18 de enero de 2018

La pequeña ciudad ficticia estadounidense

Cubierta del libro
La editorial Akal acaba de publicar en su colección de cine, el libro Ciudades americanas en el cine, editado por la profesora Gloria Camarero Gómez, que ya había coordinado el volumen Ciudades europeas en el cine
El libro está dividido en tres partes, la primera, recoge cinco artículos generales sobre este tema; en la segunda, «Norteamérica», se estudia el Montreal de Xavier Dolan, Chicago, Seattle y Nueva York; y por último la tercera, «Centro y sur del continente americano», hay textos sobre Arturo Ripstein y México D. F., La Habana, Bogotá, Medellín, Calí, Lima, Río de Janeiro, Santiago de Chile y Buenos Aires. 
Los autores por orden alfabético son: Antonio Aguilera Vita, Sergio Aguilera Vita, Sandro Benedetto, Gloria Camarero, Miguel Dávila Vargas-Machuca, Francisco Frisuelos Krömer, Ángel Luis Hueso Montón, Óscar Lapeña, Pablo Marín, Joao Mascarenhas-Mateus, George Melnyk, María Dolores Pérez Murillo, Pedro Plasencia Lozano, Francisco Salvador Ventura, José Luis Sánchez Noriega, Vinodh Venkatesch e Iván Villarmea Álvarez. 
En la primera parte se recoge un artículo mío, titulado como esta entrada del blog, «La pequeña ciudad ficticia estadounidense», cuyo primer párrafo es el siguiente:


La ciudad ficticia en el cine es aquella que nunca existió, ni llegará a existir, pero que al mismo tiempo puede ser todas aquellas que existen, por lo que tiene la ventaja de que las situaciones vividas por sus personajes y, sobre todo, su morfología, sirven para conocer cómo se interpreta un tipo de poblaciones reales en las pantallas, muchas veces mejor y de un modo más global que cuando una película trata sobre una urbe en concreto. No se debe olvidar que  los cineastas tienen más libertad al mostrar una ciudad ficticia que cuando se ciñen a una real ya que pueden generalizar más y con mayor libertad, convirtiéndose en «representaciones urbanas arquetípicas que sirven para saber cómo se visualizan las ciudades actuales y también cómo ha sido su influencia formal en lo real»

Si pudiera interesarles seguir leyéndolo, tendrán que comprar este libro en cualquier librería o en las especializadas como 8 1/2. Ciudades americanas en el cine es un volumen recomendable para todos los que estudian las relaciones entre cine y ciudad, así como para los aficionados al cine en general.

6 de enero de 2018

Sonido y arquitectura en Zama

En el último número de la revista caimán cuadernos de cine, el 67 [118] correspondiente a enero, las profesoras Débora Kantor y Julia Kratje entrevistan a la directora Lucrecia Martel sobre su imprescindible Zama, y una de sus preguntas está relacionada con la arquitectura: 

En relación con esta idea y con esta sensación de inmersión, ¿cómo trabajó el sonido, las voces, los ruidos, las músicas, en un espacio donde se vuelven perceptibles los umbrales entre los interiores y los exteriores? 

Zama sucede en un entorno urbano que se está armando en ese mismo momento. La capacidad de frenar el entorno más salvaje de la naturaleza es más bien limitada. Por eso, en todas las escenas de interiores se escuchan muchos insectos, porque se supone que las ventanas no tienen vidrios. No se puede frenar el sonido. Es todo un mundo muy frágil: no es el palacio con el calabozo bajo tierra en el que no se escucha nada, o una arquitectura enorme hecha de piedra, que significa que hay mucho dinero. Las casas de barro están sostenidas con fragilidad, están llenas de agujeros y fácilmente penetradas por el sonido. Elegí una forma arquitectónica de Chiquitanía, que obviamente no era una barrera para el sonido. Son iglesias muy abiertas, con las paredes pintadas, con mucha madera y muchas aberturas, mucho aire, mucha luz. Entonces, si eliges ese modelo arquitectónico estás eligiendo también una forma de funcionamiento del sonido. En exteriores intentamos utilizar sonidos de animales que parezcan medio electrónicos, porque también eso perturba todos los prejuicios que tenemos sobre el pasado. Nosotros, ahora, estamos llenos de microsonidos electrónicos. Si de golpe se apagaran las luces, si se apa­garan todas las vibraciones de las cosas eléctricas, el sonido de la ciudad cambiaría. Juntar todas las ranas, chicharras, mosquitos, pájaros que suenan, también perturba un poco.

