22 de marzo de 2019

Harryhausen de nuevo

Portada de Los tesoros de Colossa, nº 4
Hace bastante tiempo, David García me pidió permiso para publicar mi artículo «La invención de un paisaje mítico: Ray Harryhausen y España» en su revista Los tesoros de Colossa. Este artículo lo escribí hace ya diez años, por encargo de Asier Mensuro, comisario de la exposición Ray Harryhausen, creador de monstruos, que se celebró en la Fundación Luis Seoane de La Coruña, y se publicó en el libro homónimo en el que hay artículos de Alberto Ruiz de Samaniego y Asier, así como de Domingo Lizcano y Antonio Garcinuño, el comentario de ese libro en este blog puede leerse en este enlace.
Para cumplir con la amable solicitud de David, tuve que hacer una de las cosas que más detesto: leer uno de mis artículos de hace años y, por supuesto, corregirlo, 
Ahora Shock Ediciones acaba de publicar el cuarto número de la revista Los tesoros de Colossa, editada, maquetada y dirigida por David y me he llevado la sorpresa de que toda ella está dedicada a mi artículo, provocándome una mezcla de satisfacción e inquietud por la responsabilidad que conlleva esta situación.
Ante todo hay que decir que la portada, creada por Domingo Lizcano, me recuerda los cómics de la editorial mexicana Novaro que tanto alegraron mi infancia, en cuanto al interior, no voy a hablar de mi artículo, pero sí hay que mencionar las fotografías, muchas de ellas inéditas -al menos para mí- de los rodajes de Harryhausen en España, además de las menciones biográficas de varios técnicos que trabajaron con él en nuestro país, creo que ya solo por estas ilustraciones merece la pena adquirir esta revista, que efectivamente es un tesoro.

14 de marzo de 2019

Crítica de choque

Es evidente que este es un blog dedicado a profundizar en las relaciones entre la arquitectura, el cine y la ciudad, por lo que no tendría mucho sentido escribir sobre este libro escrito por Fredy Massad, dedicado a la crítica de arquitectura, sin embargo, hay dos cuestiones que permiten este comentario. 
La primera, que el libro menciona bastantes películas, entre ellas las hagiografías¿Cuánto pesa su edificio Sr. Foster? (Carlos Carcas y Norberto López Amado, 2010), 74 m² (Tiziana Panizza y Paola Castillo, 2012), ,REM (Tomas Koolhaas, 2016) y Big Time: Retrato de Bjarke Ingels (Kaspar Astrud Schröeder, 2012) a la que se califica como una «desvergonzada combinación de triunfalismo, vanidad y sentimentalismo»,recogiendo la hilarante, y al mismo tiempo patética, comparación que hace Ingels de Origen con la arquitectura; pero también se mencionan películas como La gran belleza y otras notables como Paraíso: Amor, dirigida por Ulrich Seidl en 2012.
La segunda cuestión por la que se menciona Crítica de choque es porque se trata de un libro que, ante todo, está bien escrito, se lee con fluidez, pero además tiene otras características que inciden en su singularidad en estos tiempos: es valiente, en él las opiniones son claras y rotundas, y no se transige con el poder político ni con el de los medios, en definitiva, es un libro incómodo, que desenmascara a los impostores y no tolera sus falacias. En definitiva, un libro que no le resultará extraño a quien conozca la trayectoria de su autor y su estupendo libro anterior La viga en el ojo.

