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28 junio 2026

Materiales escenográficos para un museo del cine

Edificio del NO-DO
(arquitecto: Luis Ortiz de la Torre, 1940)
Desde hace muchos años se ha comentado que el Gobierno iba a crear el Museo Nacional del Cine ---similar al denominado Museo Nacional del Teatro y desde 2024, Museo Nacional de Artes Escénicas---, 
incluso se llegaron a barajar varias sedes en distintas ciudades, entre ellas, Valladolid, en él que se exhibiría parte de los fondos recuperados durante muchos años por el personal de la Filmoteca Española. 
No debe olvidarse que en España ya hay otros museos dedicados al cine, desde el interesante y activo de Girona, fundado en 1998 con la colección de Tomàs Mallol, hasta incluso el denominado del Cine Profesional instalado 2012 en Villarejo de Salvanés con objetos de Carlos Jiménez.
A principios de abril del año pasado el actual Ministro de Cultura anunció la cesión a la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas del edificio que albergó al NO-DO para instalar el ansiado museo. Este hecho provocó reacciones como la del antiguo director de la Filmoteca, Josetxo Cerdán, en su artículo «El Museo del Cine ya existe, se llama Filmoteca Española».
Lo importante es que la Academia está avanzando para que haya un Museo Nacional del Cine, el mes pasado ha convocado un concurso de proyectos para su creación, una vez elegido el ganador, su objeto será, según la Academia: «el desarrollo, redacción, dirección, coordinación e implementación integral de proyecto museístico del Museo del Cine, en todos sus niveles conceptual, museológico, museográfico, estratégico, organizativo y operativo, conforme a la propuesta seleccionada», como se puede comprobar, no se menciona a la arquitectura, cuando dadas las condiciones actuales del edificio, será necesario redactar un Proyecto de Ejecución para obtener las licencias pertinentes y poder realizar las obras necesarias para adecuarlo a sus fines.
Hablando del edificio hay que recordar que en su planta baja hay unos murales pintados por José Caballero, que seguramente estarán protegidos y que deben preservarse además de por su interés artístico, porque son importantes por la poco conocida implicación de su autor con el cine, véase Directores artísticos del cine español (pág. 224).

Exponer la escenografía cinematográfica

En estos momentos en España se está modificando el nombre de los profesionales que crean los espacios cinematográficos --un tema sobre el que espero escribir pronto en este blog--, por eso, para entendernos, se usa el término escenografía con la definición de la RAE: «Arte de diseñar o realizar decorados de una representación teatral, de una película o de un programa de televisión».
La cuestión ahora es saber qué tipo de materiales y cómo han de exponerse en un museo del cine. En las exposiciones dedicadas a un --o unos-- pocos profesionales, se suele aplicar un criterio cronológico, por ejemplo en la magnífica y reciente Gil Parondo, creador de sueños: 75 años de dirección artística cinematográfica, cuyos comisarios son Óscar Sempere e Imma Parrondo.
Cubierta del catálogo de la exposición Constructores
de quimeras: Directores artísticos del cine español
.

Los materiales del futuro museo podrán estar agrupados también de forma cronológica o separados por departamentos, como el de Arte, por lo que su orden, selección y disposición, serán diferentes. Una de las formas de exhibirlos es la que adopté para la exposición Constructores de quimeras: Directores artísticos del cine español, organizada por la Filmoteca Española con la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid, y celebrada en 1999 en el Centro Cultural del Conde Duque. En ella además de mostrar unos objetos interesantes por sí mismos, se seguía un orden que se corresponde con el método de trabajo de sus creadores en aquel entonces, cumpliendo el objetivo de difundir el trabajo de los escenógrafos cinematográficos.
Se comenzaba con unos guiones con anotaciones y dibujos de los directores artísticos, para que se viera cómo empieza su creación desde el principio; después se pasaba a la documentación necesaria para crear los espacios, concretamente unos croquis hechos a lápiz por Sigfrido Burmann, así como unos álbumes con fotos antiguas de Lanzarote recopilados por Félix Murcia para Mararía; luego se mostraba el trabajo de localizar los lugares para los rodajes, como con unos montajes fotográficos hechos por Murcia en Madrid para Luces de Bohemia, y unas fotografías de construcciones existentes en Lanzarote hechas por Murcia, con unos papeles transparentes encima para saber cómo se iban a transformar esos sitios para Mararía; los profesionales también idean cómo van a verse escenas que no son estrictamente escenográficos, como un dibujo de Emilio Ruiz del Río de un bombardeo para El largo día del águila, en este apartado están incluidos los storyboards o guiones gráficos, que en España suelen estar creados por los propios directores como José Luis Borau, Álex de la Iglesia y Carlos Saura, pero también existen los del conocido pintor y escenógrafo Manuel Mampaso para producciones extranjeras rodadas en España; el siguiente paso son ya los bocetos y dibujos en perspectiva de cómo quedarán los espacios, creados con las más diversas técnicas, desde el lápiz, al ordenador,  pasando por la acuarela, guache, tinta y los collages; después esos bocetos, una vez aprobados, se han de transformar en planos, como los de cualquier proyecto de edificación arquitectónico, para que puedan ser levantados por los constructores de decorados, debiéndose mostrar las variadas técnicas de esa construcción; hay que tener en cuenta además que en España varios directores artísticos también se encargaron de hacer "trucos", lo que ahora hacen los técnicos de efectos especiales, entre ellos Burmann, Alarcón, Schild, Ramiro Gómez y el antes mencionado Emilio Ruiz del Río; respecto a las maquetas físicas, corpóreas, pueden ser de trabajo, representando a escala reducida un espacio cinematográfico o pueden usarse para los trucajes, colocadas delante de la cámara --como los cristales pintados-- para ocultar y/o reproducir un espacio a una escala real; hay además que exponer piezas de atrezo, muebles y objetos, importantes en el desarrollo de las tramas de las películas y también mostrar en pantallas los sistemas de representación digitales usados en la actualidad. Aquella exposición se celebró en la Sala de Bóvedas del Centro Cultural citado y tras pasar por varias salas agrupadas linealmente, se llegaba al final a una gran sala a dos alturas, con una escalera que daba acceso al espacio inferior, en él que se construyó una imitación de un plató de rodaje con muebles, atrezo y focos, de forma que al bajar se pasaba por debajo de la parte posterior de un decorado, viéndose cómo estaba construido. Otra peculiaridad importante es que la mayoría de los bocetos estaban junto a fotogramas de las películas correspondientes, mostrando el resultado final visto por el público en las pantallas.

Por lo tanto, los materiales relacionados con la escenografía cinematográfica que se deberían exponer en un museo son los siguientes:

Guiones anotados y sus desgloses - Documentación gráfica y descriptiva de lugares y épocas, dibujos, fotografías, vídeos - Ideas para escenas ,storyboards - Croquis rápidos a mano y línea - Bocetos y dibujos a color - Collages - Planos técnicos, plantas, alzados, secciones y detalles constructivos - Maquetas de trabajo y para efectos especiales - Partes de decorados construidos - Atrezo - Pantallas con material digitalizado y programas informáticos.

Hasta aquí un adelanto preliminar de lo que podría verse en un futuro y esperado Museo del Cine.

28 enero 2025

Un piso burgués según "Les épingles"

