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30 agosto 2023

Viviendas diminutas

He estado buscando documentación para escribir un artículo sobre la arquitectónica y distópica serie noruega Arkitekten, que entre otros asuntos, plantea el problema actual, agravado en el futuro, de la escasez de viviendas en las grandes ciudades y el intento de resolverlo reduciendo la dimensión de las unidades residenciales.


El espectáculo

La verdad es que me sorprendió los numerosos documentales y programas de televisión que encontré sobre este tipo de viviendas mínimas, en algún caso ínfimas, que en su mayoría pertenecían al género de la telerrealidad --este es el término que propone la extraordinaria Fundéu para realities--, que tiene más de tele que de realidad, y con títulos tan poco sugestivos como:

Minicasas Luxury (Tiny Luxury, 2015 – 2018) HGTV
Tiny House Battle (2021 – 2023) 3 Balls

También hay otros programas de telerrealidad con casas pequeñas, pero construidas con materiales peculiares, como contenedores metálicos: Container Homes (2016) producido por HGTV y Containables (2018) de DIY; también otras construidas en lugares insólitos como encima de árboles: Mi casa en un árbol (Treehouse Masters, 2013 – 2018) de Stiletto TV, y Tu cabaña en un árbol (The Treehouse Guys, 2014 – 2017) de Orion, así como una edición infantil, Minicasas para niños (Playhouse Masters, 2016) de High Noon, quizás para ir acostumbrándolos a las pequeñas dimensiones vitales que "disfrutarán" en su futuro.
Pero no solo han producido programas empresas de televisión, sino también particulares han abierto canales de YouTube especializados en este tipo de casas, como los siguientes:

Tiny Home Tours (Chris Penn, Allison Shea, Laurén Ettinger, y Car Alfonso & Sagge Roddy, 2009 – 2023) EE. UU.
Living Big in a Tiny House (Bryce Langston y Rasa Pescud, 2013 – 2023) Nueva Zelanda.
Tiny House Giant Journey (Jenna, 2013 – 2023) EE. UU.
Tiny House Expedition (Alexis Stephens y Christian Parsons, 2014 – 2023) EE. UU.
MyBIGtinyhouselife (Adelina, 2019 – 2023) Canadá.
Woodnest (2020 - 2023) India.
This Tiny Life (2021 - 2023) Reino Unido.
Casas pequeñas (2021 - 2023) Panamá.
Tiny House - Alaska Life (Silas y Leslie, 2022 – 2023) EE. UU.
Y también viviendas en contenedores: 
Life Uncontained (2017 - 2023) EE. UU.

Como se puede comprobar, la eclosión de estos programas de televisión se produjo en 2014 y su emisión ha continuado hasta años recientes, siendo la empresa HGTV la que más número de ellos ha producido.
Obviamente no he visto todos los vídeos de YouTube, ni los episodios de todas las series, ni puedo --ni pienso-- hacerlo, pero por lo que he comprobado, la mayoría de los edificios tienen muy poco interés desde el punto de vista arquitectónico, repitiendo formas y tipos de viviendas habituales, pero comprimiéndolas para reducir sus dimensiones. Respecto a sus fachadas, la mayoría de ellas resultan ridículas porque quieren imitar formas clásicas, coloniales o incluso góticas, consiguiendo pequeños, pretenciosos y ridículos pastiches.