7 de marzo de 2019

El rascacielos The Pearl

The Pearl en Hong Kong, captura de la película Rascacielos
Hace unos días, por fin pude ver El rascacielos. No recuerdo si ya he escrito aquí que -como muchos arquitectos- siempre he disfrutado con las películas de desastres, sobre todo si queda en ruinas algún edificio, por lo que era fácil que esta me gustase, sin embargo, no contaba con la presencia siempre temible de unos niños, que además son totalmente empalagosos, esa terrible herencia que los espectadores le debemos al peligroso Walt Disney y que han repetido muchos otros cineastas, como Spielberg; todo lo demás no está mal, el edificio se quema y se destruye muy bien, hay piruetas completamente imposibles, los malos son muy muy malos y ganan los buenos, que en esta ocasión son casi todos chinos, ya que la fin y al cabo son los coproductores de la película.
El rascacielos, creado por Jim Bissell, tiene formas curvas, como si lo hubiera diseñado Zaha Hadid a través de una güija comprada en una tienda -por supuesto, china- de esas que tienen de todo muy barato; según se ha escrito, por ser oriental, querían que se pareciera a un dragón, cuyo vientre es el jardín interior, sus ojos las turbinas helicoidales y la boca el espacio entre los dos "cuerpos" superiores que atrapan a la esfera que hace de perla, también se ha escrito que a uno de esos "cuerpos" le cortaron el extremo para que no tuviera forma fálica, porque parece que hay quienes ven falos en cualquier sitio.
Se supone que La perla es el edificio más alto del mundo y recoge todos los tópicos que se han de cumplir para que alguien se atreva a construir este tipo de edificaciones, está controlado por sistemas informáticos, dentro hay un enorme jardín y crea su propia energía gracias a los aerogeneradores antes mencionados, es decir, cumple con la palabra mágica: sostenible. Todo ello como si se estuviera pidiendo disculpas por tener la osadía de hacer algo que ofende tanto a la humanidad por su arrogancia, como a los dioses, quién sabe por qué, recuérdese lo que hicieron con la Torre de Babel y qué hubiera sido de las academias de idiomas sin ese desastre.
Realmente lo más interesante, como otro síntoma de la tenue relación actual entre lo real y la representación, es la gran esfera que corona al rascacielos, ya que sus paredes interiores y su suelo funcionan como pantallas, en las que se está reproduciendo a tiempo real lo que sucede en el exterior, es decir, las personas parece que están volando sobre la ciudad. Si antes las torres y los rascacielos eran unos puntos de observación privilegiados, que permitían la visión desde arriba de las poblaciones, ahora esa visión está, como casi todas, mediatizada por las cámaras, de hecho, si existiera el edificio de la película, no haría falta estar en su parte superior para tener esa misma visión en cualquier otra esfera en cualquier parte del planeta, lo que implica que ya no tendría sentido hacer el esfuerzo de subir a la cima de las edificaciones, ni tampoco ir a algún sitio, siempre y cuando se tuviera el dispositivo adecuado en casa.