Les éplinges es una película producida por Gaumont en 1913, protagonizada y al parecer dirigida por Léonce Perret, que dura alrededor de catorce minutos y puede encontrarse aquí. Su título puede traducirse como Los alfileres y se refiere a las varillas puntiagudas de metal, que usaban las señoras para sujetarse los sombreros en el pelo, e hecho, la película también tuvo el título À propos d'épingles à chapeu (Acerca de los alfileres para sombreros). Toda ella se desarrolla en dos habitaciones y un pasillo de un piso burgués y en una secuencia, en la escalera común del edificio. Escribo sobre ella precisamente por la supuesta distribución interior de esa vivienda. 
Léonce va a entrar en el dormitorio. 
La acción comienza en el dormitorio donde Renée (la actriz Suzanne Grandais) está cosiendo sentada en un sillón, entra Leónce (Léonce Perret), su marido, que le trae como regalo un protector para la punta de uno de sus alfileres, a ella no le gusta, pero él le enseña la noticia de un periódico que dice: «A raíz del decreto de hoy, el Señor Prefecto de Policía acaba de prohibir en la vía pública, el uso de alfileres de sombrero que no estén provistos de protectores de puntas», ella tira el periódico de un manotazo, porque sigue sin querer el protector 
--no se sabe muy bien por qué-- y sale indignada de la habitación, cerando la puerta en las narices de su esposo, que se queda asombrado por su reacción.
El comedor en la siguiente secuencia.
La siguiente secuencia se desarrolla en el comedor, la mujer va a salir y ha sujetado su sombrero con alfileres, pero sin protector, cuando ella hace un movimiento con la cabeza, el marido finge que le ha herido gravemente en el ojo; entonces la empleada doméstica (Valentine Petit) y la esposa lo llevan al dormitorio, que se ha visto antes, y mandan a la mucama a un piso inferior, donde vive el doctor Keppenson (Émile Keppens), para que lo traiga. Éste sube y entra en el dormitorio, donde en un momento que se ha quedado solo con Léonce, éste le cuenta que su herida es falsa; cuando vuelve Renée, el doctor la hace salir de la habitación, argumentando que debe quedarse solo con el enfermo.
Renée en el distribuidor mirando por el ojo
de la cerradura de la puerta del dormitorio.
En un pasillo por fuera del dormitorio, ella mira por el ojo de la cerradura y ve a los hombres riéndose, por lo que va al comedor y finge que se ha caído hiriéndose en una rodilla, y también la llevan al dormitorio; cuando el protagonista sale, ella le cuenta al médico su farsa. Finalmente el matrimonio se queda solo en la habitación y todo se aclara, pero la mujer obliga al protagonista a que se arrodille delante de ella y le bese el pie, como muestra de su arrepentimiento. El último plano sucede otra vez en el pasillo por fuera del dormitorio, cuando la empledada doméstica vuelve y no se atreve a entrar al dormitorio por lo que oye a través de esa misma puerta.
Es interesante conocer la distribución de la casa y la posición de las estancias, siempre según los movimientos de los personajes. La habitación donde se desarrolla la mayoría del argumento es el dormitorio, en el que puede verse una cama y al fondo una cristalera con una puerta de dos hojas, a través de la que al principio entra Léonce por la derecha, vestido con un abrigo y sombrero, por lo que viene de la calle, por esa cristalera sale Renée, tras conversar con su marido. La siguiente secuencia sucede en un comedor que tiene su acceso por la derecha del encuadre, por donde llega la mujer y se llevan al marido supuestamente herido, entrando en el dormitorio por la izquierda del encuadre; la mucama sale de ese cuarto por el fondo pero va hacia la izquierda donde debe estar la puerta de entrada a la vivienda, contradiciendo la posición del marido al principio, y el lugar por el que accede con el médico, quien acompaña a la protagonista para que salga por la izquierda del enciadre a una habitación intermedia, un distribuidor o un pasillo, que no se había visto antes, por una puerta a través de la que ella ve que todo es mentira; y vuelve a entrar por la derecha al comedor, donde urde su farsa. La acción se traslada de nuevo al dormitorio al que acceden por la izquierda, el protagonista envía a la mucama a traer algo y ella hace el mismo recorrido que cuando fue a buscar al médico, quien a su vez envía al marido también a traer algo y éste sale por la derecha, volviendo con una palangana con agua, por lo que en ese sitio puede haber un cuarto de baño o podría ser también la cocina, pero no parece lógico que estuviera al lado del dormitorio, lo que se confirma cuando llega la mucama con un jarro y el protagonista le indica que vaya a llenarlo saliendo por ese lado de la habitación, cuando ella regresa, el marido le da la receta que ha hecho el médico y ella sale hacia el comedor.
Esquema con la distribución de la vivienda
1.- Entrada del marido desde la calle al principio de la película.
2.-Salida de la empleada doméstica y entrada de ella con el doctor
3.- Distribuidor intermedio o pasillo, desde el que la mujer mira a través del ojo de la cerradura
y donde al final la empleada no se atreve a acceder al dormitorio.
(esquema: Jorge Gorostiza)
Por cierto, una receta muy particular en la que al marido se le recomienda «Poner una venda a la rodilla herida. Baños de pies con cocaína» y a la mujer «Colocar una rodillera en el ojo izquierdo. Loción de mostaza».
Esta distribución tiene dos incongruencias, la primera la dirección hacia la que se va desde detrás de la cristalera del dormitorio, hacia la puerta de entrada, que va variando según va avanzando la acción, primero desde la derecha, por donde entra Léonce, después a la izquierda, por donde se va la empleada de hogar y vuelve con Keppenson, y por último, cuando por fin se va el médico, directamente por la izquierda, por el lugar donde está el comedor y sin llegar a atravesar la puerta de la cristalera .
Vista imposible de Renée a través de la 
cerradura, porque ella está en el lateral 
de esa habitación y la ve desde el frente,
donde está situada la cámara.
La segunda incongruencia espacial se produce cuando la esposa mira por el ojo de la cerradura de la puerta del dormitorio, porque en vez de ver a los personajes desde un punto de vista lateral, desde el distribuidor donde está ella, los dos hombres se ven del mismo modo que se han mostrado antes, desde delante, frontalmente, donde está situada la cámara en todos los planos en los que se desarrollan acciones dentro de esa habitación.
Estas incongruencias no son graves, ni perjudican al argumento, e incluso es posible que los espectadores no las apreciaran, pero son interesantes para comprobar cómo se concbía y construia en los primeros años del cine el espacio cinematográfico, muy parecido entonces al espacio escenográfico teatral.

Los esposos besándose ocultos.
La película, además de las consideraciones espaciales mencionadas, tiene otros aspectos curiosos, por ejemplo, en la primera secuencia el protagonista va a besar a su mujer, pero ella mira hacia la cámara, a los espectadores, rompiendo la "cuarta pared", y se niega, él también mira a la cámara y entonces coge una carpeta negra, que está encima de un escritorio y la coloca entre ellos y la cámara de forma que oculte sus cabezas, suponiendo que así pueden besarse sin escandalizar al público.
 
El otro aspecto singular se desarrolla en la última secuencia, cuando la empleada del hogar, cargada con los medicamentos recetados por el médico, vendas y otros enseres, antes de entrar al dormitorio, donde está el cariñoso matrimonio, toca su puerta, oye algo, pone cara de asombro, acerca la oreja a la madera y lo que percibe aumenta su perplejidad, al mismo tiempo que la escandaliza. Una secuencia que se anticipa a otras con puertas también cerradas en películas dirigidas por Lubitsch. Recuérdese que alguien llegó a decir que este director insinuaba más con una puerta cerrada que otros con una bragueta abierta.
El asombro de la empleada por lo que ha oído detrás de la puerta. 


