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18 marzo 2023

Escenarios urbanos de cine

Cubierta del libro
Desde hace bastante tiempo, la editorial Asimétricas ha ido realizando una labor impresionante publicando estudios sobre arquitectura, arte y cine, un trabajo arduo que afortunadamente puede seguir desarrollando
, a pesar de los contratiempos, llegando algún año al asombroso récord de lanzar al mercado más de un libro al mes. 
Ya se han comentado aquí otros de sus títulos sobre cine y arquitectura y ahora acaba de aparecer Escenarios urbanos de cine; París - Berlín - Moscú - Nueva York - Roma, cuyo autor es Antonio Pizza, al que también se ha mencionado en este blog en varias ocasiones, y que además es el editor del volumen colectivo La ciudad en el cine: Recorridos, encuadres, secuencias, montajes, también editado por Asimétricas y comentado aquí hace ya un año.
He tenido la gran suerte de recibir el encargo de redactar el prólogo de Escenarios urbanos y la verdad es que escribirlo fue muy agradable y fácil, por la calidad del libro, como no puedo añadir algo nuevo o distinto de lo que escribí, me limito a copiar a continuación los dos párrafos que se han escogido para aparecer en la contracubierta de este volumen:

«Escenarios urbanos de cine se atiene a un esquema cronológico, desde los inicios del negocio cinematográfico hasta los años setenta, recomponiendo un largo trayecto que va de los Lumière hasta los Situacionistas, plagado de movimientos brillantes e irrepetibles, como el Neorrealismo y la Nouvelle Vague, y con obras de cineastas imprescindibles y muy distintos entre sí, encuadrados sobre todo en las capitales mencionadas en el subtítulo: París, Berlín, Moscú, Nueva York y Roma».
«La originalidad y la innovación se han conseguido al no ceñirse estrictamente el libro a las relaciones entre el cine y la ciudad, incluyendo también las artes plásticas, sobre todo la pintura, y además la arquitectura. Como escribe el autor, el cine y la arquitectura son "actividades singulares de modificación de lo existente" y el texto tampoco se circunscribe a una ciudad determinada por cada capítulo, porque en la mayor parte de ellos se relacionan títulos rodados por cineastas en otras poblaciones diferentes, alcanzando valor tanto para quienes no tienen conocimiento sobre este tema como para especialistas, ya que en cada uno de sus apartados se han ido aportando nuevos aspectos notables que enriquecen los estudios sobre las relaciones entre cine y ciudad».

Es evidente que recomiendo este libro que, como decía antes, contiene nuevas perspectivas y notables aportaciones a los cada vez más numerosos --aunque no siempre interesantes-- estudios sobre las relaciones entre el cine, la arquitectura y la ciudad.

09 julio 2022

Imágenes de la ciudad futura

Cubierta del libro
El jueves pasado, 7 de julio, fui a Correos a recoger un paquete remitido por el arquitecto y amigo Marcelo Vizcaino. Había recorrido un largo camino desde Santiago de Chile, de donde había salido a principios de junio, hasta Tenerife, supongo que pasando por Madrid y otros lugares. 
Al abrir el paquete me llevé una gran sorpresa, primero porque eran dos libros, en vez de uno, como yo pensaba, y después porque en Imágenes de la ciudad futura: La construcción de arquitecturas para el cine, Marcelo había incluido un prólogo que le escribí hace muchos años.
Este libro lo editaron en plena pandemia, en junio de 2020, Campus Creativo de la Facultad de Arquitectura, Arte, Diseño y Comunicaciones de la Universidad Andrés Bello, junto con la Editorial Bifurcaciones, en Talca, Chile.
Le he pedido  permiso al autor para publicar mi prólogo aquí y como me lo ha concedido, lo transcribo a continuación:



Los treinta y tres curiosos que acudieron el 28 de diciembre de 1895 al espectáculo organizado por los hermanos Lumière, pudieron ver diez películas, la penúltima se titulaba La Place des Cordeliers à Lyon, durante cuarenta y cuatro segundos, transeúntes y vehículos arrastrados por caballos circulan por la vía pública delante de una cámara situada en la posición de un peatón inmóvil situado en la acera. Esta cinta fue la primera de un tipo de “vistas animadas” que se repitió muchas veces, figurando en los catálogos de Lumière y otras empresas en aquella época, en ellas, siempre con la cámara fija, se muestran concurridos espacios públicos pertenecientes a ciudades de todo el mundo, demostrando la avidez de los primeros cineastas por enseñar paisajes urbanos de poblaciones lejanas en movimiento, así como la del público por viajar, aunque sea virtualmente, a esas poblaciones sin moverse de su país. Este tipo de vistas documentales estableció ya desde aquellos años un sólido nexo entre la urbe moderna y el casi recién nacido séptimo arte.
En el cine de ficción, como había sucedido con la novela del siglo dieciocho, la ciudad, contemporánea, ya fuera real o inventada, se convirtió pronto en el marco natural y fundamental que sirvió para encuadrar las peripecias de sus protagonistas; ciudades que, repitiendo un tópico muy manido, llegan incluso a convertirse en otro personaje más de esas ficciones.
Probablemente la primera vez que los espectadores de todo el mundo comprobaron cómo podrían transformarse y en qué podrían llegar a convertirse sus ciudades en los próximos siglos, fue cuando vieron la enorme urbe en movimiento de Metrópolis, el asombro y las influencias que produjo y sigue produciendo, son evidentes y notables, popularizándose a partir de entonces la creación de poblaciones cada vez más extraordinarias sólo para ser captadas por los objetivos de cámaras cinematográficas.
No hay duda que estas ciudades completamente inventadas, casi siempre para argumentos que transcurren en el futuro o en un presente alternativo, son las más interesantes, asombrosas e innovadoras que pueden experimentarse gracias al cine, porque en ellas no hay obligación de seguir reglas ya establecidas, ni es necesario reproducir elementos preexistentes, todo puede ser nuevo y original. Los cineastas, desde los escenógrafos hasta los directores, pasando por los camarógrafos y montadores, tienen toda la libertad y la oportunidad de realizar sus más audaces fantasías sin limitaciones estructurales ni físicas, ya que después podrán ser construidas con los eficaces instrumentos y las técnicas de la imagen en movimiento, de forma que parecerán edificaciones reales, aunque siempre proyectadas sobre la superficie plana de una pantalla.
Precisamente es este último tipo de ciudades el analizado y diseccionado con maestría en este libro y como se comprueba al leerlo, se trata de un campo muy sugerente y amplio, por ello difícil de acotar, y si no se cuenta con los instrumentos necesarios, también complicado de relacionar con la arquitectura y el urbanismo. Sin embargo, esta relación, mantener la complicada situación intermedia, es uno de los retos superados por Imágenes de la Ciudad Futura, saber estar en medio de las dos disciplinas: el cine y la arquitectura, pero además en este caso, sin perder nunca el punto de vista de esta última.
No se debe olvidar que los estudios relacionando al cine con la ciudad se han convertido casi en una rama autónoma dentro de la disciplina que liga a la arquitectura con la imagen en movimiento y no han sido siempre desarrollados por arquitectos y/o urbanistas, sino también por otros escritores, casi siempre con resultados muy discutibles, por eso es importante y notable que el autor de este libro haya adoptado un enfoque tan profesional y arquitectónico, basta ver sólo un ejemplo, aunque sea visual, al comprobar la preponderancia de sugerentes imágenes arquitectónicas frente a las cinematográficas.
Marcelo Vizcaíno, que en los primeros años de este siglo ya había irrumpido con éxito en el mundo de los estudios sobre cine y arquitectura, decide ahora introducirse en el complicado universo de la construcción visual de la ciudad del futuro, como si se tratara de un explorador adentrándose en un peligroso territorio que parecía ya cartografiado, logrando salir airoso, gracias a su descubrimiento de nuevos aspectos esenciales y la solidez de sus argumentos que además, algo raro en algunos estudios académicos, están expresados con un lenguaje que sólo emplean los buenos prosistas y los novelistas en ciernes.
En definitiva, este libro es esencial para poder abordar con seriedad los estudios que relacionan al cine con la ciudad y una referencia insoslayable para cualquiera que desee profundizar en estos estudios.

Evidentemente, les recomiendo leer Imágenes de la ciudad futura: La construcción de arquitecturas para el cine. Al principio escribía que había dos libros en el paquete, sobre el segundo escribiré en otra ocasión y pronto... espero, pero anticipo que cuando escribí sobre .«novelistas en ciernes», no me equivocaba.