El problema real

De acuerdo al International Residential Code (IRC) de 2018, Apéndice Q, una tiny house tiene como máximo 37 m². Desde hace unos años, las grandes ciudades se han llenado de pisos diminutos, la mayoría con menos superficie de la indicada por el IRC, incumpliendo con las ordenanzas municipales, pero que han de alquilar personas cuyos ingresos les impiden pagar los prohibitivos precios de pisos mayores.
Un análisis interesante sobre este problema, en este caso en Polonia, se desarrolla en el documental Vivir en microapartamentos, dirigido por Mike Pitt, este año, para la estupenda cadena arte, y en el que se muestran algunas viviendas de 14 m², lo que parece imposible sobre el papel, pero es real.
En España se consideran minipisos los que tienen una superficie de 30 m² o menos. En el portal inmobiliario idealista, se ha publicado recientemente un artículo titulado «La realidad de los minipisos: menos del 1% de los pisos de alquiler tiene menos de 30 m²», en el que el portavoz de ese portal afirma: «a pesar de lo llamativos y mediáticos que pueden resultar, el fenómeno de los minipisos es muy residual, un anécdota en el total del parque de viviendas arrendadas en nuestro país. El problema de oferta en el que lleva instalado el mercado del alquiler en los últimos años no ha provocado que las viviendas minúsculas se hayan convertido en una parte significativa del mercado. Por el contrario, la práctica totalidad de los anuncios se refieren a viviendas de tamaños más grandes», los datos que maneja este portavoz parecen referirse solo a los del idealista.
Sin embargo, en el documento denominado «Censos de Población y Viviendas 2021. Resultados sobre Hogares y Viviendas», publicado el 30 de julio de 2023, por el Instituto Nacional de Estadística (INE), se calcula que hay 167.134 de estas viviendas en toda España, habiendo aumentado desde 2011, en 116.000, un 231%. Minipisos que, según este artículo, no existían, o nadie se atrevía a habitarlos, o son el resultado de la transformación de locales comerciales y la compartimentación de pisos grandes, todo ello para obtener el mayor rendimiento económico.

La cabaña de vacaciones de Le Corbusier
La arquitectura

Una vivienda por ser pequeña, no tiene por qué ser poco interesante y hay muchos ejemplos de lo contrario, quizás el primero en el que pensamos los arquitectos es Le Cabanon (1950) de Le Corbusier, con 15 m², pero también se deben mencionar otras como las Casetas de vacaciones estandarizadas (1933) de J. J. P. Oud, la Cabaña para A. Bennati (1934 - 1937) de Rudolph M. Schindler, las Casas de fin de semana en Garraf (1934 - 1935) de Sert y Torres ClavéThe Box de Ralph Erskine con 21 m² (1941), la Cabaña Chamberlain (1940) de Breuer y Gropius, la Casa Walker (1953) de Paul Rudolph, el Seth Peterson Cottage (1958) de Frank Lloyd Wright, la casa de verano prefabricada Kubeflex (1970) de Arne Jacobsen, Mauritzberg Manor (1992) de Sverre Fehn, e incluso la Casa en una maleta (1996) un ático de 27 m² diseñado por Flores & Prats en Barcelona.
Todos estos ejemplos y otros muchos más, tan interesantes como los mencionados, demuestran que los buenos arquitectos son capaces de dar soluciones a muchos de los problemas que existen en la actualidad, pero no se debe olvidar que el poder no lo tienen los técnicos, sino quienes gobiernan este mundo, que suelen optar por conseguir rápidos beneficios económicos --muchas veces para ellos mismos-- antes que beneficiar a quienes lo necesitan.