14 de febrero de 2019

Sert en Un extraño en mi vida

En 1998, cuando escribí el libro La imagen supuesta: Arquitectos en el cine, había pocos medios para poder ver las películas, yo tuve un poco de suerte, porque había grabado algunas en cintas VHS cuando se habían emitido en la Televisión Española, una de ellas era Un extraño en mi vida, que estaba, como la mayoría de las otras, doblada al castellano; recuerdo que la vi muchas veces anotando sus diálogos, sobre todo, en los que el arquitecto Larry Coe (Kirk Douglas) hablaba de su profesión y con sus clientes. 
En uno de ellos un promotor inmobiliario, Stan Baxter (Kent Smith) le propone al arquitecto que haga unos bocetos para construir una ciudad en Hawai y que no hará falta que viaje hasta allí, porque hay fotografías de la zona, algún tiempo después Stan le comenta a Larry que gracias a sus bocetos se va a construir la ciudad, limpiando ocho mil acres de jungla y concluye: «El sueño de un arquitecto... cinco años de trabajo intensivo», Larry está indeciso y Baxter insiste: «Los bocetos tienen más imaginación que los de la Bauhaus. Entrarás en los anales de la arquitectura». 
En el libro escribí: «Es significativo que se cite a la Bauhaus, porque en las películas estudiadas no se suelen nombrar escuelas o arquitectos reales. Sin embargo. en la novela de Evan Hunter en que está basada la película, Baxter y Larry citan a Gropius, Le Corbusier y Mies. Parece que los guionistas opinan que el espectador cinematográfico tiene poca cultura arquitectónica y está menos preparado para recibir información que el lector de una novela», efectivamente en la novela de Hunter, en la que está basada el guión de la película, que además está firmado por el propio Hunter, se puede leer que el arquitecto y uno de sus clientes «se entendieron inmediatamente, y a los postres estaban ya hablando familiarmente de Gropius, Le Corbusier y Mies».
No había vuelto a ver Un extraño en mi vida desde entonces y hace unos días he tenido que volver a hacerlo --por cierto, con mucho agrado, porque es estupenda--  gracias al libro que estoy escribiendo, que recogerá cincuenta películas sobre cine y arquitectura, la versión que vi está en inglés con subtítulos en español y al llegar a la secuencia antes citada, Baxter le dice a Coe lo mismo antes mencionado, pero además: «igual que hizo Sert en Sudamérica en una escala menor», lo que me sorprendió tanto que volví a ver la secuencia varias veces, porque era la primera vez que lo oía. Desgraciadamente ya no tengo la cinta VHS y no sé si conservaba el doblaje original de la película cuando se estrenó en España o tenía uno posterior, pero lo que sí está claro es que habían suprimido la palabra Sert
La película se estrenó en Estados Unidos en 1960, y en España el 6 de julio de 1964, este retraso podría haberse producido por su argumento, en el que se narra un adulterio, sin que los protagonistas sean castigados por su "pecado", aunque al final tengan que separarse. En 1964 Sert vivía exiliado en Estados Unidos y era decano de la escuela de diseño de Harvard, gracias a un peculiar encargo del Gobierno estadounidense, junto con sus compañeros del  estudio Town Planning Associates, había desarrollado planes urbanísticos en Brasil (1945), Perú (1948), Colombia (1949), Venezuela (1950-53) y Cuba (1955-58), por lo que es lógico que Evan Hunter lo conociera; en 1955 se había construido su proyecto para el estudio de Joan Miró en Palma de Mallorca, por lo que había estado viajando a España y para el régimen franquista ya no debería ser un enemigo declarado, sin embargo, es posible que la Censura española obligase a suprimir su apellido, también hay otra posibilidad, que los traductores encargados del doblaje no supieran quién era y decidiesen eliminarlo... 
Este es un asunto que, sobre todo, sirve como ejemplo de las arbitrariedades que se cometen por culpa de una práctica desgraciadamente habitual en España que debería desaparecer.

25 de enero de 2019

El otro Caligari

Escribiendo sobre El gabinete del Doctor Caligari, descubrí The Cabinet of Caligariuna película estadounidense en CinemaScope, pero en blanco y negro, producida y dirigida por Roger Kay en 1962, con un guión de Robert Bloch, que había escrito la novela en que se basó Psicosis.
Su argumento es convencional, se pincha un neumático del coche de la protagonista que viaja sola, mientras circula por una carretera en medio de la naturaleza y caminando, casualmente llega a una casa aislada, donde vive el doctor Caligari, a partir de ese momento, le irán sucediendo acontecimientos extraños, por culpa del dueño de la casa y sus invitados, en los que al final se comprueba que nada es lo que parece.
Como puede comprobarse, salvo la profesión del protagonista -ambos son siquiatras-, esta película no tiene relación con la dirigida por Wiene, como tampoco lo tiene visualmente, salvo unas alucinaciones que sufre la protagonista en las que parece estar dentro de la película alemana.
En cuanto a la arquitectura, casi no se ve el exterior de la casa, que parece un chalé convencional, su interior tiene una configuración parecida a la mansión del arquitecto Hjalmar Poelzig en Satanás, con un gran salón en la planta baja y una planta alta donde hay varios dormitorios, mientras que en este caso, en vez de un sótano, se le añade una tercera planta donde está el despacho particular del doctor, al que se entra por una puerta acristalada y giratoria. El salón tiene muchos muebles, mezclando distintos estilos y lo más interesante es una librería sin fondo que sirve para separar dos ambientes y, sobre todo la escalera que comunica la planta baja con la superior -como también sucede en Satanás-, que es metálica, muy ligera, casi como el esqueleto de un animal y con un diseño estilizado, sin relación con la pesadez anodina y la oscuridad del resto del edificio.
The Cabinet of Caligari no es una mala película y se ve con agrado, teniendo en cuenta la moda de argumentos "sicológicos" de aquellas décadas, lo más desafortunado es su título, porque por su culpa, se ha comparado con la película alemana, a pesar de que son completamente diferentes. En fin, una película a descubrir que puede analizarse arquitectónicamente deparando alguna sorpresa.


