25 de mayo de 2019

El cine y Barcelona en el MUHBA


Hace unos meses, el MUHBA se puso en contacto conmigo para organizar una jornada sobre Barcelona en el cine, entonces se me ocurrió contar con tres personas que son especialista en esta materia, los arquitectos Celia Marín y Antonio Pizza, y el ingeniero Juan Manuel García Ferrer para moderar la mesa redonda posterior a las ponencias. El 23 de mayo pasado, se celebró esa jornada que se tituló Barcelona i cinema: Panortamiques urbanes de la ciutat. A continuación reproduzco tres textos sobre las ponencias, que ha escrito Juan Manuel en facebook:

Por partes, pues, si debe darse cuenta de lo que dicen fue el V Taller sobre la representación de la ciudad del MUHBA, que ocupó toda la tarde de ayer. Iba la cosa de Barcelona y el Cine y su primera parte correspondió a Jorge Gorostiza, por otro lado organizador de la jornada.
Jorge Gorostiza, de quien ya expliqué ayer que era la máxima referencia en cuanto a la relación del cine con la arquitectura y la ciudad (literalmente: hágase la prueba y tecléese “cine, arquitectura, ciudad” en un buscador y ya se verá qué sale), tituló su ponencia “Planos de situación: Barcelona en los inicios de las películas”, sorprendiéndonos con una apasionante catarata de imágenes y secuencias con las que empiezan films, de lo más variopinto, sobre la ciudad.
Justificó su elección homenajeando a Santos Zunzunegui, quien se ve que en su libro La mirada cercana (Paidós, 1996, recientemente reeditado por Shangrila), dijo que en los primeros planos de una película suele estar contenida toda la idea de la película, y ahí estaba Centauros del desierto para demostrarlo...
Pero, de hecho, fue incluso más atrás. Haciendo un paralelismo con los proyectos de arquitectura, aseguró que muchas veces en la portada del proyecto (ver la primera foto) ya está resumida la esencia del proyecto, y que otro tanto pasaba con los carteles de las películas, sirviéndonos a continuación una buena ducha de imágenes icónicas de la ciudad que han servido de tal para producciones de última hora. Yo quedé boquiabierto de la de ocasiones en que había aparecido la Sagrada Familia (en imágenes imposibles, destruida por una hecatombe nuclear, en entornos de lo más fantasiosos -ver, por ejemplo, la segunda foto-, etc.) en los últimos tiempos, cuando ya presentaba bastante más que las cuatro torres originales.
Una vez ya entrando en la materia de su charla de lo más interesante, tras la larguísima panorámica sobre la ciudad de la para mí desconocida The Bobo (Robert Parrish, 1967), de cortas escenas iniciales, con sus títulos de crédito, buena parte rodadas desde puntos idénticos (¡el teleférico!) de una ingente cantidad de películas rodadas en Barcelona, desde la actualidad hasta los años 50. Como la de la tercera foto, que creo corresponde a Sin la sonrisa de Dios (Julio Salvador, 1955).
El resultado de un ímprobo trabajo, que -digo yo- el Museo de Historia de la Ciudad debería comprar y exhibir sin fin en su sede. 

El segundo es el siguiente:

V Taller sobre la representación de la ciudad del MUHBA ayer, segunda parte: Celia Marin tituló su conferencia «Los bajos fondos de Barcelona. Persistencia de la geografía del mal». Iba a hablar, en definitiva, del Barrio Chino. Frente a la sobreabundancia de fortísimas secuencias presentadas por Jorge Gorostiza en la suya, Celia Marin presentó en su intervención pocas secuencias, si bien larguísimas. Antes de eso, no obstante, me gustó mucho su introducción al tema, muy bien documentado a base de imágenes de archivo que ilustraban tanto los posturas predominantes ante la pobreza, la delincuencia y la marginación desde el final del siglo XIX a la mitad del XX como la localización y características del “área de estudio”.
Las películas de la época de la República fueron La bandera (Julien Duvivier, 1935) y Barrios bajos (Pedro Puche, 1937), una de las surgidas de la productora de la CNT. Pequeñas referencias a otras películas, ya de posguerra (La calle sin sol, Rafael Gil, 1948; El fugitivo de Amberes, Miguel Iglesias, 1955,...) dejaron claras una serie de características generales sobre la imagen que ofrecía el cine de ese trozo de ciudad tan peculiar: mañanas soleadas en el mercado callejero repleto de gente, persistencia en resaltar las carencias de ese mundillo hasta en los títulos (La calle SIN sol, SIN la sonrisa de Dios, etc).