26 noviembre 2022

Minimalismos escénicos

Portada del n.º 246
En el último número de Arquitectura Viva, el 248 de diciembre de 2022, se publica un artículo mío titulado como esta entrada «Minimalismos escénicos», en el que se habla sobre películas y series recientes, en las que aparecen edificios que se pueden encuadrar en los denominados minimalistas.
Uno de ellos es el protagonista de la serie británica estrenada en España este año, La chica de antes, creado por el diseñador de producción Jon Henson, que ha mencionado como sus fuentes de inspiración  obras del estudio Gosize y de Vincent Van Duysen
Este edificio se supone que está situado en el número uno de la calle Folgate, que en realidad está en el barrio londinense de Shoredich, aunque en la serie, gracias a los planos aéreos desde los -ya inevitables- drones, esa calle se sitúa en Hampstead; su fachada se construyó al final de una vía sin salida en Redland, un suburbio de Brístol y sus interiores se levantaron en los estudios The Bottle Yard, también en esta última ciudad. A pesar de toda esta mescolanza, no sería extraño que llegase a construirse en realidad un edificio como el de la serie e incluso que alguien lo adquiriera para vivir en él.
Un edificio que casi parece tener vida propia y como algunas casas encantadas que aparecen en novelas y películas, siempre están en contra de los seres humanos que las habitan, incluso intentando asesinarlos, como si hubiera un enfrentamiento ancestral entre las edificaciones y quienes las crean.
Respecto a la arquitectura, muchas de las recopilaciones de edificios etiquetados como minimalistas son “cajones de sastre” en los que cabe casi cualquier edificación, siendo suficiente que sus fachadas estén formadas por paralelepípedos, no tengan ventanas, sino grandes cristaleras, sus interiores permanezcan casi vacíos, sin muebles, ni utensilios y la mayoría de las veces sus paramentos estén pintados con colores claros con preferencia por el blanco puro.
No es la primera vez, ni posiblemente será la última, que se han usado elementos de un determinado estilo o tendencia, sin tener en cuenta sus bases teóricas, limitándose a reproducir sus formas, como si fueran independientes y no el resultado de esa teoría, logrando crear solo una moda y además efímera. En todas esas ocasiones, el resultado ha sido el mismo: pastiches sin interés arquitectónico, como la casa de La chica de antes.
Como siempre, reproduzco el primer párrafo de mi artículo por si pudiera interesarle a algún lector:

Los títulos de crédito de The Girl Before, la miniserie recientemente estrenada en España con el título La chica de antes, van apareciendo sobre unos planos en movimiento en los que se ven los interiores de una edificación casi vacía, con paramentos ortogonales y desnudos, sobre los que surgen las sombras de dos mujeres. Desde el primer momento se establece que ese edificio va a ser crucial en su argumento y que incluso se convertirá en “un personaje más de la acción”. Una expresión tópica usada muchas veces, también para referirse a ciudades en películas con tramas eminentemente urbanas, porque las poblaciones y/o edificaciones son tan importantes como cualquiera de los intérpretes humanos que circulan entre sus ámbitos.

Y también como siempre si quieren seguir leyéndolo, tendrán que comprar el número 248 de Arquitectura Viva.

26 diciembre 2021

Madrid en "La casa de papel"