21 mayo 2021

Escenografía teatral y cine. Nemesio Sobrevila

Cubierta de la edición
Nemesio Manuel Sobrevila Sarachu fue un arquitecto donostiarra, que aparte de su profesión, también se dedicó al cine, 
Copio lo que escribí sobre este cineasta en mi artículo «El cine como espectáculo: Desde la escena y la modernidad hasta la realidad» en el catálogo de la exposición Intermedios, cuya comisaria fue Aurora Herrera:
«Los espacios del cine español, como los de otros países, no solían tener estilos avanzados, pero hubo profesionales capaces de diseñar algunos notables, uno de ellos fue el arquitecto Nemesio M. Sobrevila, cuyos dibujos arquitectónicos muestran influencia del art-deco y que dirigió el  largometraje Al Hollywood madrileño (1928), rebautizada como Lo más español; de la que Sobrevila decía: “yo soy el director y el autor de la obra; el capitalista, el arquitecto, el escultor, el diseñador del decorado y de los muebles... Es mucho abarcar, ¿verdad? pero quiero asumir la responsabilidad de los resultados”, es significativo que se autodenomine “arquitecto” en vez de “escenógrafo” y que diferencie esa profesión con la de “diseñador del decorado”. La película, perdida en la actualidad, estaba compuesta por varios episodios en los que se parodiaban diversos géneros: la españolada, el de aventuras, el de terror, el histórico y el de ciencia ficción, que por los documentos que han pervivido, es el más interesante formalmente, con unos dibujos de una ciudad del futuro, que recuerdan los de Hugh Ferris, compuesta por edificios altos y con formas geométricas simples […] Tras dirigir su siguiente largometraje, El sexto sentido (1929), con un argumento poco frecuente en la época, Filmófono le ofreció escribir el guion, diseñar los decorados y dirigir La hija de Juan Simón, basada en una comedia musical que había escrito con José María Granada y se había estrenado con éxito en el teatro La Latina de Madrid en 1930; el arquitecto comenzó a filmarla en los estudios Roptence, pero se retrasó con respecto al plan de rodaje, Luis Buñuel, que era el organizador de la producción, no pudo esperar y lo sustituyó por José Luis Sáenz de Heredia. El arquitecto jamás volvió a trabajar en un estudio cinematográfico». 
Como escribí en La imagen supuesta. Arquitectos en el cine: «El caso de Sobrevila es típico del intelectual que decide introducirse en un medio que no es el suyo, logrando realizar unas películas de gran interés artístico y experimental para las que el público cinematográfico de la época no estaba preparado y cuando intenta trabajar de un modo profesional fracasa por su poca experiencia».
Hace unos semanas, encontré la edición de su obra teatral La hija de Juan Simón editada en 1930 por la entonces conocida colección La farsa, Sobrevila hizo los bocetos de los decorados de esta obra para su estreno, que después fueron desarrollados por el estupendo escenógrafo Fernando Mignoni, y también fue el director artístico de la película homónima producida por Filmófono. La edición que encontré está ilustrada y pensé que esas ilustraciones podían ser obra del arquitecto, lo que hubiera sido muy interesante, ya que se podían haber comparado con los de la película, sin embargo, en los créditos de la edición especifica: «Dibujos de Almada», que debe ser el pintor y escritor portugués José de Almada Negreiros, que vivió en Madrid entre 1927 y 1932. 
Estos dibujos son curiosos y como ejemplo, reproduzco a continuación con el que se inicia el Acto Tercero:
Según el texto, representa un «callejón próximo a la Gran Vía. Es de noche. Se ve la parte posterior de las grandes construcciones modernas. El palacio de la Prensa ilumina el espacio con sus luces rojas. Debajo de un farol dialogan dos mujeres vendedoras de su carne», como se puede comprobar, comparando texto y gráfico, Almada no reprodujo fielmente el entorno madrileño, sino que se limitó a acentuar el contrate entre los nuevos edificios que están al fondo y el paisaje urbano tradicional.
En cuanto a la relación con la película, reproduzco el del Cuadro Tercero:
Representa el «interior de una bodega en Málaga», la película también se desarrolla en una bodega y reproduzco una captura de imagen de ese decorado:
El espacio creado por Sobrevila es mucho más interesante que el dibujado por Almada, aunque es verdad que es el espacio más notable de toda la película, donde el escenógrafo mezcló sombras casi expresionistas entre arcos, con la sordidez de una taberna española.
No ceba duda que las escenografías teatrales y cinematográficas son diferentes y que lo más importante es que sirvan correctamente tanto a la obra como a la película, para conseguir el mejor efecto dramático en ambas.

09 mayo 2021

¡¡ Al cine !!

Cubierta del la edición texto
de la comedia.
El título de esta entrada es una interjección que todos deberíamos tener presente en estos tiempos. Hay que volver a las salas, a los cines que han sido obligados a permanecer cerrados y que para poder sobrevivir necesitan el regreso de los espectadores. Aunque es cierto que ahora es un buen momento para que los exhibidores cinematográficos se replanteen muchas cuestiones sobre el estado de sus locales antes de la pandemia... pero este no es el tema de esta entrada.
Navegando por Internet encontré un libro que contiene el texto de una obra de teatro titulada ¡¡Al cine!!, con el subtítulo Caricatura madrileña, escrita por Ramón López-Montenegro, que también compuso su música y que fue estrenada por la compañía de Loreto Prado y Enrique Chicote, entonces era muy popular, la noche del 22 de marzo de 1907, en el Gran Teatro de Madrid.
Intentando buscar más datos sobre esta comedia musical también encontré el estupendo artículo «Su majestad el cine. El teatro por horas y su recreación del cine de los orígenes», escrito por Daniel Sánchez Salas, que analiza muy bien una serie de obras como ésta de la que escribe «en realidad, se acerca al sainete mediante la recreación tan cómica como minuciosa de los usos y costumbres que rodeaban a una sesión cinematográfica», y además que ¡¡Al cine!! «establece una pormenorizada recreación de principio a fin de una sesión cinematográfica en torno a 1907. El barracón donde la misma tiene lugar acompaña la proyección en la pantalla con un piano y un explicador, que forma parte del personal de sala donde ya están presentes también el acomodador y el taquillero. La obra, un sainete madrileño que también coquetea con la parodia, desarrolla su comicidad a través de dos cauces principales: el comportamiento del público y, en estrecha conexión con esto, el discurso del explicador», en cuanto a los espectadores que asisten a la representación, Sánchez Salas escribe: «incluye desde un paleto a un viejo verde pasando por niños, guardias, dos señoras y un "socio" surgidos del Madrid más castizo. En definitiva, una colección de tipos en consonancia con el supuesto dominio de las clases populares en el cine durante el periodo de los orígenes».
Todo esto es interesante para saber cómo algunos autores de teatro creían que era le cine en su época, pero además, teniendo en cuenta las relaciones entre la escenografía y la arquitectura, en la edición que encontré con el texto de la obra comienza con un texto sobre cómo ha de ser la decoración, incluyendo el siguiente esquema de la distribución espacial de los decorados.
Las dos curvas que están en la parte inferior del dibujo representan el límite del escenario teatral y lo que está en medio es la concha donde se ocultaba el apuntador, que les iba recordando su texto a los actores olvidadizos. 
La obra tiene un acto y dos cuadros, el primero se desarrolla en la parte derecha que simula ser la entrada al barracón donde se van a proyectar las películas, con una mesa y una silla (H) donde está el taquillero, viéndose su pared lateral (M) que «figura ser de tablas con techumbre de lona y ostenta [sic] en algunos sitios diferentes anuncios relacionados con el espectáculo que se explota en su interior», cuando en el segundo cuadro, comienza a desarrollarse la función dentro del barracón, esa pared, que es un telón, se eleva y deja ver el interior de la sala. A la izquierda hay escenario (A y B) separado por una cortina (X) que está girado con respecto al eje longitudinal de la edificación, seguramente para que los espectadores teatrales de ¡¡Al cine!! vieran bien las actuaciones, ya que esta disposición dificultaría la visión dentro de la barraca. En ella hay dos clases, General, en la parte delantera que debía ser más barata y el público se sienta en bancos (D) y Preferencia situada detrás (E) y más cara donde los espectadores están en sillas y separados del resto de la sala por una barandilla (F), lo curioso es que hubiera dos bancos de General en la pared lateral al lado de la puerta de salida (S) que también pueden haberse colocado ahí por la misma razón que se gira el escenario, para mostrar mejor a los numerosos personajes que intervienen en la obra.
El espectáculo que se desarrolla dentro de la barraca comienza, según el texto, con «una linterna de proyecciones fijas [que] enfoca una imagen en el lienzo del escenario», estas imágenes son comentadas por un «intérprete» que debía ser el explicador que había en algunas salas durante el periodo del cine mudo, las imágenes son del Vesubio, «un paisaje con una casita a la derecha en primer término», una mancha sin imagen que un espectador describe como «ropa blanca tendida al sol en el Polo Norte» y «un paisaje castellano con varias casas»; después aparece una cantante, Miss Palanguini, y se vuelve a proyectar una imagen, esta vez de unos emigrantes, el siguiente número es el del Doctor Frescales y sus autómatas, y por último, el de la folclórica Bella Salada, tras el que se produce un alboroto y han de intervenir unos guardias. Como puede comprobarse, hasta ese momento no se han mostrado proyecciones de películas, por lo que el cine del título seguramente es un reclamo por la popularidad que había adquirido el espectáculo cinematográfico, así como una excusa para introducir una serie de números musicales.
De todos modos ¡¡Al cine!! también sirve como referencia para saber cómo podía haber sido el espacio de las barracas y al mismo tiempo, una parodia cómica del desarrollo de una función en una de ellas.

15 febrero 2018

Talento de escenógrafo

Portada de la revista
En un número de la revista Popular Film, publicado en 1927, he encontrado una entrevista con el productor y director teatral Gregorio Martínez Sierra. En ella habla sobre la puesta en escena y dice un par de cosas interesantes sobre la escenografía teatral, que pueden aplicarse a la cinematográfica:

Cada vez me pone más nervioso la decoración. Cuando voy a hacer una comedia, si tengo una decoración, no sé qué hacer con ella. Aborrezco todo lo que sean arabescos decorativos. El principio que yo tengo como director de escena es que lo más interesante es la comedia, y no hay que distraer al público con nada exterior. Por eso ensayo ahora una combinación de seis cortinas de diversos colores que se prestan a infinidad de juegos escénicos, con ayuda de luces, y de tal suerte, que la atención del espectador quede concentrada exclusivamente en la acción dramática.
Tras unas consideraciones sobre el panorama teatral francés y sus gustos personales, vuelve a mencionar a la escenografía:
Yo creo que cuanto menos talento tiene un escenógrafo, más necesita la ayuda de cosas episódicas. La prueba es que los pintores nuevos tardan unas horas en hacer un decorado, pero necesitan ocho o quince días en pensarlo. Los buenos escenógrafos tienen ya que pintar con la cabeza, y no con las manos.
Hasta aquí las discutibles opiniones de Gregorio Martínez Sierra, cuya trayectoria como dramaturgo, en cuanto a la autoría de las obras que llevan su nombre, también ha sido muy discutida.

