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25 febrero 2020

Entre(vistas) arquitectónicas

Cubierta del libro
La fundación arquia acaba de publicar el número 13 de su colección la cimbra, titulado como esta entrada, Entre(vistas) arquitectónicas. Un libro que recoge doce conversaciones entre el arquitecto Octavio Mestre y personas relacionadas con la arquitectura, a veces muy tangencialmente, lo que no implica que carezcan de interés, de hecho, uno de los diálogos más fascinantes es el que mantienen el arquitecto y el paleontólogo José María Bermúdez de Castro.
Estas conversaciones parten de algunas publicadas en la sección «Conversando con / Talking to» de la revista digital t8 Magazine, demostrando una vez más que los medios digitales no son antagónicos a los analógicos y que hay interés en tener físicamente lo que solo se puede encontrar en las redes virtuales.
Como se mencionaba antes, se entrevista a diversos profesionales y artistas, entre los que no hay alguno dedicado específicamente al cine, una de ellas es con Eames Demetrios que, aunque ha dirigido algunas películas, como es lógico, habla más de sus abuelos, Charles y Ray Eames, que de su propia actividad como cineasta, aunque sí dice que para ellos «las películas eran arquitectura».
Es evidente que siempre las entrevistas dependen tanto del entrevistado, como de las preguntas que le haga el entrevistador, en este libro el autor se muestra cercano a las personas que ha elegido, incluso añadiendo datos sobre su vida personal y escoge bien las cuestiones, de forma que Entre(vistas) arquitectónicas se lee con mucho agrado, al mismo tiempo que se mencionan cuestiones importantes de la arquitectura; aunque es una lástima que no se hable más de las relaciones entre cine, ciudad y arquitectura.

05 agosto 2016

Charles y Ray Eames, el arquitecto y la pintora


Nadie puede dudar de la importancia del matrimonio Eames y su influencia en la actualidad, de hecho, en este blog ya se ha hablado de ellos en una entrada sobre su relación profesional con Billy Wilder, y también en otra entrada sobre lo que pensaba David Lynch sobre ellos.
Ahora hay que volver a hablar de ellos, porque la fundación arquia en su labor fundamental editando libros y documentales sobre arquitectura, ha publicado el número treinta y uno de su colección arquia / documental, dedicado a los Eames con la película Charles y Ray Eames, el arquitecto y la pintora, dirigida por Jason Cohn y Bill Jersey en 2011 y el libro El pajarito y la mascota, cuyo autor es el arquitecto Pedro Feduchi Canosa, si en otras ocasiones el texto escrito podía ser solo un complemento del DVD, en ésta no es así, porque, dada la orientación de este último, el libro aporta cuestiones sobre la pareja de diseñadores que pasan casi desapercibidas en la película.
Respecto al documental, narrado por el actor James Franco, es interesante y muy ameno, sus imágenes muestran muchos de los trabajos realizados en aquel gran estudio lleno de profesionales diversos y sirve como introducción a una labor apasionante, en el mundo del diseño de mobiliario, la arquitectura, el montaje de exposiciones, la publicidad y las imágenes en movimiento. Es una lástima que en vez de incidir más en las realizaciones del estudio, en algunos momentos se centre en los problemas de autoría de las obras, sugiriendo que Charles se quedaba con toda la gloria, y en la vida personal de la pareja sin relacionarla con su trabajo, teniendo el espectador la impresión de que Ray a veces era solo un complemento silencioso de su arrollador marido, quien además no parece un ejemplo para quienes creen en la fidelidad conyugal. Sin embargo, en general vale la pena ver este documental con potentes imágenes de aquellos años, realizado de forma convencional, con "bustos parlantes" -entre ellos dos muy cinematográficos: Donald Albrecht y Paul Schrader- disertando sobre esta pareja fundamental aún hoy en día.
Hay que advertir que el DVD cuenta con extras -denominados "documentación" como en otras ediciones-, compuestos por unas entrevistas entre las que se encuentra una con la historiadora y colaboradora del estudio, Judith Wexler, que cuenta como le enseñó a Charles Eames un guión que había hecho sobre Cézanne y éste lo tiro a la papelera diciéndole: «Eso no es una película, es una narración. Es Historia del Arte, aquí no hacemos eso, hacemos películas que comunican visualmente, tienes que mostrar tus argumentos visualmente». Paul Schrader también menciona algo parecido en otra entrevista de los extras, diciendo que Charles tenía «el concepto de que las imágenes son ideas. De cómo las imágenes se convierten en ideas y cómo puedes suplantar diversas expresiones de una idea con un objeto. No hace falta expresarlo con palabras, no hace falta fondo musical. El objeto en sí es la clave». Como puede comprobarse, Charles Eames también tenía conceptos muy claros sobre la imagen en movimiento.