Y por último el tercero:

La tesis que deduje de la tercera y última ponencia de la tarde del jueves en la sesión sobre Barcelona y el cine del MUHBA, la de Antonio Pizza, es de lo más sugerente y, a la postre, quedó más que demostrada con sus ejemplos: por un lado señalaba un par de paralelismos (quizás debiera hablar mejor de maestros y seguidores): 
-Entre la arquitectura moderna de posguerra (de los 40 a los 60, centrándose básicamente en los 60) italiana y la barcelonesa
-Entre el cine italiano ...y el de Barcelona.
Por otro lado demostraba la evolución de un cine y arquitectura neorrealista, con historias, formas y materiales de inspiración y proximidad popular hacia una entrada en otros más sofisticados, que acabaron integrando hasta el pop.
Quizás tergiverse algo la línea argumental de su charla, pero por ahí quedó lo que de ella sedimentó en mí. Para reseguirla, partió siempre en el caso italiano de la mención genérica de los grandes nombres del cine de posguerra y en arquitectura de los del movimiento moderno, que intentaré hacer -por ahora no hay forma- para que se me fijen de una vez en la memoria. 
En el caso barcelonés empezó en arquitectura con el primer destello tras la guerra civil del movimiento moderno -el Grupo R-, para fijarse entonces básicamente en un entonces jovencísimo Oriol Bohigas, que se manifestaba hacia una arquitectura popular, proyectando entonces edificios de materiales pobres, casi artesanales (lo que había). El correlato en cine lo encontró en la película Los tarantos (Rovira-Beleta, 1963), que se introducía por el mundo de las barracas del Somorrostro y de Montjuic, por los márgenes de la ciudad, cuyo núcleo se distinguía, en todo caso, ahí al fondo.
El mismo Bohigas fue a partir de ahí evolucionando, marcando todo un proceso de re-apropiación de la ciudad, lo que escenificó en cine en la misma Los tarantos con esa integración final de Antonio Gades en las Ramblas, el núcleo duro entonces de la ciudad, dando unos pasos de baile. Luego siguió lo que tanto en arquitectura como en cine se llamó la Escuela de Barcelona (y llegó a leer los nueve puntos programáticos de la misma escritos en paralelo, cada uno en su campo, por Oriol Bohigas y Joaquín Jordá). Por último, señalando la influencia de Venturi, la llegada desatada del pop la demostró en cine con escenas de Tuset Street (Jordi Grau, 1968) y en arquitectura con un Studio PER que viajaba al mundo de Las Vegas y Disney en Estados Unidos y ese Belvedere que, tergiversando las funciones, colocaba el coche arriba, en el punto tradicionalmente dedicado a mirador. Con Antonio Pizza la Academia dio un paseo triunfal, de lo más rico, por el MUHBA.

No se debe olvidar, que como escribía antes, la jornada finalizó con una mesa redonda moderada por Juan Manuel, en la que se concretaron temas mencionados en las ponencias. El activo MUHBA, que no para de hacer actividades, está preparando unas proyecciones al aire libre que organizará la profesora Marín y afortunadamente continuará con sus estudios sobre la relación del cine con la ciudad de Barcelona.