Títulos de crédito de las temporadas 1 y 2, con la maqueta del edificio del
CSIC
 
En estos días navideños he visto toda La casa de papel hasta terminar con 
el décimo episodio de la quinta y última temporada. 
Siempre he preferido ver las series cuando han concluido, aunque muchas veces su final depende de la audiencia y nunca se sabe cuándo han acabado de verdad. 
Se puede escribir mucho sobre esta serie, por ejemplo sobre sus incoherencias, como la desaparición de tres personajes, los soldadores, de las tres últimas temporadas, que están en el sótano del Banco de España, o cómo se puede disparar con un lanzacohetes dentro de un edificio y que no se hunda, pero estas cuestiones son normales en el cine y no suelen afectar al desarrollo de la acción, como este es un blog sobre las relaciones entre el cine, la arquitectura y la ciudad, lo que interesa es la realidad y la ficción en la ciudad que aparece en las imágenes, en Madrid.
Antes de continuar he de decir que en esta entrada no se va a dar una relación de las localizaciones donde se grabó la serie, porque ya hay numerosas páginas en Internet que tratan sobre este tema y entre ellas recomiendo esta, que es una de las más completas.
Como ya sabrán, en sus dos primeras temporadas, se narra un robo ejecutado en la sede de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, mientras que en las tres últimas lo que se roba es todo el oro depositado en el Banco de España
Empezando por el primer atraco, no se eligió el edificio real, situado en el número 106 de la calle Jorge Juan, sino el que ocupa el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que está en la calle Serrano, 117; esta elección debe responder a motivos urbanos, ya que la localización en la que se realizó la grabación tiene delante una amplia plaza, donde se desarrollan varias secuencias, que no se hubieran podido grabar en un espacio más estrecho como el de la calle Jorge Juan. 
La sede del CSIC transformado en templo egipcio para Marco
Antonio y Cleopatra
Este cambio de edificios también afecta a la maqueta de papel cuya construcción se muestra en los títulos de crédito, así como en varias secuencias, que reproduce la sede del Consejo, un edificio cuya fachada ya fue utilizada en el cine, cuando Emilio Ruiz del Río la transformó en un templo egipcio para Marco Antonio y Cleopatra, manteniendo solo su columnata y la escalera, gracias a una prodigiosa pintura hecha sobre un cristal, demostrando una vez más que una edificación vista en una pantalla puede ser cualquier otra e incluso de otro tiempo.
La inspectora trazando y su circunferencia
Respecto a la ciudad, en la segunda temporada hay unas escenas en las que la inspectora Murillo para atrapar a El Profesor pega un plano de la ciudad en una pared de su chalé y dibuja una circunferencia cuyo centro está en una cafetería donde se han encontrado varias veces, como en una de ellas la inspectora lo llamó por teléfono, teniendo en cuenta el tiempo que él tardó en llegar, establece el radio de la circunferencia, creyendo que su guarida estará dentro del área de este círculo; el plano que usa pertenece a Madrid y es curioso que la circunferencia esté más cerca de la Fábrica real que del Consejo, su centro está en el número 69 de la calle Maldonado, donde actualmente hay una cafetería, pero distinta a la que aparece en la serie.
Cafetería en la Calle Maldonado, 69 (Fuente: Google Maps)
La inspectora recorre esa zona entrando en varias tiendas y llevándose las imágenes garbadas por sus cámaras de vigilancia, intentando ver a El Profesor, concretamente se le ve saliendo de dos: Efecto 2000 y Las Mil y Una Flores, que existen en la realidad y están en las calles Valderibas, 34 y Sánchez Barcáztegui, 31 respectivamente, bastante cerca una de la otra, pero muy lejos de la circunferencia marcada en el plano, como también está muy lejos de ese círculo la fachada donde se grabó la entrada del lugar donde se esconde El Profesor, que, según este enlace, se encuentra en el número 33 de la calle Miguel Yuste.
Plano con las localizaciones de las dos primeras temporadas:
A.- Fabrica Nacional de Moneda y Timbre
B.- Consejo Superior de Investigaciones Científicas
C.- Área marcada por la inspectora en su plano
Es interesante que una de las edificaciones que más se destaca en ese plano sea precisamente la de los Nuevos Ministerios, donde se grabaron las temporadas tercera, cuarta y quinta de la serie. 
Títulos de crédito de las temporadas 3, 4 y 5 con la maqueta de la 
sede del antiguo Ministerio de Fomento
El antiguo Ministerio de Fomento, hoy  Ministerio de Transporte, Movilidad y Agenda Urbana, en el edificio de los llamados Nuevos Ministerios, situado en el Paseo de la Castellana, 117, obra del arquitecto Secundino Zuazo, figura ser en la serie el Banco de España, que en realidad se encuentra en el número 48 de la calle de Alcalá, haciendo esquina con la Plaza de la Cibeles. 
Es curioso que en la reciente película Way Down, cuyo argumento narra el atraco a ese banco, sí se situó el edificio dónde se encuentra en la realidad, una situación fundamental, porque en el guion es importante el papel que juega la multitud que se congrega en ese lugar para celebrar los triunfos deportivos, es este caso el Mundial de Fútbol de 2010.
Plano con las localizaciones de las tres últimas temporadas:
A.- Banco de España
B.- Nuevos Ministerios
Como escribía antes, esas incoherencias entre lo real y lo ficticio, no afectan a la serie, pero resultan curiosas y por ejemplo se puede preguntar, por qué no le dieron a la actriz que interpreta a la inspectora, un plano que se correspondiera con los lugares dónde se grabaron los episodios. 
Los diseñadores de esta serie han creado un nuevo Madrid, el Madrid de La casa de papel, que quizás termine siendo más real que el de verdad.