Visiones de la protagonista
El salón desde el jardín

13 de enero de 2019

Operation Jane Walk

Los protagonistas delante del edificio de las Naciones Unbidas
Me acabo de encontrar con José Cabrera BetancortAndreea Patru en el Rastro y me han recomendado el cortometraje Operation Jane Walk, diciéndome que me interesaría porque tiene mucha relación con la arquitectura.
Efectivamente, es un corto dirigido por Robin Klengel y Leonhard Müllner el año pasado, hecho con machinima -hay que recordar que uno de los grandes creadores que usan está técnica es el español Ricard Gras-, con el vídeojuego Tom Clancy's The Division de Ubisoft Entertainment (2016).
En el corto se muestra el recorrido de cuatro personas fuertemente armadas en un Manhattan abandonado y ruinoso, tras un grave conflicto, mientras se va oyendo una voz en "off", aséptica y profesional, que va narrando lo que podría ser un Paseo de Jane, pero mientras los personajes intentan sobrevivir a varios tiroteos. Se menciona a Robert Moses y por supuesto a Jane Jacobs, y se ven edificios como el de las Naciones Unidas y el de la Pan Am de Walter Gropius.
Lo mejor del corto es su tono terrible y melancólico por lo que se está viendo, pero al mismo tiempo cargado de ironía, que se acentúa con aciertos como la canción de Art Cartney mientras se recorren las alcantarillas. Por cierto, en la banda sonora también están los estupendos Django Reinhardt y Stéphane Grapelli con el quinteto del Hot Club de France.
La película está en abierto aquí y es muy recomendable para todos a los que nos interesan las relaciones entre cine arquitectura y ciudad.

27 de diciembre de 2018

JACK Journal on Architecture and Cinema 2

Portada del número 2 de Jack
Hace tiempo publiqué en este blog una entrada sobre la aparición de la revista Jack, una de las pocas que se publican en todo el mundo, dedicada a analizar las relaciones entre el cine, la ciudad y la arquitectura, la buena noticia es que se acaba de editar el segundo número de esta revista.
Este número se inicia con una miscelánea bastante heterogénea, compuesta por tres ensayos, uno de Francisco Ferreiro, que además es uno de los editores de Jack junto con Luis Urbano, sobre Lost in Translation; el siguiente está escrito por mí sobre los espacios arquitectónicos en secuencias planteadas en "split-screen", la denominada pantalla partida en español; y el tercero de Pedro Aires trata sobre Wim Wenders y Estados Unidos. La segunda parte está dedicada a reseñas cortas, la inicial sobre el libro Fast Cars, Clean Bodies de Kristin Ross, escrita también por Ferreiro; otra sobre el documental Haus Tugendhat de Dieter Reifarth, escrita por Pedro Bandeira; y la tercera sobre la última edición del AFFR; El dosier es sobre la película Corte de cabelo, dirigida por Joaquim Sapinho en 1995, con textos de la época en que se estrenó y artículos de Sapinho, Ferreira y Urbano; este número acaba con una extensa entrevista con el arquitecto Manuel Graça Dias, aunque no es el final, porque hay una sorpresa en el interior de la contraportada, que es doble y al desplegarla se puede ver un precioso plano de Filipe Silva cartografiando uno de los espacios más importantes de Fallen Angels. Hay que recordar que en este número, como en el anterior, todos sus artículos están escritos en inglés, para lograr una difusión internacional que desgraciadamente no tendría en otros idiomas.
La revista es fundamental para todos los interesados en las relaciones entre el cine, la arquitectura y la ciudad, y puede adquirirse a través de la página de Jack Back Pack, que además merece la pena visitarla para comprobar el trabajo intenso y fundamental que lleva realizando este grupo de investigadores portugueses, desde hace ya muchos años, con el proyecto de investigación Ruptura Silenciosa y que ya he comentado en este blog en otras ocasiones. Esperemos que el próximo número de Jack se publique muy pronto.