17 de mayo de 2019

Bacelona de John Ford, con Humphrey Bogart

Preparando una conferencia sobre el cine en Barcelona, he encontrado algo muy curioso, que no conocía. En un anuncio publicado en varias revistas cinematográficas estadounidenses en 1930, que se reproduce al lado, se mencionan las tres próximas películas que va a filmar Janet Gaynor «la favorita de América», para la Fox, con tres nuevos protagonistas: John Garrick, Kenneth Mackenna y Humphrey Bogart, la que va a rodar con este último será dirigida por el gran John Ford y se titulará Barcelona
Seguí buscando información y el 30 de mayo de 1930, en el Exhibitors Herald World, se publica una nota sobre las películas que se van a rodar pronto, entre ellas Barcelona acompañando a su título, el siguiente texto: «Janet Gaynor, dirigida por John Ford, con Humphrey Bogart famoso en los escenarios de Cradle Snatchers y It's a Wise Child en el papel principal opuesto a ella». El día siguiente se publica una nota parecida en Motion Picture News y es la última información que hasta el momento he podido encontrar sobre este proyecto.
En 1930 William Fox perdió el control de su compañía, quizás por eso se anunciaban nuevos rodajes; Janet Gaynor había protagonizado ya sus películas más conocidas, aunque siete años después rodaría la estupenda Ha nacido una estrella; John Ford llevaba diez años trabajando para la Fox y el año siguiente dejaría de hacerlo. Ninguna de las tres películas llegó a estrenarse, Garrick y Mackenna, procedían del teatro y tuvieron carreras irregulares en Hollywood, desempeñando casi siempre papeles secundarios, es curioso que este último fuese muy amigo de Bogart durante sus etapas teatrales. 
John Ford no llegó a dirigir a Janet Gaynor, que tampoco trabajó con Bogart, sin embargo, Ford sí dirigió a Bogart, precisamente en 1930, en Río ariba, la primera película del actor y también de Spencer Tracy, estos dos intérpretes mantuvieron su amistad durante muchos años e incluso este, acompañado por Katharine Hepburn, fue una de las últimas personas que vio a Bogart con vida.
Ya que nunca podremos ver Barcelona, dirigida por Ford, con Bogart y Gaynor, sería muy interesante leer su guión, si es que se llegó a escribir, para comprobar cual era la visión de esta ciudad desde Hollywood y qué conflictos tendrían sus personajes relacionados con ella. Nunca es tarde y quizás algún día se descubra, y salgamos de dudas, mientras tanto, nos conformaremos con añadirlo a todo aquello que pudo ser, pero no llegó a serlo.