Además de con el sonido, en la película hay otras relaciones con la arquitectura, Violeta Kovacsics escribe en su crítica a la película:

En el cine de Martel, el encuadre lo es todo. Son planos en los que la puertas y mamparas jamás permiten que se pueda observar el conjunto en su totalidad

Es cierto que Lucrecia Martel usa elementos arquitectónicos para limitar sus encuadres o para reencuadrar dentro de ellos. Hay que ver Zama, una película histórica narrada de un modo completamente actual. 

29 de diciembre de 2017

25 películas 1967 - 2017

Acaba de publicarse el número doscientos de la revista Arquitectura Vivatitulada "Doscientos: Un canon accidental 1967-2017". Su director, Luis Fernández-Galiano, escribe en la introducción:
"Arquitectura Viva llega al número 200, y mira atrás para mirar hacia adelante. Hace un cuarto de siglo publicamos ‘Tanta teoría’, donde aventurábamos la lista de los 25 libros más influyentes desde la aparición de La arquitectura de la ciudad y Complejidad y contradicción en la arquitectura 25 años antes. Ahora extendemos esa enumeración hasta 50 libros, y complementamos la selección añadiendo 50 revistas, 50 exposiciones y 50 películas o fotógrafos hasta componer un conjunto de 200 elementos que proponemos como un ‘canon accidental’ de la comunicación de la arquitectura: un canon descreído o escéptico, porque proviene de una experiencia inevitablemente sesgada, y de una biografía intelectual tan dispersa como azarosa. El guiño al canon literario de Harold Bloom es un homenaje a ese cartógrafo de las influencias, y a la vez una cita soterrada a la angustia que provocan tanto la filiación como los árboles genealógicos".
Como se unen películas y fotógrafos, cada uno de estos apartados se reduce a veinticinco, las películas son las siguientes:

Jacques Tati, Playtime (1967) 
Stanley Kubrick, 2001: A Space Odvssey (1968) 
Andréi Tarkovsky, Solaris (1972) 
John Guillennin, The Towering Inferno (1974) 
Woody Allen, Manhattan (1979) 
Ridley Scott, Blade Runner (1982) 
Wim Wenders, Paris, Texas (1984) 
Terry Gilliam, Brazil (1985) 
Tim Burton, Batman (1989) 
Peter Greenaway, The Belly of an Architect (1990) 
Eric Rohmer, L'arbre, le maire et la médiathéque (1993) 
Alex de la Iglesia, El día de la bestia (1995) 
Peter Weir, The Truman Show (1998) 
Lana Wachowski, Lilly Wachowski, The Matrix (1999) 
Sam Mendes, American Beauty (2000) 
José Luis Guerín, En construcción (2001) 
Nathaniel Kahn, My Architect (2003) 
Fredrick Gertten, The Socialist, the Architect and the Twisted Tower (2005) 
Sydney Pollack, Sketches of Frank Gehiy (2005) 
Careas, L. Amado, How Much Does Your Building Weigh, Mr. Foster? (2010) 
Charlie Brooker, Black Mirror (2011)
Ila Béla, Louise Lemoine, Koolhaas Houselife (2013) 
Luis Fernández-Galiano, arquia/maestros: Rafael Moneo (2013) 
Paolo Sorrentino, La Grande Bellezza (2013) 
David Mackenzie, Hell or High Water (2016)

De las veinticinco, siete son documentales, tres han sido publicadas por la fundación arquia y de algunas se ha hablado en este blog, hay una serie de televisión, Black Mirror y las otras diecisiete son de ficción, entre estas, siete pertenecen al género de ciencia ficción. En cuanto a sus países de origen, diez son estadounidenses, cuatro españolas -tres documentales y una de ficción- y once de otros países de Europa, si consideramos a la Unión Soviética, como una nación de ese continente. Respecto a los años, hay dos de los sesenta, tres de los setenta, cuatro de los ochenta, cinco de los noventa, cinco de la primera década del siglo XXI y seis de la segunda. En resumen, una lista a tener en cuenta.