20 de diciembre de 2018

Zumthor. La práctica de la arquitectura


La fundación arquia acaba de publicar el número 37 de su colección arquia / documental, la película Peter Zumthor: La práctica de la arquitectura (The Practice of Architecture: Visiting Peter Zumthor), dirigida por Michael Blackwood en 2012, dos años después de que se le concediera a Zumthor el premio Pritzker. 
Este no es un documental convencional sobre un arquitecto en el que la cámara va recorriendo sus obras mientras se van oyendo comentarios más o menos interesantes sobre ellas, Blackwood opta por filmar una entrevista que le hace Kenneth Frampton a Zumthor en su estudio y su casa en Haldestein (Suiza). 
El número 24 de arquia / documental es otra película dirigida por Blackwood, esta vez una entrevista de Frampton con Alvaro Siza, en la que iban visitando las edificaciones del arquitecto portugués, sin embargo, Frampton y Zumthor permanecen en el interior de la casa y el estudio, salvo por un pequeño paseo por el jardín salvaje que une ambos edificios; lo que no impide que la obra de este arquitecto se entienda, gracias a sus fascinantes explicaciones, las maquetas y las fotografías de Hélène Binet que ha trabajado con Zumthor casi desde sus inicios.
La entrevista es muy interesante, porque ilustra bien el trabajo de este arquitecto e incluso es entretenida, durante la conversación se va recorriendo el interior de los edificios, se ve a los colaboradores de Zumthor trabajando en el estudio y descansando en el jardín mientras juegan al ping pong, a unas señoras pasando por detrás haciendo su vida normal y a unos niños, que son los nietos del arquitecto, todo parece espontáneo y el espectador se siente integrado en el diálogo, como si estuviera allí en el momento en que se encuentran dos amigos. 
Frampton parece más desasosegado, consultando sus pequeñas fichas escritas a mano, pero Zumthor permanece impertérrito, con un aspecto físico de personaje de una película de Ingmar Bergman y lo que cuenta a veces es fascinante, aunque sea curioso que no mencione edificios como su extraordinario museo de arte de Bregenz, finalizado en 1997, quince años antes del rodaje del documental.
No se debe acabar sin mencionar los libros que acompañan a todas las ediciones de  arquia / documental, esta vez escrito por el arquitecto Juan Trías de Bes y que complementa las imágenes en movimiento dirigidas por Blackwood.
Cuando comenté el anterior documental de Blackwood publicado por la fundación arquia, el dedicado a Siza antes citado, finalicé escribiendo: «Es difícil decir cuál es el mejor de los veinticuatro documentales editados por la fundación, pero creo que éste es, si no el mejor, sin duda uno de los más interesantes», ahora habría que añadir otro a los mejores entre los treinta siete que ya ha publicado la fundación, a la que siempre habrá que agradecerle la labor que está realizando por difundir el trabajo, no solo de los arquitectos, sino además de los cineastas.