10 de mayo de 2019

Botas Ghirlanda → Malaparte → Godard → Cavani

Juan Manuel Botas Ghirlanda. Golfo de Capri, öleo sobre lienzo 128 x 126 cm.
Museo Municipal de Bellas Artes, Santa Cruz de Tenerife
Hace poco, navegando por la red, encontré el cuadro Golfo de Capri, que pintó Juan Manuel Botas Ghirlanda en la primera década del siglo pasado y cuya reproducción adjunto sobre este texto. Es curioso que los cuadros y casi todo, se vea ahora más en las pantallas que en la realidad, aunque la impresión no sea la misma, al verlo en Internet, he recordado  la última vez que lo vi, fue en una exposición antológica que se le hizo al pintor, lo habían colgado solo en una gran pared al fondo de la primera sala y aunque lo había visto muchas veces en el Museo Municipal de Bellas Artes, inmediatamente lo asocié a una palabra: Malaparte. ¿Y si ese promontorio en la isla de Capri era el elegido por el escritor para edificar su casa?
En 1905, Botas vendió uno de sus cuadros más grandes al Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife por una fortuna, mil quinientas pesetas (aproximadamente nueve euros), Manuel Tarquis ha escrito que al mismo tiempo el pintor empieza «a hacer política, compra con cuadros o halagos las voluntades de los concejales», demostrando que la corrupción no es solo un fenómeno contemporáneo, y logra la aprobación del Pleno municipal para que le concedan una beca de estudios de tres mil pesetas anuales, con este dinero, por fin pudo abandonar su isla perdida en medio de Atlántico, trasladándose a Roma. Se tiene noticias de que estuvo una temporada en Nápoles y, seguramente desde allí cruzó el Tirreno hasta Capri.
Treinta años después, Malaparte adquirió un terreno escarpado en la costa este de Capri llamado Punta del Massullo y le encargó a Adalberto Libera el proyecto para construir su casa, ya se ha escrito mucho sobre este edificio y sobre El desprecio, algunos hablando solo la presencia de Brigitte Bardot y otros, mas serios, ensalzando cómo Jean-Luc Godard usa ese espacio arquitectónico de una forma magistral. Hay que recodar que Liliana Cavani en La piel desaprovechó las posibilidades que le daba el edificio y cómo las han aprovechado algunos directores de anuncios publicitarios.
Habría que preguntarse si hoy en día se permitiría que alguien construyese esa casa en ese lugar, en primera línea de costa, no conozco la legislación italiana, pero estoy seguro que en España sería prácticamente imposible y que conste que no se está criticando la legislación, porque es evidente que es una salvajada destruir un paisaje como el que pintó Botas, pero también es evidente que la casa Malaparte es uno de los edificios más interesantes de la historia de la arquitectura.
Botas volvió a su isla pero, según Tarquis, tenía «su pecho minado ¡Las modelos son tan bonitas! Roma y París son perniciosas para cualquier joven de un temperamento anárquico como el de Botas. Locuras de juventud que no se pueden reparar; la tuberculosis pulmonar había hecho presa en su pecho» -como puede observarse Tarquis tenía unas nociones de medicina muy peculiares-, una enfermedad que entonces era inevitablemente mortal. El pintor acababa de cumplir treinta y cinco años cuando falleció, y en esos pocos años había visto y vivido mucho más que la mayoría de sus compatriotas insulares.
Este podría ser un buen final para esta entrada, pero lo cierto es que una vez comparadas las fotografías de la casa y el cuadro, no parece que sean el mismo promontorio, es una lástima, porque finalmente lo real pierde el encanto que podría tener en la ficción.


Captura de Google Maps

19 de abril de 2019

La mirada única

Hace muchos años que investigo y escribo sobre las relaciones entre cine, arquitectura y ciudad, y recuerdo que entonces era casi imposible encontrar libros y artículos sobre este tema. En España Juan Antonio Ramírez había escrito La arquitectura en el cine: Hollywood la edad de oro, que fue un texto pionero en el panorama mundial y no había mucho más. 
Afortunadamente hoy en día hay muchas personas investigando sobre este tema, que están publicando artículos y textos muy interesantes, también es verdad que con esa proliferación se han publicado muchos textos deleznables y oportunistas, pero esos no se van a mencionar en este blog.
Uno de estos libros notables es La mirada única: Un arquitecto piensa el cine, que recoge parte de la tesis doctoral del arquitecto Juan Deltell Pastor y que ha publicado hace poco Abada Editores. Ya he escrito en otras ocasiones que el estudio de las relaciones entre arquitectura, ciudad y cine se puede afrontar desde muchos puntos de vista y en este caso, como indica el título, se toma el del arquitecto sobre el cine, según escribe su autor: «cómo el arquitecto puede arrojar una particular mirada sobre el mundo del cine y sus realizaciones mediante la interposición de modelos de análisis y representación inherentes a su propia actividad formativa y profesional». Además he de agradecer al autor que mencione mi trabajo, aunque lo reduzca al «discurso en torno al espacio cinematográfico y su relación con el arquitectónico, analizando las estrategias visuales que permiten reconstruir mediante la proyección en pantalla plana la ilusión de un espacio cinematográfico tridimensional».
Lo único negativo de este libro es que los estupendos esquemas con las plantas de las estancias de muchas películas, restituidas y dibujadas por Deltell, se hayan tenido que reproducir a un tamaño tan pequeño que se hace muy difícil entenderlos, esto es lógico si se piensa que el libro ya tiene más de trescientas cincuenta páginas y con los planos a un tamaño legible, posiblemente hubiera llegado al doble de páginas.
Esperemos que Juan Deltell siga investigando sobre otros aspectos que relacionen el cine con la arquitectura y que su tesis doctoral no sea su único trabajo en este campo, como le ha sucedido a otros muchos investigadores para quienes estas relaciones solo fueron una excusa para obtener el doctorado.
En definitiva, un libro muy recomendable por su indudable interés para todos los que les interesan las relaciones entre cine arquitectura y ciudad.