21 de diciembre de 2017

Jacinto Esteva, cineasta y arquitecto

Cubierta de la edición.
A veces en los grandes almacenes de provincias se producen hallazgos insospechados. Hace muy poco visitando la cada vez más reducida sección de vídeos de uno de ellos, encontré una joya, sepultada entre enormes cajas de series populares, la edición que han hecho la Filmoteca de Catalunya y Cameo con la obra de Jacinto Esteva
Una edición realmente muy cuidada, primorosa -como se decía antes-, con un libro de setenta y dos páginas, y cuatro DVDs que recogen toda la actividad cinematográfica de Esteva, incluyendo hasta sus anuncios publicitarios, acompañada de muchos extras, entre ellos, entrevistas a muchos de sus colaboradores y colegas como Ricardo Bofill. Hay que añadir que esta edición quedó segunda en la lista de las mejores del años, según los críticos de caimán cuadernos de cine. 
Para los aficionados al cine es una gran suerte que todavía haya instituciones como la Filmoteca de Catalunya, dirigida por Esteve Riambau, que además de tener una programación envidiable, siguen realizando exposiciones, y editando libros y DVDs que dan a conocer la obra de cineastas interesantes, algo que seguramente debido a la crisis -la gran excusa- casi no hacen, o no pueden hacer, otras instituciones similares.
Jacinto Esteva Grewe estudió cuatro cursos de arquitectura en Ginebra y después se especializó en Urbanismo en la Sorbona de París, desgraciadamente falleció muy joven, con solo cuarenta y nueve años, pero trabajó mucho y tuvo la suerte de que su hija Daría haya batallado para que su legado se conserve y difunda. La verdad es que no he visto aún sus películas, pero estoy seguro que será fascinante explorar y descubrir las influencias arquitectónicas que haya en su cine.

16 de diciembre de 2017

Bauhaus, el mito de la modernidad

La fundación arquia ha editado una nueva película en su colección arquia/documental, la número 35, cuyo título es Bauhaus: El mito de la modernidad, dirigida por Kerstin Stutterheim y Niels Bolbrinker, ya hace unos años, en 1998. Algunos tienen el concepto erróneo de que los documentales tienen que haber sido rodados recientemente para que sean interesantes, sin embargo, este es uno de los que contradicen esa afirmación, porque, gracias a haber sido realizado hace casi veinte años, se pudo entrevistar a varios alumnos de la escuela, que aportan vivencias muy valiosas sobre los métodos de estudio y sus profesores.
El documental no solo trata sobre la Bauhaus, mientras estuvo abierta impartiendo docencia, sino que tiene la virtud de trascender, mencionando sus influencias posteriores, sobre todo, en tres países: Estados Unidos, Israel y Sudáfrica; además su subtítulo parece indicar que se pretende hablar sobre el mito de una escuela de arte considerada ahora legendaria e intachable, y hubiera sido interesante analizarla desde un punto de vista más crítico, lo que se intenta en algunas ocasiones, como cuando se comenta que no todos los antiguos alumnos al ejercer su profesión crearon obras de arte y/o edificaciones progresistas, y que algunos incluso colaboraron en el diseño de los campos de concentración alemanes.
El DVD, como todos los de esta colección, viene acompañado por un estudio, redactado esta vez por el catedrático de la Universidad Politécnica de Valencia, Jorge Torres Cueco, añadiendo además algunos textos históricos interesantes escritos por profesores de la Bauhaus y un esclarecedor cuadro con los directores y avatares por los que fue pasando la escuela. 
Como ya se ha dicho en otras ocasiones, siempre vale la pena ver los documentales editados por la fundación arquia, aunque solo sea para tener la ocasión de recorrer los grandes edificios de la historia gracias a las imágenes en movimiento, en este caso además se tiene la posibilidad de conocer mejor la actividad de artistas plásticos que fueron profesores y alumnos de la Bauhaus.