21 octubre 2016

Escenografía y nuevas tecnologías

Imagen de La Charrette
Estoy preparando una conferencia titulada «La tecnología en el diseño y construcción del espacio cinematográfico», que impartiré en el curso «Las nuevas tecnologías y el cine: Nueva mirada desde la escritura y el análisis narrativo a la exhibición y los impactos en la producción fílmica», de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, dirigido por Aurelio Carnero Hernández y cuyo secretario es Guillermo Canero Rosell, que se impartirá en la sede de Tenerife entre los días 21 y 24 de noviembre de este año.
Es significativo que las llamadas nuevas -aunque ya no lo sean- tecnologías digitales en el cine se asocien, sobre todo, con lo que se han denominado efectos especiales, aunque se empleen no sólo para recrear fenómenos atmosféricos adversos y explosiones, sino también directamente para la creación de espacios, que es la función principal del escenógrafo, o director artístico, o diseñador de producción, según como se quiera denominar.
Es evidente que una película es el resultado de la suma de los esfuerzos de muchos profesionales, desde el guionista al montador, que han de ser coordinados por el director, cuando esa coordinación falla, es errónea o no tiene el vigor necesario, cada uno de los profesionales trabaja por su cuenta, no se llega a lograr una unidad coherente y eso se nota en el resultado final de la película. Casi siempre los escenógrafos han tenido fricciones con los directores de fotografía, que han llegado a modificar el color de los ambientes ideados por sus creadores, como también los responsables de las cámaras han tenido problemas para introducirlas en los espacios de rodaje y con la colocación de las fuentes de luz, por culpa de decorados mal diseñados.
En Estados Unidos y otros países, los diseñadores de producción coordinan también el vestuario de los intérpretes y en algunos casos los efectos especiales, una consecuencia lógica de su papel como creadores de todo el aspecto visual de una película y algo que todavía no ocurre en España. Afortunadamente en nuestro país hay profesionales de la escenografía que abogan por esa unión imprescindible, uno de ellos es Joan Artí que en su interesante blog La Charrette ha publicado ya algunas entradas sobre este tema, como ésta. Esperemos que pronto este desfase se corrija en nuestro país, posiblemente gracias a personas como Artí.

03 septiembre 2015

Óscar Tusquets. Arquitectos y escenógrafos

Montse Amenós
En 1999 el arquitecto Óscar Tusquets creó la escenografía de la obra teatral La Fundación, escrita por Antonio Buero Vallejo. Esta obra se volvió a montar veinticinco años después de su estreno y en el dominical del periódico El País se publicó un artículo titulado «La prisión de Buero Vallejo: La Fundación vuelve a los escenarios 25 años después de su estreno con el debú de Tusquets como escenógrafo», escrito por Manuel Cuéllar, en el que se hacía un rendido homenaje al trabajo de ese arquitecto: «El escenario queda ocupado por el universo de Óscar Tusquets. La primera vez que este arquitecto y diseñador catalán realiza un trabajo para el teatro», además Tusquets declaraba: «Desde hace muchos años, esperaba una oportunidad como ésta. Me parece muy extraño que, cuando una escenografía se encarga a un especialista, se piense en un pintor, pero casi nunca en un arquitecto. Creo que a muchos les apasionaría esta experiencia».
Montse Amenós, reconocida escenógrafa, diseñadora de vestuario y en aquel momento presidenta de la Associació d'Escenógrafs de Catalunya, no tardó en mandar una carta al director del periódico, que se publicó en la sección correspondiente, en la que comentaba las declaraciones de Tusquets: «A raíz del reportaje "La prisión de Buero Vallejo" y en calidad de presidente de la Associació d'Escenógrafs de Catalunya, entidad de reciente formación que tiene 51 profesionales de la escenografía como socios, quisiera ante todo felicitarles por el reportaje y congratularme de que la escenografía ocupe un lugar tan predominante en el mismo pero, simultáneamente, lamentarme de que la noticia lo sea por el hecho de ser un prestigioso arquitecto el autor de la misma» y continuaba «El señor Tusquets, profesional y artista al que admiro profundamente, manifiesta en el citado reportaje que le parece extraño que cuando una escenografía se encarga a un especialista se piense en un pintor, pero casi nunca en un arquitecto, y cree que a muchos les apasionaría esta experiencia. Ha olvidado mencionar a otros especialistas: los escenógrafos. A muchos de nosotros también nos apasionaría la experiencia de colaborar en los proyectos arquitectónicos de la construcción y reforma de los teatros. Es sin duda enriquecedor el hecho de que distintas disciplinas que tienen tantos puntos en común se invadan unas a otras, pero me duele comprobar que la escenografía sólo es noticia justamente cuando ejerce un artista invitado».
Es difícil negar que Montse Amenós tenía razón y todavía hoy, más de quince años después, se sigue dando más importancia en los periódicos a las declaraciones de arquitectos estrella que a otros profesionales.

18 diciembre 2014

SCSA. Study Center for Scenic Arts

Ya he escrito en otras ocasiones sobre le excelente revista The Scenographer, en la que se publican textos sobre escenografía y otros temas afines, coeditada por Maria Harman y Paolo Felici que además es su director artístico y diseñador gráfico.
En su página web se puede encontrar una referencia al SCSA Study Center for ScenicArts, que según se especifica en la mencionada página “es una asociación cultural sin ánimo de lucro con el objetivo de crear un "laboratorio abierto" pan-europeo para promover las habilidades colectivas de escenógrafos y otros profesionales del diseño, que proporcionará una plataforma para la difusión del conocimiento y el impulso creativo a través de un esfuerzo constructivo para fortalecer la relación entre la tecnología y los profesionales. SCSA tiene su sede en el Reino Unido y en Italia, pero, por la misma naturaleza de su actividad, trabajará en la creación de una red de centros satélites en Europa y en otros lugares con el fin de fomentar proyectos de colaboración y alianzas con artistas, diseñadores, técnicos, arquitectos, académicos y estudiantes”.
Una de las acciones del SCSA ha sido crear un archivo con documentos de interés para todos los profesionales del diseño, que se puede encontrar en la sección “Training” de su página, ahí hay vídeos y descargas, éstas están divididas en Diseño Teatral, Tecnología Escénica, Televisión, Proyectos, Diseño Expositivo, Diseño de Vestuario y  Diseño de Producción, que es el apartado que más atañe a este blog y que a su vez se subdivide en Artículos, Entrevistas y Retratos. Los tres son sumamente instructivos -en el último citado hay uno estupendo sobre Stuart Craig-, pero sin duda el más apasionante es el dedicado a las entrevistas: dos con el gran Ken Adam, otras dos con Grant Mayor, una con Peter Lamont y la última por ahora con Raffaella Giovanetti.
Este archivo documental va a seguir ampliándose por lo que pronto puede llegar a convertirse en un referente fundamental para el estudio y la práctica de la escenografía.

26 enero 2014

The Scenographer: Pier'Alli

Portada del último número de la revista
Hace ya cuatro años que comenté una lujosa revista llamada The Scenographer, publicada por la empresa londinense SCSA (Study Centre Scenic Arts) y cuyo coeditor, director artístico y diseñador gráfico es Paolo Felici, ayudado en la edición por Maria Harman. Una revista en la que entonces podía leerse en sus portadas International Journal of Production and Costume Design, y que ahora se ha cambiado especificando International Journal of Set and Stage Design, si antes estaba dedicada a la escenografía teatral y cinematográfica, así como al diseño de eventos e incluso de parques temáticos, ahora está más centrada en el teatro, limitando más su contenido, pero sin perder interés.
Como sus responsables escriben: "The Scenographer es el resultado de un proyecto editorial que se creó con la intención de enriquecer las habilidades artísticas y técnicas de los que trabajan en el campo de las artes escenográficas y representa un importante e influyente medio de comunicación para los profesionales jóvenes y consagrados".
Ahora me ha llegado el número correspondiente a otoño del año pasado, dedicado casi en su totalidad al fantástico trabajo del escenógrafo teatral Pier'Alli, con artículos de Ivana D'Agostino y Dino Villatico, y unas magníficas fotografías de escenografías en óperas como El anillo de los Nibelungos, Tristán e Isolda, El oro del Rin, Fidelio y Aida, y otras obras, como un curioso Alexander Nevsky basado en la película dirigida por Eisenstein. Este número además recoge un artículo sobre la empresa de vestuario Annamode Costumes, así como otros tres sobre las sociedades de construcción de decorados Old and New Montecarlo, Mekane y Spazio Scenico. Ya esta anunciado el próximo número de The Scenographer que estará dedicado a Henning Brockhaus.
La SCSA prepara muchas actividades para este 2014 de las que se irá dando cuenta en este blog y además una buena noticia es que se ha digitalizado The Scenographer  estando disponibles en formato PDF dieciséis números, publicados desde 2002, con cerca de novecientas páginas, en los que se recogen entrevistas, ensayos y opiniones sobre los principales protagonistas de la escena mundial, junto con más de seiscientas imágenes fotográficas y está disponible a un costo de cinco euros por copia; los interesados en la colección puede enviar su solicitud a info@thescenographer.org o visitar la página de la revista www,thescenographer.org.

