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24 abril 2014

AAB: Arquitectura Aub, Buñuel

Cubierta de Luis Buñuel, novela
Acabo de leer un libro apasionante, Luis Buñuel, novela, una edición hecha por Carmen Peire con los documentos dejados por Max Aub antes de morir y que deberían haber compuesto una novela sobre el gran Buñuel. El tomo tiene alrededor de cuatrocientas páginas, lo publicó la editorial granadina Cuadernos del Vigía en octubre de 2013 y ya en diciembre del año pasado apareció la segunda edición.
La primera parte narra la trayectoria del cineasta con varias entrevistas -que además se recogen en un DVD de audio que acompaña al volumen- y aunque no cuenta demasiadas cosas nuevas para los que conocen su vida, hay momentos completamente maravillosos gracias a la complicidad entre Aub y Buñuel, dos intelectuales cuyas trayectorias vitales se entrecruzaron en varias ocasiones. La segunda parte son aportaciones de Aub sobre la época que les tocó vivir y he de confesar que aquí he descubierto a un pensador al que no conocía, defensor a ultranza del dadaísmo y el surrealismo.
Todo esto no parece tener relación con el tema de este blog, pero no es así, porque Aub escribe sobre las relaciones entre cine y arquitectura cuando se refiere a la distinción entre "películas de arte" y "películas comerciales" y dice: "en este aspecto -como en muchos más- estamos cerca de la arquitectura. Hay millones de casas anónimas que albergan a millones de seres y casas que son de Gaudí, de Le Corbusier, de Frank Lloyd Wright. El arte es personal e intransferible", algo a veces tan peligroso como el "autor" tanto en el cine como en la arquitectura; además Aub escribe "la arquitectura es mucho más vieja que el cine y es, sin embargo, el arte que, en su estructura, más se le parece ¿Cuántos arquitectos han sido los que lograron dar al mundo -sin recurrir a lo escrito o dicho- las razones de su obra: Miguel Ángel, sin duda; Le Corbusier tal vez; el constructor de Santa Sofía, Frank Lloyd (sic)". La reflexión de Aub, además de por su acierto, llama la atención porque a finales del siglo pasado cualquier intelectual conocía a Gaudí, Le Corbusier y Wright ¿Los conocerán quienes hoy se consideran intelectuales? ¿Cuáles serían los nombres que se citarían hoy, si se citase a alguno? ¿Foster, Calatrava, Hadid, Koolhaas...? ¿Son o serán tan importantes estos últimos como los antes mencionados?
En definitiva, si tienen tiempo y valor para afrontar sus cuatrocientas páginas no se pierdan Luis Buñuel, novela.

20 noviembre 2010

Anuncios arquitectónicos

No teman, todavía no me ha dado por meter publicidad en este blog y también aviso que sólo voy a escribir sobre Arquitectura, olvidando momentáneamente al Cine.
Las imágenes que acompañan a este texto son dos anuncios que aparecen en la edición de hoy de El País. El primero (página 13) es de un operador de telefonía móvil y en él aparece un técnico, un arquitecto o un ingeniero, con su inevitable casco -si no, no sería técnico-, que dibuja con un gran compás de juguete. Se supone que este artefacto es inútil y que si ahorrase en sus llamadas, podría comprarse uno de verdad. Parece que la empresa de publicidad no sabe que ya nadie usa compases, si no es quizás en algún museo para mostrar cómo los empleaban nuestros antecesores y cómo llegamos a usarlos algunos arquitectos ya un tanto antediluvianos. La verdad es que las nuevas generaciones no se han perdido nada por no haber tenido en sus manos un artilugio tan ingenioso como engorroso.
El segundo anuncio (página 17) es de una compañía que confieso  no sé a qué se dedica, aún leyendo el texto varias veces,  un texto que empieza (lo juro) con esta gloriosa frase: «Hasta que Zaha Hadid reinventó la arquitectura, no descansó. Tampoco lo hizo su socio Patrick Schumacher (Londres, 1993)» ¡Olé! Resulta que doña Zaha «reinventó» nada menos que la Arquitectura y la pobrecita no descansó hasta que lo hizo, y para remacharlo la única imagen que aparece en el anuncio es una foto suya vestida, como no, de negro, que para eso es arquitecta, y con cara desafiante.
No tengo nada en contra de esta señora e incluso confieso que me interesó su inútil (nunca llegó a usarse) cuartel de bomberos en ese parque de atracciones arquitectónico que ha montado la empresa de muebles Vitra en Weil am Rhein; pero de ahí a que reinventase la arquitectura va un largo trecho, acortado por la empresa que tan gentilemente (pero supongo que no de forma altruista) anuncia. En cuanto a Mr. Schumacher, que al parecer no es digno de aparecer en la foto, la verdad es que tuve que buscarlo en Google y si quieren saber quién es pueden pinchar aquí. La otra incógnita es el lugar y la fecha ¿Se trata quizás del crucial momento de la reinvención? ¿o quizás sea cuándo se encontraron los dos protagonistas? ¿o cuando Mrs. Hadid decidió elegir el negro como color para su uniforme?
Las bromas, gracias a la agencia de publicidad que creó este anuncio ya legendario, podrían seguir, pero no está el momento para chanzas, porque en realidad estos dos anuncios pueden considerarse un símbolo inconsciente del momento que pasa la profesión del arquitecto hoy, mientras la mayoría de mis colegas no tienen ni para comprarse un compás, las grandes estrellonas pueden aparecer (y seguro cobrando) impecablemente vestidas en anuncios de empresas supongo que importantes, aprovechando para autopromocionarse.
Un buen ejercicio sería saber cómo estas estrellas han llegado hasta dónde están, quién las aupado hasta ese Olimpo, al que ascienden sonrientes e imagino que nerviosos aquéllos con poder para encargar grandes proyectos, muchas veces con dinero público, para precisamente permitir que hagan sus edificios, o quizás para que pongan sus huevos, por todo lo que antes se conocía como el orbe civilizado.
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