11 junio 2019

Cine medioambiental

Mesa redonda, Fundación César Manrique, 9 de junio de 2019.
El viernes pasado estuve con el productor José María Morales en una mesa redonda moderada por el cineasta David Baute, que se celebró en la sala José Saramago, de la Fundación César Manrique, en Arrecife de Lanzarote. Este acto clausuraba un ciclo de cine «50 años de cine medioambiental», organizado por David, con motivo de la celebración del Día del Medioambiente y encuadrado en las actividades de César Manrique 100 años de vida. El título del acto era «Historia del cine medioambiental» y tomé unas notas, para poder centrar mi intervención, aunque luego terminamos hablando de la situación actual de la imagen en movimiento y otras cuestiones. 
A continuación reescribo parte de esas notas, porque creo que pueden ser interesantes, teniendo en cuenta ante todo que cada vez que se habla de medioambiente se supone que ha de referirse al natural, a pesar de que también hay un medio ambiente urbano, y respecto al cine parece que ha de hablarse del género documental, aunque afortunadamente el concepto de cine medioambiental no está tan encorsetado.
Comenzando por el principio, el cine se ha relacionado con el mito -mejor la alegoría- de la caverna de Platón en que seres humanos encadenados conocen lo que sucede en el mundo real solo a través de las sombras que se reflejan en una pared, esa cueva funcionaría como una sala de proyección y evidentemente sería un entorno natural. Avanzando muchos miles de años, el 28 de diciembre de 1895 los hermanos Lumière por primera vez cobraron a los espectadores, solo treinta tres personas, por mostrar sus películas, ese día, según Jean-Luc Godard, no se inventó el cine, sino la taquilla, algo que ni siquiera parece cierto, porque el 1 de noviembre de ese año los hermanos Skladanowsky empezaron a proyectar sus películas al final de una función de variedades en el Wintergarten de Berlín, por la que se cobraba una entrada. Volviendo a los cineastas franceses, la décima y última película  que proyectaron ese día se titulaba El mar o Baños en el mar, en ella se ve la costa, el espigón de madera de un embarcadero y cinco hombres corriendo sobre él y tirándose varias veces al agua, esta puede considerarse una de las primeras películas medioambientales de la historia. 
Si se busca en Internet, hay bastantes páginas donde se afirma que le primer documental de la historia del cine fue Nanuk, el esquimal, dirigido por Robert J. Flaherty en 1922, ese año, los operadores de los hermanos Lumière ya habían llegado a casi todas las partes del mundo, rodando numerosas películas, pero además cineastas soviéticos como Dziga Vertov, también habían filmado varios documentales muy importantes, al leer esta afirmación tan rotunda, parece que el mundo anglosajón, como el francés con los Lumière, quería imponerse de nuevo reivindicando ser los primeros, al consultar la entrada sobre Flaherty en la Wikipedia en español especificaba tajantemente: «dirigió y produjo el primer documental (1922) de la historia del cine, Nanuk, el esquimal» y de ahí lo han copiado erróneamente muchos "autores" de páginas web, sin embargo, en la Wikipedia en inglés, dice lo siguiente: «directed and produced the first commercially successful feature-length documentary film, Nanook of the North (1922)» («dirigió y produjo el primer largometraje documental con éxito comercial»), este texto es más moderado y, sobre todo, veraz, mientras el español no lo es, por lo que, por ahora, no parece una conjura anglosajona. 
Flaherty no lo sabía, pero su película no era un documental, sino docuficción -un término que entonces no existía-, por las siguientes razones: los personajes no son captados por la cámara de improviso, sino que interpretan a otros personajes, de hecho, Nanuk se llamaba en realidad Allakaniallak y la protagonista era la pareja de Flaherty; para poder rodar dentro del iglú, se construyó la mitad de uno y así se pudo colocar la cámara fuera y filmar su interior; Nanuk simula que pesca un pez, pero estaba muerto y se lo habían sujetado al anzuelo... es decir, hay una mezcla de documental y ficción. En sus siguientes películas, casi todas pueden encontrarse en YouTube, Flahety también volvió a emplear estos métodos de la docuficción, que no deben confundirse con los del docudrama, en el que unos actores interpretan unos hechos que sucedieron en la realidad.
Como puede comprobarse, el debate entre realidad y ficción en el documental, comenzó casi desde los inicios del cine. Sobre este tema hay muchos textos, pero quizás uno de los mejores es La representación de la realidad: Cuestiones y conceptos del documental, el libro que escribió Bill Nichols en 1991 y seis años después editó en España Paidós, en él su autor indica: «en la ficción, el realismo hace que un mundo verosímil parezca real, en el documental, el realismo hace que una argumentación acerca del mundo histórico resulte persuasiva», esta distinción entre ficción y documental, cada vez es más tenue, como también sucede en la vida real.
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