26 marzo 2013

Hitchcock, el miedo y la arquitectura

Hace unas semanas me mandó un correo electrónico Lucía Martínez Alcalde, alumna de quinto curso de Filosofía y Periodismo de la Universidad de Navarra, en el que me decía que es responsable de la sección de arquitectura de un monográfico que están preparando para un proyecto sobre Hitchcock y el miedo, y por eso me solicitaba hacerme una entrevista.
Siempre me ha interesado Sir Alfred y su habilidad para manioular la arquitectura, recuérdese que ejerció como escenógrafo antes de ser director, por lo que acepté y Lucía me mandó unas preguntas incisivas y tan complejas, que cada una de ellas casi merecería una tesisl.
No se puede profundizar mucho en una entrevista, pero creo que mis contestaciones podrían ser útiles a quienes les interesen las relaciones entre cine y arquitectura y por eso las transcribo a continuación:

En la entrevista que le hicieron en el Studio Banana afirma que «el cine y la arquitectura se necesitan el uno al otro». La influencia de la arquitectura en el cine puede verse más fácilmente, pero ¿En qué influye el cine en la arquitectura? ¿Realmente es una relación bidireccional?

Primero querría precisar que hoy en día en vez de hablar de cine, que es un espectáculo en recesión, es más correcto generalizar y pensar en las imágenes en movimiento, que pueden aparecer desde en la gran pantalla de un Imax, hasta en la diminuta de un móvil. Teniendo esto en cuenta, la realidad, que ha ido cambiando con el tiempo, está cada vez más "espectacularizada", cada vez estamos rodeados de más pantallas y la arquitectura que construye espacios en esta realidad no puede disociarse de las imágenes en movimiento, que influyen tanto en los recuerdos y la mente del arquitecto cuando proyecta, como en la edificación de grandes complejos basados en ellas, y en la construcción de edificaciones para el espectáculo o directamente dentro de entornos virtuales.

Los espacios en los que nos movemos -la propia casa, el lugar de trabajo, la calle, la ciudad…- nos pueden generar diferentes emociones ¿Qué peso tiene el diseño arquitectónico en esto?

No entiendo mucho de emociones, pero creo que surgen de muchas fuentes, sin duda, una de ellas puede crearse con la calidad del diseño de los espacios. Basta recordar que las catedrales góticas estaban construidas para asombrar y provocar sensaciones a los feligreses, lo mismo que sucedió con la arquitectura del Barroco, que además se convirtió en un eficaz medio de propaganda de las creencias y fastos eclesiales.

¿Cómo cree que la arquitectura puede generar tensión o miedo?

Sinceramente no tengo ni idea, ni como arquitecto, ni como persona, me interesa generar miedo, pero supongo que, como decía antes, si se logró que la gente se sintiese emocionada espiritualmente, con la arquitectura también se podrá conseguir generar tensión e incluso terror.

Hay algunos elementos arquitectónicos que Hitchcock utiliza recurrentemente para crear suspense o miedo, como las escaleras y las ventanas, objetos que son muy cotidianos… ¿Cómo los convierte en elementos para crear esas emociones?

Una de las formas de crear tensión consiste en introducir lo anormal en lo normal, y si esto último además es habitual y cotidiano, el efecto será aún mayor. La ventana y la escalera son elementos arquitectónicos muy empleados y conocidos por el espectador, pero tienen unas características con las que un cineasta hábil puede jugar. En el caso de la ventana hay un marco, similar al de la pantalla que está mirando el espectador, que limita la visión y al mismo tiempo suele haber una distancia entre el observador oculto situado en un interior y lo observado que está en el exterior o en otro ámbito -puede haber más de una ventana-teniendo en cuenta que observador y observado no pueden alcanzarse con rapidez a causa del cristal; el marco y la separación logran generar la tensión y el suspense. En cuanto a la escalera, comunica planos situados a distintas alturas, que tienen características diferentes entre sí -por ejemplo, un espacio publico y otro privado- pero, al contrario que la ventana, la escalera permite el acceso entre ellos, mientras transcurre el tiempo que tarda un personaje en transitar por sus peldaños, a ello se añade la oportunidad de colocar la cámara en distintas posiciones o moverla acompañando al personaje, enfatizando las sensaciones que se quieren transmitir o provocando el suspense.

Hitchcock también tiene una habilidad especial para hacer de las casas lugares amenazantes, a pesar que en principio, una casa, un hogar, es un sitio de intimidad, de seguridad, de tranquilidad ¿Cómo lo consigue?

Con las casas sucede lo mismo que con los elementos antes mencionados, cuanto más conocidos sean, mayor es la posibilidad de introducir elementos extraños que provoquen sorpresa y tensión. No se debe olvidar que en las pantallas no sólo se muestran los espacios, sino que el cineasta usa instrumentos para provocar emociones, por ello, aunque la forma de esos espacios sea especial no tiene por qué ser el único elemento inquietante, porque se puede jugar con la música, los sonidos extraños y un montaje de imágenes que provoquen esa amenaza.

¿Podría calificarse la escenografía de las películas como arquitectura efímera?

Si se habla de decorados, la escenografía puede calificarse de ese modo en cuanto a los materiales con que se crea y porque suele destruirse o modificarse después del rodaje, pero al mismo tiempo queda fijada para siempre en el celuloide, mientras que edificaciones construidas con materiales más sólidos y perennes se van deteriorando y pueden terminar desapareciendo.

¿Y como arquitectura fragmentada?

También se puede calificar así, porque lo que aparenta ser un único edificio en las pantallas, puede haber sido rodado en varios decorados o edificaciones existentes, situadas en lugares muy distantes entre sí.

¿Le parecen adecuados / importantes / interesantes los estudios transversales de arquitectura que trabajan con otras disciplinas, por ejemplo, OMA de Koolhaas?

Me parece tan fundamental que llevo haciéndolo desde que acabé mi carera de arquitecto. De todos modos, creo que los profesionales con una obra más notable siempre han sido seres con curiosidad y les ha fascinado todo lo que les rodea, ya sea la naturaleza, como el arte o la imagen en movimiento.

26 agosto 2011

Escaleras

Lo que el viento se llevó
(Gone with the Wind, Victor Fleming, 1939)
En el recomendable blog Tocho se publicó hace unas semanas un interesante vídeo comparando dos escaleras de dos películas del director ruso Mikhail Kalatozov: Cuando pasan las cigüeñas (Letiat Jouravly, 1957) y Soy Cuba (1964) , por cierto, un cineasta notable, pero cuya última película, La tienda roja (Krasnaya Palatka, 1969), fue una olvidable superproducción italosoviética con un atónito Sean Connery interpretando nada menos que a Roald Amundsen. Este elemento arquitectónico ha sido fundamental en muchos espacios cinematográficos en toda la historia del cine y quizás uno de las más conocidos sea la que aparece en la ilustración, junto con las de Odesa de El acorazado Potemkin.
Ahora he encontrado un curioso vídeo en el que se comprueba como una misma escalera se empleó para muchas películas, en este caso la que se construyó en 1949, en los estudios de la Warner Bros, para El rey del tabaco (Bright Leaf, Michael Curtiz, 1950) y se usó durante los primeros cincuenta, modificando algunos de sus elementos; el vídeo que pueden ver en este enlace, recoge catorce de estas películas y es un interesante trabajo de recopilación .

