmaron, la percepción y el conocimiento va variando y lo que en un momento de la vida gusta muchísimo, después puede aburrir mortalmente, y al revés, aquello que no gustaba puede entusiasmar muchos años después. Cuando me llamaron me interesaba mucho investigar sobre el espacio en el cine de Fellini y también quería volver a ver sus películas muchos años después, lo cierto es que fue una auténtica gozada, la mayoría me encantaron y descubrí unos espacios esenciales no sólo en el Cine, sino también en la Arquitectura.
El resultado de mi trabajo se acaba de publicar en el número 7 de la Colección Nosferatu -antes la revista Nosferatu y ahora auténticos libros dedicados cada uno a un director o un tema- coordinado por Jesús Angulo y Josean Fernández, reúne artículos de Pilar Pedraza, José Enrique Monterde, Ángel Quintana, Carlos Losilla, José María Latorre, Antonio José Navarro, Ricardo Aldarondo, Daniel Gascó, Fernando Lara, Roberto Cueto, Ramón Moreno Cantero, David Pinillos y el mío, con el largo título: «Perturbación, ofensa y fascinación. Realidad y ficción en los espacios de Fellini», en el que se incluyen los planos de planta que yo dibujé de las casas de Cabiria, Giulietta y Katzone -por cierto, esta última es increíble- de Las noches de Cabiria, Giulieta de los espíritus y La ciudad de las mujeres, respectivamente.
Como ya he hecho en otras ocasiones, copio aquí los primeros párrafos de mi artículo y si le interesa a alguien recomiendo que compre el libro, por ejemplo en la Librería 8 1/2 de Madrid, porque hay artículos completamente memorables:

09 noviembre 2009

Métal Hurlant y el cine fantástico


Este año la Semana de Cine de Terror de San Sebastián ha organizado un ciclo de películas sobre la relación entre la revista francesa Métal Hurlant, publicada entre 1975 y 1984, y el cine, con motivo de este ciclo, se ha editado un libro coordinado por Jesús Palacios, titulado Métal Hurlant y el cine fantástico, con una estupenda fotografía en su cubierta de Pedro Usabiaga.
La primera parte del volumen repasa la historia de la publicación y analiza su papel en el mundo del cine, mientras que la segunda aborda las figuras de los autores más destacados de Métal Hurlant, como Jean Giraud Moebius, Enki Bilal, Marc Caro, Alejandro Jodorowsky, H. R. Giger, Richard Corben y Juan Giménez, con artículos de, entre otros, Carlos Arenas, Ángel de la Calle, Borja Crespo, Antonio José Navarro, Adolfo Reneo y el propio Jesús Palacios, quien me invitó a escribir un texto que titulé «Una terrible fuerza visionaria. El diseño de producción fantástico tras Métal Hurlant» y su inicio es el siguiente:
Métal Hurlant ha sido una de las más poderosas fuentes de imágenes de finales del siglo XX, también es obvio que esas imágenes han sido muy diferentes entre sí según quienes fueran sus autores; es muy difícil y no es el objeto de este artículo, encontrar características comunes entre los trabajos de, por ejemplo, Jean Giraud (Moebius), Jean-Claude Mézières, François Schuiten, Enki Bilal y otros dibujantes que han publicado en la revista; por lo que también es complicado encontrar relaciones formales con el cine. Lo que sí es cierto es que dentro de sus imágenes han sido cruciales los espacios, ambientes o fondos donde han desarrollado los argumentos, es decir, el cometido que en el cine realizan los, hoy en día conocidos como diseñadores de producción. Para entendernos en pocas palabras, quienes crean todo lo aquello que aparece en las pantallas rodeando a los personajes.

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