5 de abril de 2019

Lina Bo Bardi, precisa poesía

Siempre es estupendo recibir la noticia de que la fundación arquia ha publicado una nueva película de la colección arquia/documental, la última ha sido la número treinta y ocho, titulada: Lina Bo Bardi: Poesía precisa (Precise Poetry: Lina Bo Bardi's Architecture), una coproducción austro germana, dirigida por Belinda Rukschcio y estrenada en 2013.
Tuve la gran suerte de verla proyectada en una pantalla grande en el festival de cine y arquitectura CINETEKTON! del año 2015 y ya entonces me interesó, quizás más por la obra de Lina Bo Bardi, que por el valor cinematográfico del propio documental.
Una película en la que no se habla de la vida de la arquitecta e incluso su imagen solo aparece al principio y en unas fotografías, porque lo más importante es centrarse en sus edificios a través de los recuerdos de varios arquitectos con los que trabajó, uno de ellos, Marcelo Carvalho Ferraz, cuenta que Lina Bo Bardi decía: «soy militarista, estalinista y antifeminista», tres conceptos muy políticamente incorrectos para este mundo actual, el mismo arquitecto intenta explicar estos términos, que según él eran «una provocación», del primero dice que se refería a los militares brasileños a principios del siglo XIX que fueron importantes para el país; del segundo que la victoria de los soviéticos en Stalingrado le había dejado una huella importante, porque fue un momento de inflexión en la Segunda Guerra Mundial, y respecto al antifeminismo: «ella no creía que existieran grandes diferencias en las capacidades de los hombres y las mujeres, tanto es así que dirigió una obra con trescientos trabajadores siendo mujer y era respetada como un ingeniero o como cualquier otro, ella creía que las mujeres tenían que posicionarse con más fuerza, para asumir posiciones de liderazgo». 
El título de la película mencionando a la poesía, puede llevar a engaño, es difícil relacionar a la poesía con algo que no sea la propia poesía, porque se supone que se está sublimando a aquello que se compara con un poema, sin embargo, uno de los entrevistados dice que los edificios de Lina Bo Bardi no tienen elementos añadidos que los distorsionen, como le sucede a la poesía... No es este el lugar para discutirlo, pero quizás habría que hacerlo.
Como los anteriores números de arquia/documental este tiene un libro, esta vez muy interesante, escrito por el arquitecto y profesor italiano Giacomo Pirazzoli, que complementa a la película, incluso con dos fotos de Lina y su biografía, además de otros textos y una bibliografía. Como ya escribí cuando comenté el anterior documental de la fundación arquia, «siempre habrá que agradecerle la labor que está realizando por difundir el trabajo, no solo de los arquitectos, sino además de los cineastas».