16 agosto 2011

El primer anuncio II

Unas semanas atrás publiqué un texto sobre el primer anuncio publicitario (o uno de los primeros) de un director artístico, Albert Bela Viragh-Flower, en el que decía que había muerto en Nueva York el 5 de febrero de 1922, poco tiempo después de que se publicase su anuncio, ese posible primer anuncio.
Hace poco descubrí en la revista Film Daily de 9 de febrero de 1922, la siguiente noticia:  «Hoy en la Funeraria Campbell se llevarán a cabo los servicios fúnebres por Albert Bela Viragh-Flower, el conocido director artístico que se hirió en el ascensor usado en el estudio Mirror alrededor de dos semanas atrás, cuando en el apartado de Richmond Hill de Queens cayó al fondo del foso. Flower fue trasladado al Sanatorio Stern, donde le amputaron la pierna izquierda. Un envenenamiento generalizado en la sangre tuvo resultados fatales».
Es curioso que, Emilio Pozuelo, el primer director artístico que trabajó regularmente con un estudio cinematográfico español, también falleciera en a causa de un estúpido accidente, en esta ocasión de bicicleta. Parece como si la figura de Viragh-Flower persiguiera este blog para que se fueran completando sus datos.

08 julio 2011

El primer anuncio

Hace unos meses encontré en el anuario Motion Picture Studio Directory, editado en EE.UU. en 1921, el que podría ser el primer anuncio de un director artístico, y escribo «podría ser», porque es el primero que he encontrado, pero puede haber otros anteriores.
Lo publicó, supongo que pagándolo él mismo, un profesional muy poco conocido, A. Béla Viragh-Flower y, como pueden leer, tiene un texto en el que se denomina a sí mismo «creador de interiores que sugieren belleza artística, simplicidad y atmósfera expresiva para la estrella y actores que inspiran el elemento vital en su arte».
En el interior del anuario hay información, seguramente, como siempre sucede en este tipo de libros, facilitada por él mismo, por lo que no puede afirmarse que sea veraz, en ella se dice que su nombre completo era Albert Béla, que se educó en Budapest, estudió arquitectura y decoración en Baviera, y «technical art» en Múnich, su carrera en la pantalla como decorador de interiores, literalmente es la siguiente: «Thanhouser, Clara Kimball Young, Park and Whiteside, Perry Play Inc. ("The Soul Within")» y por último da los datos de su dirección en Nueva York. Analizando su trabajo cinematográfico, «Thanhouser» no se refiere a Tannhäuser, la ópera de Wagner, sino a la Thanhouser Film Corporation que, fundada por Edwin Thanhouser (1865 - 1956), produjo cerca de mil películas desde 1910 hasta 1917; Clara Kimball Young era una gran estrella de la época, que también produjo unas pocas cintas; Park-Whiteside Productions produjo pocas películas, entre ellas Empty Arms, dirigida por Frank Reicher en 1920, en la que figura Viragh-Flower como director artístico; Perry Plays era otra productora de corta trayectoria, y The Soul Within parece el título de una película, pero aún no he encontrado datos sobre ella. Además se sabe que en 1920 Viragh-Flower fue el director artístico de The Scarlet Dragon, dirigida también por Reicher. Es cierto que en aquellos años los títulos de crédito no solían incluir a todos los técnicos, por lo que es imposible afirmar que no trabajase en otras películas, sí se tiene noticia que falleció en Nueva York el 5 de febrero de 1922, poco tiempo después de que se publicase el anuario.
La paradoja es que este profesional pueda pasar a la historia por haber sido el primero en aparecer en un anuncio y sin haber desarrollado una carrera notable. Otro ejemplo de que aquello que se publica, lo que se aparenta, desgraciadamente es más duradero y supera a la realidad.

14 enero 2009

Tres notas sobre el director artístico

En España se denomina director artístico al responsable de crear los espacios que aparecen en las pantallas cinematográficas. Quiero aportar aquí tres apuntes sobre esta profesión.
El primero está en un libro, The Cinema and Directing, aparentemente escrito por el temible, y a la vez ridículo, dictador norcoreano Kim Jong II en 1987: «La calidad de la película depende primero y principalmente en cómo trabaja el director con el diseñador artístico. Los defectos en el diseño artístico no pueden ser rectificados durante el rodaje. El trabajo con el diseñador artístico es el primer paso para transformar la concepción del director en una representación cinemática. La interpretación que el director ha concebido y escrito recibe su primera expresión visual en su trabajo con el diseñador».
El segundo es de Marjorie Bilbow, corto y lacónico: «Los directores artísticos son los hombres invisibles del cine».
Por último mi propia definición sobre lo que es, o debería ser, un director artístico: «el director artístico es el profesional que crea todos aquellos elementos que se ven en una película alrededor de los actores, abarcando su responsabilidad desde idear los espacios donde transcurre la acción, hasta elegir los objetos más pequeños que usarán los personajes, pasando por la transformación de la realidad adecuándola a los requerimientos de un guión predeterminado, que además podrá enriquecer o mejorar gracias a su trabajo». Publicado en La profundidad de la pantalla. Cine + Arquitectura, pág. 221.

07 diciembre 2008

Arquitectura y Cine

LA REALIDAD

Antes de comenzar a estudiar los profesionales reales que han intervenido en el cine y los ficticios que el séptimo arte ha "inventado" para mostrarlos en la pantalla, lo lógico es empezar con una panorámica de las relaciones entre el cine y la arquitectura. Una panorámica que pueda servir para centrar el tema, dando además la posibilidad de abrir caminos a futuras investigaciones.
Cuando el espectador entra en la sala de cine vive la realidad, su realidad. En el momento que se apagan las luces y empieza la película, comienza una historia que sucede en un espacio y un tiempo normalmente falsos, reproduciendo o creando otra realidad donde se sumerge el público, que abandona lo que le rodea. La ilusión debe ser completa y la introducción en ese otro mundo, total. Por lo tanto para el espectador hay dos realidades que se superponen.
Es evidente que el espacio y el tiempo cinematográficos no son reales con respecto a los del espectador, tanto uno como otro pueden ser falseados, aunque den la sensación de ser verdaderos. Y a esa sensación contribuyen los decorados que influyen decisivamente en el aspecto visual de la película e incluso en su argumento.
Las relaciones entre la arquitectura y el cine se van a estudiar desde dos puntos de vista. Primero desde el cine hacia la arquitectura, es decir la arquitectura que se hace en, o para, el cine y que que ha quedado para siempre impresionada en las películas. El segundo punto de vista es simétrico, desde la arquitectura hacia el cine, intentando explicar cómo influye el séptimo arte en la arquitectura construida o en las concepciones arquitectónicas de los profesionales.

CINE Y ARQUITECTURA

La relación más habitual entre cine y arquitectura, y la única que se ha encontrado en la mayoría de las ocasiones, se ha establecido estudiando sus aspectos formales. Es decir a través de las edificaciones que se muestran en la pantalla y su clasificación dentro de un determinado estilo o corriente arquitectónica.
Crear la forma de las edificaciones que aparecen en el cine es el objeto de la escenografía cinematográfica y por lo tanto para conocer estas formas es imprescindible estudiarla.
La escenografía, tanto teatral como cinematográfica, se ha considerado hasta ahora subordinada a la arquitectura, por creerse que es sólo un medio para reproducir espacios. No es este el lugar propio para desarrollar un teor’a de la escenografía, pero por los primeros pasos que el autor ha dado en un estudio que está comenzando a desarrollar, parece que se pueden establecer una serie de pautas diferenciadoras que inducen a pensar en la escenografía como una disciplina autónoma, que cuenta con un lenguaje y unos instrumentos específicos.
Dejando aparte esta hipótesis de trabajo, aún no suficientemente probada, se puede partir de la base que las analogías entre escenografía y arquitectura son suficientes al ser su objeto la construcción de espacios.
Por ello es conveniente empezar estableciendo una definición de la escenografía. El Delegado de la especialidad de Decoración en la Escuela Oficial de Cinematografía española escribía que la escenografía en el cine "consiste en reproducir una realidad adaptándola a unas circunstancias de espacio y tiempo que faciliten al máximo un futuro rodaje" .
Esta definición evidentemente es limitada y refleja la posición subordinada, que antes se citaba, ante la arquitectura.
La escenografía no sólo sirve para reproducir la realidad, incluso cuando se ha eludido esta realidad se ha logrado llegar a unas cotas más altas de creatividad, consiguiendo al mismo tiempo los objetivos a que está destinada.
Esta línea comenzó con el cine expresionista alemán y debe recordarse que la mayoría de los objetos de esta tendencia que se llegaron a construir se vieron en una pantalla. Una línea que al optarse por el realismo no tuvo casi continuidad en el cine mundial y mucho menos en el norteamericano, en el que puede rastrearse en algunas películas musicales.
Volviendo a la definición de escenografía, una de las más completas la establece Elena Povoledo, cuando dice que es: "el arte y la técnica figurativa que prepara la realización del ambiente, estable o provisional, en el cual se finge una acción espectacular. Por extensión se emplea también para indicar el conjunto de los elementos, pintados o construidos pero siempre provisionales, que ayudan a crear el ambiente escénico" .
La escenografía tiene dos formas de reproducir una realidad: repetirla en un estudio, o usarla directamente transformándola al rodar en exteriores.