7 de diciembre de 2017

Leisureland

Vista de Leisureland
Ya he mencionado en otras ocasiones la estupenda revista caimán cuadernos de cine, en su último número, el 66 de diciembre de 2017, se publica una entrevista que le hicieron Carlos F. Heredero y Juanma Ruiz al director Alexander Payne con motivo del próximo estreno de su película Una vida a lo grande, que tiene un argumento muy sugerente: para aliviar los problemas de superpoblación en nuestro planeta, se reduce de tamaño a los seres humanos que lo deseen, con la idea de llegar a reducir a toda la humanidad, los voluntarios residen en una nueva ciudad, llamada Leisureland, la tierra del ocio, donde residen con un alto nivel de vida, como si fueran millonarios, pero no todo puede ser tan perfecto...
Heredero y Ruiz le preguntan a Payne: "Resulta también muy expresiva la dirección de arte, que parece querer hacer explícito ese aspecto  de maqueta que tiene el mundo encerrado en Leisureland ¿Se lo plantearon así por alguna razón?" y el cineasta responde: "El director artístico y yo contratamos a arquitectos y planificadores urbanos para que nos ayudasen a diseñar Leisureland. Jim [Taylor, coguionista de la película] y yo la habíamos imaginado como una combinación de Orlando, Las Vegas, Palm Springs y Disneylandia. Pero no quería que para nada la sensación que se da en El show de Truman o en Eduardo Manostijeras. No quería esa impresión de planos perfectamente encuadrados de una distopía minuciosamente planificada. De hecho, me desagrada bastante el término distopía y no lo usamos en ninguna de las conversaciones  sobre la película, tanto en términos prácticos como intelectuales".
Es curiosa la referencia a que la ciudad aparentemente idílica es una mezcla entre Orlando, Las Vegas, Palm Springs y Disneylandia, así como el poco interés de Payne por dos películas que siempre han sido una referencia casi inevitable al hablar sobre las relaciones entre cine, arquitectura y ciudad.

16 de noviembre de 2017

Visiones del espacio urbano: "Metrópolis" vs. "Ghost in the Shell"

Cubierta diseñada por Fernando Mircala
Donostia Kultura y la Filmoteca Vasca acaban de editar el número 14 de la Colección Nosferatu, titulado Distopía y cine: Futuro(s) imperfecto(s), que ha coordinado por Antonio José Navarro y cuyo contenido es fácil de adivinar por su título. Está dividido en tres apartados: "Orígenes filosóficos y literarios", "Sociedades distópicas, pasajes distópicos" y "Autoría y distopía", y los autores de los artículos son por orden de aparición: Óscar Brox, Antonio José Navarro, Tomás Fernández Valenti, Diego Salgado, Tonio L. Alarcón, Fernando de Felipe, Jesús Palacios, Luis Pérez Ochando, Elisa McCausland, Pablo Herranz, Roberto Curti, Iria Barro Vale, Ramón Freixas, Joan Bassa, Álvaro Peña, Quim Casas y Roberto Morato.
El coordinador me encargó un artículo sobre la ciudad distópica, que se publica en el tercer apartado y que lleva el título de esta entrada, debo aclarar que el Ghost in the Shell al que me refiero es la versión con personajes reales estrenada este año. 
Como este número de Nosferatu aún se puede adquirir en las librerías, reproduzco a continuación solo los dos primeros párrafos de mi artículo:

En el plano inicial de Metrópolis (Metropolis; Fritz Lang, 1927) se ve una aglomeración de rascacielos con ventanas distribuidas uniformemente, mientras la luz va cambiando, iluminando sus fachadas y formando figuras geométricas con ángulos agudos, en un fundido encadenado se pasa de esa visión urbana a unas máquinas en movimiento y después a un reloj cuyos punteros van llegando a su parte superior donde hay un cero, cuando llegan, aparece el primer intertítulo de la película, una sola palabra: “Turno”; entonces se cruzan dos grupos de trabajadores cabizbajos en formación y aparece el segundo texto: “En las profundidades de la tierra estaba la Ciudad de los Obreros”, mostrándose unos edificios iguales entre sí, con fachadas lisas y sin ornamento. En el tercer intertítulo se puede leer: “Tan profunda estaba la ciudad de los obreros por debajo de la tierra, tan por encima de ella se alzaba el bloque de casas, llamado Club de los Hijos, con sus aulas y bibliotecas, sus teatros y estadios”; aunque lo único que se muestra es esta última edificación. El siguiente título es: “Los padres, para los que cualquier movimiento del engranaje de las máquinas se transformaba en oro, habían regalado a sus hijos el milagro de los Jardines Eternos”, viéndose unas plantas y unas fuentes  donde juguetean los chicos con unas muchachas. Desde el principio se contraponen dos mundos antagónicos pero interconectados, en el subsuelo malviven los trabajadores, mientras los privilegiados disfrutan del deporte y la diversión al aire libre.
La segunda secuencia de Ghost in the Shell: El alma de la máquina (Ghost in the Shell; Rupert Sanders, 2017) comienza con un vertiginoso movimiento de cámara volando sobre las calles de una gran ciudad, entre edificios altos, como si recorriera un enorme desfiladero artificial, hasta que llega a la cima de un rascacielos donde está la protagonista observando a la población desde arriba, situada en un lugar elegido para poder escanear lo que sucede en el interior de un hotel. La urbe es abigarrada, llena de gente y vehículos, pero a pesar del aspecto exterior duro y cerrado de sus edificios, sus interiores se pueden escudriñar desde fuera gracias a la tecnología de vigilancia.

Como escribía antes, Nosferatu se puede comprar en muchas librerías reales como 8 1/2 y también virtuales y lo recomiendo, no solo a los aficionados a la ciencia ficción.

9 de noviembre de 2017

2000 maníacos

Portada del número 50
No voy a descubrir algo nuevo cuando escribo que 2000 maníacos es una revista que se ha convertido en imprescindible para quienes nos gustan las películas de ciencia ficción y terror, comenzó siendo un inteligente fanzine y siempre ha sido capaz de descubrir cineastas extraños, al mismo tiempo que ha reivindicado otros que quizás no fueron demasiado apreciados en su momento. Una publicación que sigo desde hace muchos años, incluso antes de que conociera a su creador, el gran Manuel Valencia, en Sitges, donde coincidimos con Sandra Uve como miembros del jurado de una de las secciones del festival.
Acaba de publicarse el número cincuenta y me pidieron que escribiera cinco líneas sobre alguna vivencia ocurrida en el Festival de Sitges, la verdad es que era muy difícil elegir sobre qué escribir por la cantidad de acontecimientos que le suceden a cualquiera en ese festival, pero finalmente esto es lo que se puede leer en la revista:

Mi cumpleaños del 2003, una tarde completa en la barra del bar del hotel Meliá con Josep Rosell, que me había invitado a dar una conferencia en la Escuela de Arquitectura. Una tarde bebiendo y riéndonos con amigos, con Jesús, Manuel, Sandra, Roberto, Desiré, Ángel, Antonio José, Jordi, Mirito, José Enrique... y Pedro, y Sara que ya no están, y otros que no recuerdo. Al final cena con Ana y Josep en un restaurante enfrente de la playa, mucho pescado y muchas más risas.

Pensaba poner enlaces a cada uno de los nombres para que se supiera quiénes eran, pero he decidido que mejor es dejarlo así y que cada uno le ponga a cada nombre el apellido que prefiera. Recuerdo que fue una tarde inesperada, en la que además a lo lejos, desde la barra, podía ver a Peter Greenaway y Jordi Mollá presentando Las maletas de Tulse Luper y creo que por allí también estaban Bayona y otros cineastas, pero mis amigos eran y son los que menciono.
Eso sí, recomiendo 2000 maníacos y el divertidísimo documental que han hecho sobre sus veinticinco años de existencia.

3 de noviembre de 2017

Fernando Rey, caballero del cine

Cubierta del libro
Hasta el 19 de noviembre se puede visitar la exposición Fernando Rey, cabaleiro do cinema 1917 - 2017en el fantástico Kiosco Alfonso de La Coruña, organizada por el Ayuntamiento da A Coruña, Concello da Coruña, cuyos comisarios son el catedrático de Comunicación Audiovisual José Luis Castro de Paz y el periodista Rubén Ventureira. Una exposición acompañada aemás por un ciclo con las películas del actor organizado por el CGAI.
Aunque sea complicado visitar la exposición, afortunadamente se ha publicado un libro que, editado por sus comisarios, recoge muchas fotografías y documentos inéditos muy interesantes, así como textos de los comisarios, y de David Castro de Paz, Carmen Ciller, José Miguel Company, José María Folgar, Fernando Gómez, Héctor Paz. Jaime Pena, Pedro Poyato, Esteve Riambau, José Manuel Sande y Santos Zunzunegui. Tuve la suerte de que me encargaran un artículo sobre Elisa, vida mía, una película que siempre me ha gustado mucho desde que la vi cuando se estrenó, Los dos primeros párrafos de mi artículo son los siguientes: 