11 octubre 2021

70 años sin TV

Gracias a Design Taxi he descubierto que la revista digital Household Quotes ha buscado en los catálogos de IKEA, desde sus inicios en 1958, fotografías de los cuartos de estar típicos de cada una de las décadas desde entonces hasta ahora, con el mobiliario de esa marca y sus correspondientes precios, publicándolas en su página web con el título Swedish Clasiics; evidentemente no es un análisis exhaustivo y solo es significativo casi como una curiosidad, pero es interesante por varias razones. 
Copio aquí debajo las fotografías por décadas con el precio de todos los muebles.
Años 50 (1.819,34 $)

Años 60 (1.764,22 $)

Años 70 (1.701,32 $)

Años 80 (1.480,25 $)
Aparece la estantería Billy que en 2009 después de treinta años
fabricándose, se hacían quince por minuto, se habían vendido 41
millones de unidades, que unidas habrían tenido una longitud de
70.000 km

Años 90 (2.086,23 $)

Primera década del siglo XXI (1.732,95 $)

Años 10 (2.806,45 $)

Años 20 (1.112,95 $)
Como puede comprobarse, los muebles de la década actual son los más baratos 1.112,95 $, mientras que los más caros son los de los años diez de este siglo y los noventa del anterior, 2.806,45 $ y 2.086,23 $ respectivamente, aunque para poder compararlos con más fiabilidad habría que igualar las cantidades de todas las décadas según el coste de la vida y la depreciación, en este caso del dólar estadounidense.
Lo que sí está muy claro es que en esos cuartos de estar, no aparecen reproductores de sonido (radios, tocadiscos...), ni aparatos de televisión, hasta la década actual, en la que a la izquierda de la fotografía hay un televisor y además se puede ver un ordenador portátil. Habría que estudiar esta ausencia, teniendo en cuenta que IKEA ha vendido numerosos muebles para albergar equipos de sonido y televisores, así como para almacenar discos, vídeos VHS y CD.
Se podría plantear que es una casualidad o que la empresa sueca no pensaba que estos aparatos debían estar en la habitación principal de la casa, sino en otra secundaria, o quizás que en aquel país no se colocaban ni se disfrutaba de los espectáculos domésticos en los salones, pero para afirmarlo, habría que estudiar a fondo los catálogos de IKEA.

ACTUALIZACIÓN del 13 de octubre de 2021

Cuando puse información de esta entrada en Facebook, Juan Manuel García Ferrer hizo un comentario muy interesante, escribió: «También han desaparecido en la época actual las estanterías para libros...» tiene razón y también es significativo del momento en el que vivimos, además es curioso que en la década de los cincuenta tampoco haya un mueble con estanterías, y que en los años setenta sea cuando se ve mayor cantidad de libros en un mueble.

23 noviembre 2020

El intruso electrónico. Artículo en Diario de Avisos


Hace unas semanas, Benjamín Reyes, el director de DocuRock, me propuso presentar mi penúltimo libro, 
El intruso electrónico. La TV y el espacio doméstico, en ese festival, el acto se celebrará pasado mañana, el miércoles 25, en el salón de actos del TEA y consistirá en una conversación con el periodista y guionista Eduardo G. Rojas
Este último publicó ayer en su sección El Perseguidor, incluida en el Diario de Avisos, un artículo sobre el libro titulado: «Una caja no tan “tonta”», que con su permiso reproduzco a continuación:

Jorge Gorostiza, arquitecto, se ha especializado en cine, arte al que le ha dedicado varios libros que se ocupan de la vida y obra de cineastas (David Cronenberg y Peter Greenaway) o de la relación que mantiene el invento atribuido a los hermanos Lumière con la arquitectura. Cuenta además en su ya nutrida bibliografía con trabajos dedicados a los directores artísticos del cine español y al análisis de películas, entre otros.
Su libro más reciente no se ocupa, sin embargo, de cine, sino de la televisión, pero no de la televisión como llegó este aparato en los hogares españoles. El autor ya lo advierte desde las primeras páginas de El intruso electrónico. La TV y el espacio doméstico (Newcastle ediciones, 2019) al indicar que pertenece a la generación de la televisión, a la que nació con la irrupción de este electrodoméstico y a su paulatino dominio en los hogares. También a la que vio cómo el artefacto invadía las azoteas con aquellas antenas que hacían posible el milagro de observar imágenes en casa.
El libro está estructurado en nueve capítulos, cada uno de ellos con un título que avisa del tema que trata: El lugar en el hogar, Conexiones, Pulgadas fijas, Pulgadas móviles, El espacio del telespectador, Peligros en casa, Ficción en la realidad, Fuera del hogar y El castillo de cartón, este último segmento explica la imagen de la portada y avisa de cómo Jorge Gorostiza ha abordado los temas que hilvana en cada una de las partes. Una combinación entre el ensayo y la autobiografía ya que, como insiste el autor, la televisión llega a su casa cuando él era todavía muy pequeño lo que le da pie a describir la emoción que supuso contar con una pequeña pantalla en casa y reflexionar sobre el espacio en el que terminó por ubicarse.
A nuestro juicio una de los capítulos más interesantes del libro es el que propone e intenta resolver esta cuestión: el lugar que ocupó el nuevo aparato en los hogares, también en cómo transformó la fisonomía privada de nuestros hogares como también la del exterior, con ese bosque de antenas que hoy prácticamente ha desaparecido.
No se trata así de un volumen con ánimo teórico, un manual que explique la aparición y el posterior desarrollo del electrodoméstico en la vida privada y pública de aquella sociedad española de los años sesenta, sino de un libro en el que, además de reflexionar sobre la importancia física del televisor, se narra lo que significó para una generación de futuros telespectadores. De ahí que ocupara un espacio privilegiado en los hogares y que solía ser el salón o el salón comedor.
Las primeras emisiones de televisión en España comenzaron en diciembre de 1956 por lo que muchas personas de la generación del autor “creció con aquel aparato incrustado en nuestras casas, por lo que aunque no lo quisiéramos fue inevitable que influyera en nuestras vidas”, escribe Jorge Gorostiza en la introducción de la obra. Esto hizo posible, evoca a continuación, que “por primera vez haya tenido que reseñar mis propios recuerdos, porque quizás por mi provecta edad ya formo parte de la historia al menos, reciente, de este país”.
En El intruso electrónico converge el material ensayístico con el de los recuerdos y el resultado es un libro con notable interés no solo para quien vivió la irrupción de aquel aparato en los hogares españoles de esos años, sino su efecto en el paisaje urbano, un asunto, explica, que a “muchos profesionales les cuesta reconocer”. El autor se refiere a los “factores exteriores a la disciplina arquitectónica que influyen decididamente en las edificaciones y que deberían tenerse en cuenta en los proyectos”.
Otro momento interesante que propone la obra es cuando el escritor recuerda el momento en el que llegó por primera vez a su casa el televisor. Fue en 1963 y relata cómo gracias a este aparato hizo que “viniera más gente a mi casa”. Pero éste es solo uno de los argumentas que despliega Jorge Gorostiza para subrayar la importancia que desde entonces ha ido alcanzando el televisor, importancia que todavía mantiene pese al avance de otros dispositivos como son los ordenadores y el desembarco hace algunos años de la televisión por cable y la aparición de las grandes plataformas, monstruos audiovisuales que han cercenado en parte el monopolio que hasta bien entrado los años 80 del pasado siglo XX todavía disfrutaba un invento que, como se dijo, entró en casa con la idea de quedarse. De formar parte del mobiliario con una función útil: entretener. La televisión sirvió, igualmente, para reunir a la familia en torno al televisor así que actuó como elemento cohesionador. pero son características que se han ido transformando con el paso de los años, despojando de su utilidad -de hoguera en torno a la cual se congregaba la tribu para calentarse y de paso contar historias- por otra cosa. La televisión que recuerda el libro de Jorge Gorostiza ya no es la televisión de estos días que nos ha tocado vivir, es como si el invento se hubiera convertido en un aparato que ha perdido su utilidad, de las atractivas tareas, más allá de las técnicas, que disfrutó en un tiempo que ahora parece que fue mucho mejor.

Hasta aquí el texto de Eduardo G. Rojas. No sé si fue o parece mucho mejor, pero desde luego fue un tiempo completamente distinto.