Espacios ficticios

Para el Delegado de Decoración en el texto antes citado, lo más lógico en el momento en que escribía era rodar en estudio, por eso continuaba: "Cualquier otra actividad: Dirección, Producción, Cámara o Interpretación, pueden desarrollar sus ejercicios e incluso brillantemente, sin necesidad de un plató. No así nosotros, que necesitamos de ese imprescindible espacio cubierto y acondicionado para ejercitar y practicar las enseñanzas recibidas".
Aunque parecería más fácil repetir la realidad en un estudio, surgen multitud de problemas, algunos tan insospechados como los que contaba Wim Wenders cuando le preguntaban por las diferencias en el momento de colocar la cámara en estudio o en exteriores : "En un estudio siempre hay que estar evitando los encuadres hacia arriba, los contrapicados porque puede verse el techo. Así que hay que colocarse alto y rodar, encuadrar hacia abajo. Lo más difícil de imitar, de hacer intuir, si hace falta, es el cielo, aunque esto puede parecer algo trivial" .
La realidad de los decorados construidos en estudios puede llevar a la frustración frente a la realidad que se presenta en la pantalla: "Porque si se entra en el cine, se descubre directamente que es muy poco fascinante, muy aburrido: nunca hay menos realidad que en un set, porque el set no es nada, es la película la que lo hace especial. Se puede muy fácilmente sobrestimar la influencia del cine, del haber hecho cine: hacer cine, es la desmitificación completa del cine" , declaraba el arquitecto Rem Koolhas. Sin embargo el director Raul Ruiz decía que "las emociones que producen los decorados, los elementos móviles, son algo difícil de trasmitir en el cine. Cuando estás en un estudio la visión lejana del paisaje es una cosa, cuando te acercas ves cuán distinto es todo aquello" .
A esta sensación se suma otra diferencia entre la escenografía cinematográfica y la arquitectura. Una de las limitaciones del escenógrafo consiste en que, tal como contaba el director artístico Gil Parrondo: "en decoración normal un buen decorador todo lo que toca es para embellecerlo, para hacerlo más elegante. En cine, a veces hay que convertir un ambiente normal en algo horrendo para que vaya bien con la secuencia, con el personaje. El decorador de cine tiene que enamorarse a veces de una cosa de mal gusto, de una falta de armonía entre dos muebles. Eso es lo apasionante del decorador cinematográfico, que en cierto momento tiene que gustarle una cosa horrorosa" . El buen director artístico se diferencia del buen arquitecto por su capacidad de repetir la realidad de una forma tal, que puede tener la obligación de hacer algo que va contra su gusto estético.

Espacios reales.

Pero como antes se dijo también se puede rodar en exteriores, en la propia realidad transformándola. Algo que han hecho muchos directores artísticos y que algunos críticos han atribuido a directores como Vincente Minnelli: "Los escenarios elegidos por Minnelli pueden ser reales, o reproducciones de lugares reales, pero están tan cuidadosamente seleccionados que se convierten en subjetivos, y adquieren a veces gran importancia simbólica" .
La elección del lugar ya supone una selección de espacios que luego son modificados por el objetivo de la cámara y su posición.
El uso de emulsiones más sensibles para las películas hizo, entre otras razones, que se empezase a rodar en exteriores, y si se rodaba en la calle, ¿por qué no elegir buenos edificios para servir de escenarios?.
Quizás por eso, Man Ray filmó Les mystéres du Cháteau du dé (1929) en la casa que Mallet Stevens le construyó a los Noailles, o directores como René Clair situaban la acción de París dormido (Paris qui dort, 1923) en lo alto de la Torre Eiffel. Las edificaciones de altura siempre han fascinado a los cineastas, King Kong es abatido en 1933 desde la cúspide del edifico más alto del mundo en su tiempo, del Empire State Building y en 1976 cae de las Torres Gemelas, que en aquel momento ya habían superado al Empire en altura. La parte más alta de otro rascacielos, el Chrisler, es elegido por una gigantesca serpiente emplumada azteca para construir su nido en La serpiente voladora (The winged serpent, Larry Cohen, 1982), confundiéndose la arquitectura art-deco con la fisonomía del monstruo. El edifcio Chrisler ha sido además elegido por Woody Allen en varios de sus películas como símbolo de Nueva York y como uno de los edificios más destacados de la ciudad, en el recorrido que les hace su alter-ego, el arquitecto David Tolchin, a dos chicas en Hannah y sus hermanas (Hanna and Her Sisters, 1986).
Volviendo a París, Orson Welles rodó El proceso (Le procés, 1962) en la Gare du Orsay, y Bernardo Bertolucci hizo que Marlon Brando y María Schneider se encontrasen en el edificio de la Rue Vavin de Henri Sauvage -mostrando una vivienda como pocas veces se ha hecho en el cine- en El último tango en París (Ultimo tango a Parigi, 1972). La misma María Schneider deambuló con Jack Nicholson por los edificios de Gaudí en El reportero (The passenger, Michelangelo Antonioni, 1974), un Antonioni que había comenzado y finalizado su Blow-Up (1966) con unos mimos alrededor de la sede londinense del Economist, obra de Alison y Peter Smithson. Dirk Bogarde había fijado su residencia en el Karl Marx Hoff vienés en Portero de noche (Il portiere di notte, Liliana Cavani, 1975). Más recientemente Eric Rohmer en Las noches de la luna llena (Les nuits de la pleine lune, 1984) y Terry Gilliam en Brazil (1984) obligaron a que sus personajes viviesen -malviviesen en el segundo caso- entre los edificios que proyectó Ricardo Bofill en Marne-la-Vallée. Wim Wenders situó el cuartel general de los ángeles berlineses en la Biblioteca Estatal de Hans Sharoum en El cielo sobre Berlín (Der himmel Über Berlin, 1987) y en España, Carlos Saura usaba edificios de Javier Carvajal en La madriguera (1969).
Los edificios de Frank Lloyd Wright también se han usado directamente para el rodaje de algunas películas. En Hannah y sus hermanas (Hanna and Her Sisters, 1986) una de las protagonistas pensaba "No comprendo cómo se me ocurrió decir esa tontería sobre el museo Guggenheim. Ese chistecito imbécil de que hay que ponerse patines para verlo". Un edificio en el que se celebraba un cóctel en Vida y amores de una diablesa (She's Devil, Susan Seidelman, 1989) y que Ridley Scott usó en La sombra del testigo (Someone to Watch Over Me, 1987) para otra escena en la que también había otro cóctel. Por lo que es posible que algunos espectadores desinformados empiecen a creer que el edificio no es un museo sino un lugar para dar fiestas. Ridley Scott además situó la vivienda del gángster japonés de Black Rain (1989) y la del protagonista en Blade Runner (1982) en la casa Ennis, usada también en Hembra (Female), la historia de una ejecutiva precursora de los yuppies dirigida en 1933 por Michael Curtiz. Este es un caso curioso, en el que un mismo decorado sirve tanto para reflejar un presente optimista y avanzado en los años treinta, como un futuro apocalíptico en los años ochenta.
Los edificios de las nuevas estrellas de la arquitectura también se han utilizado en el cine, como en Ocho millones de maneras de morir (8 Millions Ways to Die, Hal Ashby, 1986) donde Jeff Bridges parlamentaba con Andy García delante del Museo Aeroespacial de Frank Gehry o en Blanco humano (Hard Target, John Woo, 1993) en la que la ruina del posmodernismo ha llegado al extremo que la Piazza d'Italia que construyó Charles Moore en 1978, es usada como morada de indigentes.
En esta apresurada relación no se debe olvidar que la sede de la C.I.A. en la satírica Espía como puedas (Rick Friedberg, 1996) es uno de los edificios de Disney logrando que una edificación inspirada en el cine, vuelva a ser utilizada por este medio gracias a su estilo jocoso, logrando darle otra intención completamente diferente.
El edificio real es mucho más reconocible por el público y por lo tanto es más fácil que tenga un papel protagonista y unas connotaciones de las que carecería si fuese un edificio reconstruido.

Construcción escenográfica. Construcción arquitectónica.