La voz en off de un hombre va relatando las razones que le llevan a visitar a su padre enfermo, pronto el espectador se da cuenta que en realidad es una mujer, quien está contando su llegada a una casa casi en ruinas y aislada en medio de una llanura. Esa mujer, Elisa, viaja en un coche con su hermana, su cuñado y los dos hijos de este matrimonio; cuando llegan, la casa está abierta y solitaria, ellos la exploran y van descubriendo una serie de objetos cotidianos que le recuerdan a su padre.
Esta es la secuencia inicial de Elisa, vida mía, y tendrán que pasar alrededor de diez minutos hasta que el padre aparezca montado en una bicicleta, sin embargo, aunque este personaje, que interpreta Fernando Rey, no aparezca físicamente, ya está presente desde el principio; se ha hablado de él, se han visto su cama, su mesa de trabajo con su pluma estilográfica y sus papeles, además de que su inconfundible voz es la que se ha oído en off. Sólo un actor con su capacidad y carisma es capaz de conseguir estar presente en la ausencia.

Recomiendo este libro que pueden comprar ya en cualquier librería, como por ejemplo 8 1/2 en Madrid.

27 de octubre de 2017

El director de fotografía

Anoche impartió su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Miguel Arcángel un nuevo académico, el director de fotografía cinematográfica Juan Antonio Castaño Collado, y me solicitaron que diese el discurso de contestación o "laudatio". Como creo que quizás pueda ser interesante, copio a continuación una parte de ese discurso:

Siempre es mejor empezar por el principio y el inicio del cine comercial, está indisolublemente unido a un apellido: Lumière, que significa “luz”, por lo que, quizás por casualidad, ya desde sus inicios fue importante la luz un componente imprescindible en el denominado séptimo arte, como lo es en la pintura y la arquitectura, y que siempre ha sido una de las principales tareas y preocupaciones del director de fotografía.
En esos primeros años todo el equipo cinematográfico estaba formado por el empleado de la empresa de la familia de Lyon, que en muy pocos tiempo había enviado a sus operarios por todo el mundo, una persona que elegía el emplazamiento de su cámara, movía una manivela -recuerden que aquellos aparatos no tenían motores-, revelaba la cinta y luego la proyectaba en los salones, todo ello realizado por una sola persona, desde la localización del lugar hasta la proyección.
Poco tiempo después estas profesiones se independizaron y algunas están a punto de desaparecer, como la de proyeccionista, a causa de los proyectores digitales que funcionan prácticamente de forma autónoma. Recuerdo que quien se ocupaba de los proyectores era alguien misterioso, encerrado en una habitación oscura en la parte alta del cine, cuando empecé a ir al Cinematógrafo Yaiza Borges alguien me señaló a un joven diciéndome que era su proyeccionista, ese joven era Juan Antonio Castaño, al que entonces no conocía y quien durante la existencia de aquella quimera se ocupó de que hubiera sesiones cada día.
Pero ya que estamos hablando de cine, haremos un “flashback” y retrocederemos desde los años ochenta y el Yaiza Borges, hasta mediados de la década de los cincuenta y a Jaen; donde acaba de llegar una familia desde Almería que se muda al primer piso de una casa, casualmente encima de ellos hay un espacio fascinante con columnas salomónicas y escaleras que no llevan a ninguna parte, es el estudio de Rufino Linares Reina, un conocido fotógrafo de la ciudad, que tiene un hijo casi de la misma edad del niño que acaba de llegar y que pronto se hacen amigos, el recién llegado, que es Juan Antonio, se queda fascinado por los posibilidades de la fotografía y aprende sus rudimentos. Las casualidades, que tanto le gustan a escritores como Paul Auster, van modificando nuestras vidas sin que a veces seamos conscientes de ello y quizás si Juan Antonio hubiera tenido otros vecinos, su profesión hubiera sido otra completamente diferente.
Justo al comenzar los años setenta Juan Antonio se traslada a Madrid y tras estar dos años estudiando una carrera que no le interesa, se matricula en la Facultad de Ciencias de la Información, que acaba de abrirse en esos años. En la Capital se introduce en los ambientes musicales y teatrales como escenógrafo y músico de varios grupos independientes e incluso durante dos temporadas trabaja en la Compañía Lírica Nacional dirigida por Tamayo, como guitarrista de escena. Al mismo tiempo, es un espectador asiduo de la Filmoteca Nacional y empieza a asistir a rodajes, siendo fotofija y director de fotografía de producciones de cine independiente madrileño, entre ellas dos cortometrajes de un joven, tan solo ocho meses más joven que él, llamado Pedro Almodóvar.
A los veintiocho años le sucede un hecho que hoy está prácticamente olvidado, pero que en aquel entonces era crucial y al mismo tiempo terrible, se le acabaron las prórrogas para hacer el servicio militar, por lo que ha de participar en el sorteo de quintas y le toca hacer el cuartel en la lejana Santa Cruz de Tenerife. Otra casualidad que, en este caso, logró que el cine hecho en Canarias fuera distinto y seguramente mucho mejor.
Unos años después de llegar funda junto con otros nueve componentes el colectivo Yaiza Borges, no es necesario hablar más de ellos y lo mejor es remitirse al libro Yaiza Borges: Aventura y utopía que editó la Filmoteca Canaria, en su prólogo hace ya trece años escribí que «en su momento hizo mucho por el cine, pero además propuso una serie de actuaciones para que el séptimo arte se desarrollase en Canarias, algunas de ellas se han ido realizando y otras hoy en día aún parecen un sueño» y me temo que aún hoy lo parecen; en ese prólogo concluía escribiendo que fue «la actitud comprometida con la sociedad de una serie de jóvenes en un momento histórico determinado, una actitud viva y presente que debiera servir de ejemplo para todos».
Juan Antonio se convierte en quizás el más activo director de fotografía del cine rodado en Canarias, pero su labor no se ha limitado a la dirección de fotografía, y a mediados de los años noventa, con otros cuatro cineastas, se convierte en empresario, fundando la productora cinematográfica La Mirada, que el director José Luis Cuerda denominó la Metro Goldwyn Mayer del cortometraje español por la calidad de sus producciones. Una empresa que tras más de veinte años sigue en activo y aún con tres de aquellos socios a su frente, el propio Juan Antonio, Ana Sánchez-Gijón, y Alfonso Ruiz, con lo que un almeriense, una valenciana y un catalán, mantienen una de las más activa y duradera productora canaria. A principios de este siglo esos mismos tres socios fundan un estudio de animación, La Casa Animada, que no solo produce películas, de lo que antes se denominaban “dibujos animados”, sino que además imparten formación sobre esa materia.