30 de marzo de 2019

El manantial sin arquitectos


Hace un momento estaba a punto de tirar a la basura algunos periódicos viejos, una actividad casi olvidada, pero que se hacía antes con mucha frecuencia, porque las casas estaban llenas de papeles, y revisándolos me di cuenta que no había leído la última columna de El País del sábado pasado, del 23 de marzo. 
Estas columnas, por cierto, un nombre muy arquitectónico, las escribe Fernando Savater y esta, titulada «Lucifera», está dedicada a El manantial. Lo curioso es que no escribe las palabras «arquitecto» ni «arquitectura», curioso porque para quienes nos dedicamos a estudiar as relaciones entre el cine, la arquitectura y la ciudad, normalmente hemos escrito y hablado mucho -quizás demasiado- sobre esta película, siempre centrándonos en los problemas de su protagonista, Howard Roark, olvidando a veces que una buena película, y esta lo es a pesar de la señora Rand, debe tener múltiples facetas y abarcar muchos aspectos polémicos, sin fijarse solo en uno, aunque sea el arquitectónico.
He añadido la columna aquí al lado, por si les apetece leerla, logrando que la composición de la página sea completamente espantosa, como sé muy poco de derechos de autor, supongo que no habrá problemas por reproducirlo, pero en el caso que los hubiera sería eliminaría de inmediato, aunque si así fuera podría leerse aquí, aprovecho para enlazar aquí otra columna relacionada con el cine que en su momento me interesó.
Volviendo al texto de Savater, debería ser una cura contra la arrogancia de tantos arquitectos que se creen, como le sucede a Roark, el centro del mundo y que todo gira entorno a ellos, además de incitar a analizar las películas desde muchos puntos de vista diferentes.

22 de marzo de 2019

Harryhausen de nuevo

Portada de Los tesoros de Colossa, nº 4
Hace bastante tiempo, David García me pidió permiso para publicar mi artículo «La invención de un paisaje mítico: Ray Harryhausen y España» en su revista Los tesoros de Colossa. Este artículo lo escribí hace ya diez años, por encargo de Asier Mensuro, comisario de la exposición Ray Harryhausen, creador de monstruos, que se celebró en la Fundación Luis Seoane de La Coruña, y se publicó en el libro homónimo en el que hay artículos de Alberto Ruiz de Samaniego y Asier, así como de Domingo Lizcano y Antonio Garcinuño, el comentario de ese libro en este blog puede leerse en este enlace.
Para cumplir con la amable solicitud de David, tuve que hacer una de las cosas que más detesto: leer uno de mis artículos de hace años y, por supuesto, corregirlo, 
Ahora Shock Ediciones acaba de publicar el cuarto número de la revista Los tesoros de Colossa, editada, maquetada y dirigida por David y me he llevado la sorpresa de que toda ella está dedicada a mi artículo, provocándome una mezcla de satisfacción e inquietud por la responsabilidad que conlleva esta situación.
Ante todo hay que decir que la portada, creada por Domingo Lizcano, me recuerda los cómics de la editorial mexicana Novaro que tanto alegraron mi infancia, en cuanto al interior, no voy a hablar de mi artículo, pero sí hay que mencionar las fotografías, muchas de ellas inéditas -al menos para mí- de los rodajes de Harryhausen en España, además de las menciones biográficas de varios técnicos que trabajaron con él en nuestro país, creo que ya solo por estas ilustraciones merece la pena adquirir esta revista, que efectivamente es un tesoro.