La forma de construir la escenografía, su lógica constructiva, la diferencia radicalmente de la arquitectura. Esta diferencia no podía dejar de estar recogida en manuales de escenografía como el de Vincenzo del Prato: "La construcción escenográfica es por su naturaleza transitoria y por ello sus estructuras portantes son diferentes a las de la arquitectura. Generalmente está realizada de modo provisional, con puentes de hierro oportunamente ocultos en la estructura arquitectónica y haciendo uso de materiales de rápida aplicación de modo que todo cuanto es necesario para la construcción de la escena pueda estar puesto en la obra en un tiempo más reducido que en la construcción arquitectónica" .
En este texto se cita otra de las diferencias fundamentales entre arquitectura y escenografía: la perdurabilidad de lo construido.
Esto no significa que un objeto por su duración, y por tanto por el método empleado para su construcción, pueda ser clasificado como arquitectura o como escenografía. Hay numerosos casos en la historia de la arquitectura en que un edificio construido sólo por un tiempo determinado ha influido tanto como otros que han perdurado a través de los siglos. Un ejemplo podría ser el Teatro Científico construido por Aldo Rossi para la Bienal de Venecia en 1980.
Sin embargo, en el aspecto de la perdurabilidad las dos disciplinas se distinguen claramente. Albert Speer, el arquitecto de Hitler, levantaba con escayola a escala real parte de los edificios que luego construiría. En este caso es fácil distinguir entre la arquitectura y la escenografía.
En el texto antes citado Vincenzo del Prato continúa diferenciando la arquitectura que "construye para permanecer en el tiempo y por la necesidad del hombre de modo que pueda moverse físicamente en ella, girar alrededor, entrar, salir, descender, apreciar los volúmenes, en suma vivirla" de la escenografía cinematográfica que "construye obras que deben durar sólo para el tiempo necesario de ser utilizada por un medio mecánico como la cámara, que, accionada de cierto modo, le pueda registrar para restituir al ojo humano su propia imagen, para después ser demolida".

CONSTRUIR UN EDIFICIO, RODAR UNA PELÍCULA

Antes de pasar al segundo punto de vista -la arquitectura y el cine- hay una relación intermedia entre las dos disciplinas: la estructural. Aquella que establece paralelismos en la forma en que se realizan el cine y la arquitectura.
Es muy significativo que algunos directores hayan comparado su trabajo con el de un arquitecto. Cuando a John Ford le preguntaban si improvisaba en el plató, afirmaba que lo hacía pocas veces porque traía ya preparados los movimientos de cámara y comparaba esta preparación con el proyecto arquitectónico: "¿Qué pensaría usted de un arquitecto que llegase a su edificio y no supiese dónde poner la escalera? Un filme no se "compone" en el decorado; se aplica al filme una composición predeterminada". Ford continuaba con la comparación entre la creación de una película y un edificio: "Es erróneo comparar a un director con un autor. Se parece más a un arquitecto, si es creador. Un arquitecto concibe sus planos a partir de ciertas premisas dadas: la finalidad del edificio, su tamaño, el terreno. Si es inteligente, puede realizar algo creador dentro de esas limitaciones". Y finalizaba justificándose por no lograr una obra maestra en cada una de sus películas: "Los arquitectos no sólo crean monumentos y palacios. También construyen casas. ¿Cuántas casas hay en París por cada monumento? Lo mismo pasa con las películas. Cuando un director crea una pequeña joya de vez en cuando, un Arco del Triunfo, tiene el derecho de hacer películas más o menos corrientes" .
Si Ford consideraba que existen analogías en el planteamiento de los trabajos, Borowczyk las encontraba en la fase final de las películas, en el montaje, donde "hay también muchas posibilidades de reforzar la idea inicial, mediante la dosificación de algunos movimientos, por las proporciones, por el ritmo... Siempre se puede invertir o cambiar algo. Son infinitas las posibilidades de jugar todavía con los elementos prefabricados: es un juego de composición" y terminaba diciendo: "En la construcción de una casa prefabricada, tiene que ser apasionante para el arquitecto jugar con toda una serie de materiales ya hechos" .
El montaje cinematográfico y el proyecto arquitectónico también han sido analizados y comparados en un interesante artículo por Antonio Vélez Catraín: "Sin película el guion es literatura, sin edificación el proyecto es sólamente dibujo" .
Las similitudes entre la arquitectura y el cine se producen también en la forma de trabajo de los arquitectos y los cineastas, que en ambos casos necesita la colaboración de un numeroso equipo de profesionales para poder llevar a la práctica el edificio o la película.
Luis Buñuel escribió que una película "como una catedral, debe permanecer anónima, porque gente de todas clases, artistas en muchos campos diferentes, han trabajado duro para erigir esta estructura maciza, todas las industrias, toda clase de técnicos, masas de extras, diseñadores de decorados y vestuario" .
La gente que rodea a cineastas y arquitectos impone reglas y puede frustrar los proyectos iniciales. Peter Greenaway declaraba: "Me parece también que hay una clara analogía entre el proceso de fabricación de una película y el de un edificio... como los realizadores los arquitectos conciben grandes proyectos que ponen en juego importantes presupuestos y que acaban por no realizarse nunca. Además en torno a las dos profesiones se encuentra la misma muestra heterogénea de personajes: productores, financieros, organizadores, críticos, público, etc. Después de haber empleado tiempo, dinero, e imaginación, tanto el arquitecto como el realizador, pueden, a fin de cuentas, ver como se echa a perder su proyecto".

ARQUITECTURA Y CINE

La primera relación, y la más obvia, entre arquitectura y cine es la que existe con los edificios realizados para el cine, que pueden pertenecer a diversas tipologías , pero que fundamentalmente pueden dividirse de nuevo según donde esté situada la realidad, delante o detrás de la cámara, enfrente o tras de la pantalla.
En el caso que la realidad esté detrás, el edificio servirá para crear la ficción, es decir será un estudio cinematográfico, cuando la realidad está delante el edificio sirve para mostrar el espectáculo.
Empezando por los estudios, su tipología no ha sido suficientemente analizada , porque se ha supuesto que son simplemente unos grandes contenedores, una especie de naves industriales dentro de las cuales sólo se ruedan películas. Sin embargo hay ejemplos de edificios interesantes como los estudios E.C.E.S.A. de Aranjuez diseñados por Casto Fernández Shaw o los que proyectó Terragni en 1934.
La otra tipología, la de los edificios dedicados al espectáculo, ha sido estudiada en muchas ocasiones y desde mucho puntos de vista, por lo que no tiene sentido abundar en el tema.
Por último, aún hay otra relación más profunda entre arquitectura y cine, aquella que sólo pueden enseñar los directores a los arquitectos: cómo mostrar el espacio. Como decía Paul Chemetov: "el cine culturalmente hablando aporta a la arquitectura una nueva mirada, porque la arquitectura también se nutre de miradas y se renueva por la mirada, el conocimiento y la apreciación visual de las cosas" .
El método parece sencillo. El medio más eficaz es mediante el movimiento, el cine es el único arte de representación móvil, por ello es mucho más idóneo para representar la arquitectura que, por ejemplo, la pintura o la escultura. El único problema es que el movimiento dentro de ese espacio no se realiza libremente sino guiados por los designios de un director. Los arquitectos pueden aprender a usar mirar y por lo tanto a crear contenedores de espacio, gracias a la mirada experimentada de los cineastas.
Cesare Brandi caracterizaba a la arquitectura precisamente por el movimiento: "en la arquitectura no sólo debemos entrar y salir, sino que tal exigencia llegará a ser tan imperiosa que lleva a no reconocer la dignidad de arquitectura a un simple aspecto o a un bloque macizo: polos extremos de una arquitectura sin espacio interno. Así la escenografía no es arquitectura y el obelisco y la pirámide oscilan entre la arquitectura y la escultura" .
Brandi se refiere a la escenografía teatral que el espectador percibe de forma estática sin poder recorrerla al carecer el espectador de movimiento dentro del escenario.
En el caso del cine no se puede emplear esta diferencia entre la arquitectura y la escenografía por la posibilidad de movimiento que existe en la primera, frente a la estaticidad de la segunda, ya que ésta sí puede recorrerse y de hecho la cámara se mueve mostrando diversos ángulos de visión del decorado.
La única diferencia con la arquitectura, respecto al movimiento, es que el espectador en el cine no recorre los espacios libremente, sino guiados por los deseos del director de la película.
Otra de las relaciones entre cine y arquitectura queda así caracterizada por la relación entre los espacios arquitectónico y escenográfico a través del movimiento.

NOTA: Este es uno de los capítulos del libro La imagen supuesta. Arquitectos en el cine, Fundación Caja de Arquitectos, Barcelona, 1997.
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