Antes decía que Castaño ha trabajado en muchísimas producciones canarias, pero también lo ha hecho fuera de las islas, recibiendo premios en festivales como los de Alcalá de Henares, Madrid Imagen, Medina del Campo, L'Alfas del Pi y Elche. No voy a leerles la lista de sus trabajos, afortunadamente hoy en día quien quiere conocer las filmografías de los cineastas tiene las bases de datos de Internet y si se consulta quizás la más famosa y utilizada -100 millones de usuarios cada mes-, el Internet Movie Database (IMDb) se puede comprobar que allí figuran dos títulos como operador de cámara, dos como director de fotografía de la segunda unidad, veinte como director de fotografía, más su reciente trabajo como montador de la serie animada Cleo dirigida por Ana Sánchez-Gijón, pero lo mejor es no fiarse, porque, por muy estadounidense que sea, esta base de datos tiene errores, como le sucede a muchos libros impresos, y en esta filmografía posiblemente faltan títulos.
Antes mencionaba la formación y no se puede dejar de citar la actividad docente de Juan Antonio, tanto impartiendo cursos y talleres, como además actualizando sus conocimientos profesionales con directores de fotografía de la talla de Jack Cardiff en Estados Unidos.
Hace años algunas revistas todavía separaban a los cineastas que trabajaban en las películas en dos apartados: “técnico” y “artístico”, siendo este último el correspondiente solo a los actores y actrices, y el otro al resto del equipo, como si en éste no hubiera “arte” y la interpretación no requiriera de una “técnica”.
Lo cierto es que los denominados técnicos españoles ya habían sido reconocidos, pero sobre todo en el extranjero, por culpa posiblemente de esa mezcla de desidia y envidia que caracteriza a alguno de nuestros compatriotas, incluso recibiendo Oscars de Hollywood, como los dos del decorador Gil Parrondo y el que recibió el director de fotografía Néstor Almendros. Respecto a la técnica, este último escribió en su libro Días de una cámara que «las cualidades de un director de fotografía son la sensibilidad y una sólida cultura. Lo que llaman “técnica cinematográfica” no posee más que un valor secundario, es cuestión, sobre todo, de ayudantes. Muchos de los directores de fotografía se refugian en la técnica. Una vez se han aprendido unas cuantas leyes básicas, no resulta muy complicado este oficio, especialmente cuando se dispone de un ayudante que se ocupe del foco, de medir las distancias, cuidar la mecánica de las cámaras».
En cuanto a la cultura, Almendros también escribió sobre la influencia de las artes plásticas: «una de las obsesiones que yo considero imprescindible en la educación cinematográfica como cameraman, es el conocimiento de la pintura, sobre todo, la figurativa. Los pintores de luz, es decir, un Caravaggio, un Vermeer, un Latour, un Velázquez o un Zurbarán, nos dan ideas de formas a la hora de iluminar un rostro». Una influencia que ya ha mencionado Juan Antonio en su discurso al referirse a La isla interior y además ha escrito algo que va más allá de las influencias estéticas, que «contemplar la pintura de Hopper nos hace sentir observadores furtivos», una cualidad que entronca con el casi inevitable voyerismo de cualquier espectador cinematográfico, similar al de los usuarios de redes sociales.
En una película, desde una superproducción hasta un vídeo de YouTube, puede que no haya un escenógrafo, ni un diseñador de vestuario, ni un montador, ni un músico, ni un actor... incluso puede que no haya un director, pero es muy difícil que no exista una cámara, que ha de hacer funcionar alguien, siendo esa es la función indispensable del director de fotografía.
Una de las principales virtudes de los mejores profesionales cinematográficos -directores de fotografía, escenógrafos, diseñadores de vestuario, etc.- es su “invisibilidad”, lograr que su labor individual se integre en el conjunto armonioso que debe conformar una película. En definitiva, que su trabajo no se “note”. Los mismos cineastas dicen que si alguien al salir de ver una película, solo alaba la fotografía o la interpretación o la ambientación u otro apartado, en ese caso, la película no habrá logrado sus objetivos aunque el profesional en cuestión haya conseguido realizar un trabajo extraordinario. Se ha de lograr una integración, y al mismo tiempo una subordinación, de una parte al todo cinematográfico. Esta “invisibilidad” es una de las grandes cualidades del trabajo de Juan Antonio, realizado de un modo modesto y admirable, sin renunciar a aportaciones que, sin duda, han sido decisivas para mejorar las obras en las que ha participado 
Sin embargo, nada de esto tiene sentido sin algo muy importante, el arquitecto Renzo Piano en una entrevista muy reciente, publicada en Arquitectura Viva, declara que se ha de ser optimista: «si no crees en la capacidad de la belleza, de la vida y de los valores cívicos para construir un mundo mejor -para mí esto no es ya una utopía sino una posibilidad real- entonces es mejor que cambies de profesión porque estás en la equivocada».
Cuando en marzo de este año, la directora de cine Josefina Molina ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el también director Manuel Gutiérrez Aragón concluyó su discurso diciendo que «la Academia se renueva cuando en ella entra alguien capaz de aportar una mirada distinta, una nueva escucha, una nueva estrategia», esto es lo que sucede contigo, creo que tu mirada de cineasta enriquecerá nuestra Academia, aportando nuevos puntos de vista, que además siempre serán dinámicos como en la imagen en movimiento.
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