06 agosto 2015

Lynch y los Eames

David Lynch
Hace unos meses publiqué un post sobre la relación entre el cineasta David Lynch y el arquitecto Lloyd Wright, y el año pasado otro sobre Billy Wilder y los Eames. Ahora la relación es entre Lynch y estos últimos.
En la entrevista de 1997, que mencionaba en el post antes citado, Kathrin Spohr le preguntaba sobre qué apreciaba más de los Eames y el director contestaba: «El diseño amo a Ray y Charles Eames, sí». «¿Toda su obra?» le pregunta, y Lynch responde: «Sí, me gustan sus diseños» y cuando Spohr le dice si los llegó a conocer, el director contesta: «Almorcé con Charles Eames. vino al American Film Institute en 1970 o el 71. hubo un almuerzo con todos los estudiantes y yo me senté en su mesa. Era una de las personas más grandes e inteligentes que he conocido. Era tan puro, una especie de persona feliz, alguien como un niño, disfrutando de la vida. La clase de persona que te gusta de inmediato». Tras otras preguntas Spohr le dice a Lynch que en Europa el trabajo de los Eames es más admirado que en los Estados Unidos y le pregunta si sabe por qué, Lynch le contesta  «Porque los europeos aprecian las cosas más finas».
Spohr aprovecha para inquirir sobre si le gusta el diseño alemán y Lynch responde «Sí. el diseño alemán usualmente es muy puro, y poco denso, y sólido y funcional. Y esas son exactamente las características que me gustan. La entrevistadora le dice: «En otras palabras ¿Te gustan los aspectos técnicos del diseño alemán?» y él contesta: «No, en muchos casos el aspecto y los materiales. Los alemanes son conocidos por una mano de obra muy buena y así si la cosa es construida, sabes que va a funcionar. Eso es seguro».
Lynch no defrauda, ni en sus películas, ni en sus opiniones.
 

14 febrero 2014

Los Eames y Billy Wilder

Maqueta de la casa de Wilder proyectada por los Eames.
Creo que no hace falta decir quiénes fueron Billy Wilder, ni tampoco Ray y Charles Eames (siempre se suele poner a Charles primero quizás por ser hombre). Lo que quizás se conozca menos es la amistad que les unió durante muchos años.
Según Tom Wood en su libro The Bright Side of Billy Wilder, traducido en España como ¿Quién diantres eres Billy Wilder? (Laertes, Barcelona, 1990): 
 
Wilder conoce a Eames y ha admirado su obra desde que éste [el autor y/o el traductor español del libro cree que Eames es un sólo arquitecto], a mediados de los años cuarenta, creó para él una silla de palisandro y cuero. Durante muchos años se han intercambiado muebles y pinturas y, en una ocasión, en 1948, Billy encargó a Eames el diseño de una casa. Compró un terreno en Beverly Hills para construir esa casa y acabó tan excitado con el proyecto que solía pasarse los fines de semana examinando el diseño con el arquitecto y bombardeándolo con sugerencias.

Los presentó el diseñador gráfico Alvin Lusting que entonces usaba el garaje de la casa de Wilder en North Beverly Drive como estudio. Parece ser que los Eames hicieron el montaje de una secuencia de El héroe solitario (The Spirit of St. Louis, 1957), también se cuenta que durante el rodaje de esa película Wilder descansaba, acostándose en bancos y cualquier lugar que encontrase y le solicitó a los arquitectos que le diseñasen una chaise longue para no tener que buscar un lugar improvisado donde descansar, muchos años después, en 1968, ellos crearon una butaca tan larga como para poder descabezar un sueño, pero estrecha para que ese sueño no durase mucho tiempo, al parecer Wilder comentó que para acostarse dos personas uno debería ser como una escultura de Guiacometti.
Sí es cierto que muchos años antes Wilder les había encargado una casa para él y su esposa, Audrey Young, que había sido cantante de una big-band y aparece fugazmente en Días sin huella (The Lost Weekend, 1945). Wood escribe sobre su boda:
 
La fuga de Billy con Audrey, en 1949, reveló en él una vena romántica cuya existencia sospechaban pocas personas. Acompañados por Eames y su mujer, Wilder y la señorita Young viajaron en coche hasta Nevada, donde podían casarse sin respetar los tres días de espera preliminares. La intención original de la pareja era casarse en la primera ciudad de Nevada a la que llegasen. Pero a Billy no le gustó el aspecto de la primera ciudad. Insistió en encontrar un sitio más apropiado, y siguieron viajando. Por fin llegaron a una población al gusto de Billy. Pero antes de dar su visto bueno a la celebración de la ceremonia, Billy insistió en conocer al alcalde de la ciudad para asegurarse de que fuese un hombre respetable y hogareño. La fortuna quiso que el alcalde estuviese lavando los platos de la comida cuando el grupo de fugados dio con él. Era aquél todo un detalle doméstico y Billy aguantó todo el solemne ritual sin hacer ni una observación ingeniosa o sarcástica. Después de la ceremonia, el grupo viajó hasta el lago Tahoe. Durante toda esa parte del recorrido, Wilder estuvo anormalmente silencioso.

Wood escribe sobre esta casa:

Aunque Eames es considerado como uno de los exponentes más destacados del diseño moderno, Billy iba tan por delante de él en algunas de las ideas que Eames acababa mareado. “Lo que nos impresionaba no era tanto su audacia como la constante puntería de sus intenciones”, recuerda Eames. “No utilizó la casa como un pretexto para despliegues de ingenio; tal vez su mayor contribución consistió en intuir dónde había elementos de mal gusto en el plan que nosotros habíamos elaborado.” Aquella casa, que iba a parecer una gigantesca caja de zapatos, no llegó a construirse. Había sido diseñada para un soltero y Wilder echó a perder el proyecto casándose antes de que se pusieran los cimientos.
 
La casa no llegó a construirse, pero los dibujos y maquetas (como la que acompaña este texto y otras que pueden verse Architectural Digest) dan una idea de lo interesante que podía haber sido. 
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