14 de marzo de 2019

Crítica de choque

Es evidente que este es un blog dedicado a profundizar en las relaciones entre la arquitectura, el cine y la ciudad, por lo que no tendría mucho sentido escribir sobre este libro escrito por Fredy Massad, dedicado a la crítica de arquitectura, sin embargo, hay dos cuestiones que permiten este comentario. 
La primera, que el libro menciona bastantes películas, entre ellas las hagiografías¿Cuánto pesa su edificio Sr. Foster? (Carlos Carcas y Norberto López Amado, 2010), 74 m² (Tiziana Panizza y Paola Castillo, 2012), ,REM (Tomas Koolhaas, 2016) y Big Time: Retrato de Bjarke Ingels (Kaspar Astrud Schröeder, 2012) a la que se califica como una «desvergonzada combinación de triunfalismo, vanidad y sentimentalismo»,recogiendo la hilarante, y al mismo tiempo patética, comparación que hace Ingels de Origen con la arquitectura; pero también se mencionan películas como La gran belleza y otras notables como Paraíso: Amor, dirigida por Ulrich Seidl en 2012.
La segunda cuestión por la que se menciona Crítica de choque es porque se trata de un libro que, ante todo, está bien escrito, se lee con fluidez, pero además tiene otras características que inciden en su singularidad en estos tiempos: es valiente, en él las opiniones son claras y rotundas, y no se transige con el poder político ni con el de los medios, en definitiva, es un libro incómodo, que desenmascara a los impostores y no tolera sus falacias. En definitiva, un libro que no le resultará extraño a quien conozca la trayectoria de su autor y su estupendo libro anterior La viga en el ojo.

7 de marzo de 2019

El rascacielos The Pearl

The Pearl en Hong Kong, captura de la película Rascacielos
Hace unos días, por fin pude ver El rascacielos. No recuerdo si ya he escrito aquí que -como muchos arquitectos- siempre he disfrutado con las películas de desastres, sobre todo si queda en ruinas algún edificio, por lo que era fácil que esta me gustase, sin embargo, no contaba con la presencia siempre temible de unos niños, que además son totalmente empalagosos, esa terrible herencia que los espectadores le debemos al peligroso Walt Disney y que han repetido muchos otros cineastas, como Spielberg; todo lo demás no está mal, el edificio se quema y se destruye muy bien, hay piruetas completamente imposibles, los malos son muy muy malos y ganan los buenos, que en esta ocasión son casi todos chinos, ya que la fin y al cabo son los coproductores de la película.
El rascacielos, creado por Jim Bissell, tiene formas curvas, como si lo hubiera diseñado Zaha Hadid a través de una güija comprada en una tienda -por supuesto, china- de esas que tienen de todo muy barato; según se ha escrito, por ser oriental, querían que se pareciera a un dragón, cuyo vientre es el jardín interior, sus ojos las turbinas helicoidales y la boca el espacio entre los dos "cuerpos" superiores que atrapan a la esfera que hace de perla, también se ha escrito que a uno de esos "cuerpos" le cortaron el extremo para que no tuviera forma fálica, porque parece que hay quienes ven falos en cualquier sitio.
Se supone que La perla es el edificio más alto del mundo y recoge todos los tópicos que se han de cumplir para que alguien se atreva a construir este tipo de edificaciones, está controlado por sistemas informáticos, dentro hay un enorme jardín y crea su propia energía gracias a los aerogeneradores antes mencionados, es decir, cumple con la palabra mágica: sostenible. Todo ello como si se estuviera pidiendo disculpas por tener la osadía de hacer algo que ofende tanto a la humanidad por su arrogancia, como a los dioses, quién sabe por qué, recuérdese lo que hicieron con la Torre de Babel y qué hubiera sido de las academias de idiomas sin ese desastre.
Realmente lo más interesante, como otro síntoma de la tenue relación actual entre lo real y la representación, es la gran esfera que corona al rascacielos, ya que sus paredes interiores y su suelo funcionan como pantallas, en las que se está reproduciendo a tiempo real lo que sucede en el exterior, es decir, las personas parece que están volando sobre la ciudad. Si antes las torres y los rascacielos eran unos puntos de observación privilegiados, que permitían la visión desde arriba de las poblaciones, ahora esa visión está, como casi todas, mediatizada por las cámaras, de hecho, si existiera el edificio de la película, no haría falta estar en su parte superior para tener esa misma visión en cualquier otra esfera en cualquier parte del planeta, lo que implica que ya no tendría sentido hacer el esfuerzo de subir a la cima de las edificaciones, ni tampoco ir a algún sitio, siempre y cuando se tuviera el dispositivo adecuado en casa.