8 de diciembre de 2018

El edificio del año 9177

El edificio representativo que alberga al mundo entero, la primera vez
que se ve gracias a unos singulares binoculares 
El 28 de diciembre, como se sabe, es el Día de los Inocentes en España y ese día en 1895 se pagó por primera vez por ver una película proyectada en un lugar público. Posiblemente alguna de estas efemérides ha tenido que ver e que se haya elegido el próximo 28 para estrenar Tiempo después que ha dirigido José Luis Cuerda.
Esta comedia disparatada comienza con la voz en over del propio director, explicando que la historia transcurre durante unos días del año 9177 «mil años arriba o abajo que no queremos pillarnos los dedos, en el mundo entero, que en este caso es un solo edificio representativo y unas afueras». La edificación «representativa» está en medio de un desierto, el Monument Valley, un paisaje muy cinematográfico en gran medida gracias a John Ford, y está compuesto por una yuxtaposición de la sede del Instituto del Patrimonio Cultural de España, conocido como la Corona de Espinas, de los arquitectos Fernando Higueras y Antonio Miró, sobre el que se ha colocado Torres Blancas de Francisco Javier Saénz de Oiza, y todo el conjunto se remata con una pieza cilíndrica rodeada de púas, como si fuera una corona o un helipuerto de la realeza, poco apto para pilotos inexpertos. Los interiores se rodaron en el primer edificio mencionado, en su vestíbulo, pasillos y en la cubierta transformada en un prado donde pace un rebaño de ovejas y toman el sol unas chicas en bikini.
El autor de esta curiosa yuxtaposición debe ser el director artístico de la película, Pepe Domínguez del Olmo, y es interesante comprobar cómo se han elegido dos edificios madrileños, ambos de finales de los años sesenta, cuyos autores fueron notables arquitectos y que si no se conocen, no quedan demasiado mal superpuestos teniendo en cuenta el tono esperpéntico del argumento. Este es otro ejemplo más que ratifica el poder de la imagen en movimiento gracias a sus creadores.

29 de noviembre de 2018

Interiores que actúan

Hace nos meses, preparando una conferencia que iba a dar en la Escuela de Arquitectura de Valladolid, invitado por el GIRAC, estaba buscando más datos de Albert Bela Viragh, un escenógrafo sobre el que ya había escrito aquí y aquí, y encontré un anuncio de la película Empty Ams dirigida por Frank Reicher, publicado en varias revistas cinematográficas estadounidenses en febrero de 1920. 
En este anuncio, reproducido al lado, aparece una fotografía de Bela Viragh, otras de espacios de la película y en medio el siguiente texto, seguramente redactado por un publicista, pero muy interesante: 

Una de la innovaciones de Lester Park y Edward Whiteside es la que han desarrollado en los efectos escénicos bajo la hábil dirección de A. Bela Viragh Flower.
Muy pocos productores cinematográficos se han dado cuenta de las posibilidades de los interiores. Algunos de los mejores productores escénicos, como Belasco y Ordynski de la Metropolitan Opera House, han probado que una historia entera puede ser contada virtualmente antes de que se diga una palabra, si los decorados y telones son del tipo correcto.
En la nueva escuela de arte escénico, nos encontramos a maestros como Bakst, Anisfeld, Urban, Pogany y Wenger. Añadan a esos el nombre de Flower, uno de los más grandes en los círculos cinematográficos, porque ha dedicado su genio a la perfección de los interiores relacionados solo con la pantalla.
"Interiores que actúan" son un avance de Park-Whiteside Productions. Reconocerá a Park-Whiteside Productions en el momento en que las escenas aparezcan en la pantalla por el hecho de que son actores maravillosos en sí mismos.
Ellos cuentan la historia antes que los actores humanos hayan movido un músculo o hayan dicho una palabra.
Observe a los otros productores imitar a los Interiores de Flower que Actúan, pero más particularmente, sea el primero en su ciudad en aprovechar esta nueva innovación de la pantalla.

Primero es interesante saber cómo era Viragh Flower, gracias a su fotografía; después se elige a cinco escenógrafos teatrales, aunque Urban y Pogany también trabajaron en el cine, demostrando su importancia y mencionando que Viragh Flower solo se ha dedicado al cine; pero lo fundamental es la consideración que los espacios actúan, interpretan un papel, como lo hacen los actores, una idea que hasta ahora se había creído que la había planteado por primera vez el extraordinario arquitecto y escenógrafo cinematográfico Robert Mallet-Stevens, cuando en Le décor moderne au cinéma escribió: «un decorado moderno, para ser un buen decorado, debe actuar», este texto se publicó en 1928, pero como puede comprobarse, ya se había enunciado ocho años antes y posiblemente también se había empleado en otras ocasiones referido a decorados teatrales.
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