14 de febrero de 2019

Sert en Un extraño en mi vida

En 1998, cuando escribí el libro La imagen supuesta: Arquitectos en el cine, había pocos medios para poder ver las películas, yo tuve un poco de suerte, porque había grabado algunas en cintas VHS cuando se habían emitido en la Televisión Española, una de ellas era Un extraño en mi vida, que estaba, como la mayoría de las otras, doblada al castellano; recuerdo que la vi muchas veces anotando sus diálogos, sobre todo, en los que el arquitecto Larry Coe (Kirk Douglas) hablaba de su profesión y con sus clientes. 
En uno de ellos un promotor inmobiliario, Stan Baxter (Kent Smith) le propone al arquitecto que haga unos bocetos para construir una ciudad en Hawai y que no hará falta que viaje hasta allí, porque hay fotografías de la zona, algún tiempo después Stan le comenta a Larry que gracias a sus bocetos se va a construir la ciudad, limpiando ocho mil acres de jungla y concluye: «El sueño de un arquitecto... cinco años de trabajo intensivo», Larry está indeciso y Baxter insiste: «Los bocetos tienen más imaginación que los de la Bauhaus. Entrarás en los anales de la arquitectura». 
En el libro escribí: «Es significativo que se cite a la Bauhaus, porque en las películas estudiadas no se suelen nombrar escuelas o arquitectos reales. Sin embargo. en la novela de Evan Hunter en que está basada la película, Baxter y Larry citan a Gropius, Le Corbusier y Mies. Parece que los guionistas opinan que el espectador cinematográfico tiene poca cultura arquitectónica y está menos preparado para recibir información que el lector de una novela», efectivamente en la novela de Hunter, en la que está basada el guión de la película, que además está firmado por el propio Hunter, se puede leer que el arquitecto y uno de sus clientes «se entendieron inmediatamente, y a los postres estaban ya hablando familiarmente de Gropius, Le Corbusier y Mies».
No había vuelto a ver Un extraño en mi vida desde entonces y hace unos días he tenido que volver a hacerlo --por cierto, con mucho agrado, porque es estupenda--  gracias al libro que estoy escribiendo, que recogerá cincuenta películas sobre cine y arquitectura, la versión que vi está en inglés con subtítulos en español y al llegar a la secuencia antes citada, Baxter le dice a Coe lo mismo antes mencionado, pero además: «igual que hizo Sert en Sudamérica en una escala menor», lo que me sorprendió tanto que volví a ver la secuencia varias veces, porque era la primera vez que lo oía. Desgraciadamente ya no tengo la cinta VHS y no sé si conservaba el doblaje original de la película cuando se estrenó en España o tenía uno posterior, pero lo que sí está claro es que habían suprimido la palabra Sert
La película se estrenó en Estados Unidos en 1960, y en España el 6 de julio de 1964, este retraso podría haberse producido por su argumento, en el que se narra un adulterio, sin que los protagonistas sean castigados por su "pecado", aunque al final tengan que separarse. En 1964 Sert vivía exiliado en Estados Unidos y era decano de la escuela de diseño de Harvard, gracias a un peculiar encargo del Gobierno estadounidense, junto con sus compañeros del  estudio Town Planning Associates, había desarrollado planes urbanísticos en Brasil (1945), Perú (1948), Colombia (1949), Venezuela (1950-53) y Cuba (1955-58), por lo que es lógico que Evan Hunter lo conociera; en 1955 se había construido su proyecto para el estudio de Joan Miró en Palma de Mallorca, por lo que había estado viajando a España y para el régimen franquista ya no debería ser un enemigo declarado, sin embargo, es posible que la Censura española obligase a suprimir su apellido, también hay otra posibilidad, que los traductores encargados del doblaje no supieran quién era y decidiesen eliminarlo... 
Este es un asunto que, sobre todo, sirve como ejemplo de las arbitrariedades que se cometen por culpa de una práctica desgraciadamente habitual en España que debería desaparecer.
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