25 octubre 2019

El intruso electrónico. Crítica en Caimám Cuadernos de Cine

En las últimas entradas de este blog se han ido mencionando una serie de reseñas, artículos y críticas del libro El intruso electrónico: La TV en el espacio arquitectónico, como los publicados en El País, La Provincia, Fotogramas, Imágenes de Actualidad y Dirigido por..., ahora hay que añadir la crítica que ha aparecido en el último número de la revista Caimán Cuadernos de Cine -una publicación cuyos contenidos se han comentado muchas veces en este blog- escrita por su director Carlos F. Heredero y que reproduzco a continuación:

Jorge Gorostiza, un riguroso historiador cinematográfico que viene de la arquitectura, se adentra esta vez en territorio virgen para hablar de los vínculos e interdependencias entre el aparato reproductor televisivo (su mueble, sus antenas, sus cables, su ubicación fuera o dentro del hogar) y el espacio de la vida cotidiana, las relaciones familiares y las determinaciones sociales condicionadas por aquel.
El feliz resultado, un estudio del reflejo de esas relaciones en los medios de comunicación y en la publicidad de la primera época de la televisión, nos ilustra cómo "los ámbitos arquitectónicos e la realidad fueron irremisiblemente afectados por la ficción que se había introducido en los espacios más íntimos y sagrados, transformándolos de un modo insospechado hasta entonces". Esta originalísima radiografía se enriquece con breves y pudorosas intrusiones en la memoria autobiográfica y familiar del autor, pero se ensombrece un poco por la descuidada y poco profesional edición de Newcastle (llena de erratas), frente a la que resiste bien, pese a todo, la brillantez del texto.

No puedo dejar de comentar que el único responsable de todas las erratas que hay en el libro soy yo, primero porque seguro que las cometí cuando escribí el texto y segundo porque me cuesta muchísimo volver a leer lo que he escrito y fui incapaz de corregirlo cuando me lo solicitaron desde Newcastle

23 octubre 2019

El intruso electrónico. Crítica en Dirigido por...

Hace unos días mencionaba en este blog la crítica aparecida en la revista Imágenes de actualidad sobre El intruso electrónico: la TV en el espacio arquitectónico, escrita por Óscar Brox. Por fin, después de más de medio mes, ha llegado a estas cada vez más lejanas islas, donde vivo, el número de octubre de la longeva Dirigido por... en el que se publica otra crítica del libro, también escrita también por Brox, que reproduzco a continuición:

Resulta evidente que la televisión ha ocupado un lugar determinante en nuestras vidas; al menos, hasta la irrupción del "streaming" y de otros servicios de entretenimiento que han propiciado su descentralización en el consumo de ocio. En este pequeño libro, editado formidablemente por la Fundación Newcastle, Jorge Gorostiza rebobina en el tiempo para colocarnos en el momento de irrupción del televisor. Para hablarnos de su impacto ya no solo sociológico, sino también espacial: cómo definió el consumo, la vida en el hogar y redefinió asimismo el aspecto exterior de las fincas con las voluminosas antenas. No en vano, acostumbrados a la radio, el medio dominante, la llegada de la televisión supuso un cambio de paradigma, así como la avanzadilla de ese ocio para consumo doméstico que definiría la segunda mitad del pasado siglo. Con un ojo puesto en sus propias vivencias, lo cual aporta un estimulante perfil biográfico, y otro en la bibliografía de la época, Gorostiza desgrana la emergencia del televisor a través de cada uno de sus atributos. Así, el comentario social convive con los aspectos tecnológicos que propició la rápida evolución de los electrodomésticos, y todo ello se encuentra con algunos interesantísimos apuntes arquitectónicos, punto fuerte de su autor, que consiguen trasladamos cómo se desarrolló un nuevo modelo cultural en plena época tardofranquista. Lejos de ser un hándicap, la brevedad del libro sirve para concentrar y concretar cada una de las ideas, permitiendo al lector, asimismo, profundizar más en la historia a partir de los documentos y textos que se citan a lo largo del libro. De ahí que esta aproximación de Jorge Gorostiza a la irrupción del televisor suponga una estimulante lectura para todo aquel interesado en conocer la forma en la que se gesta un modelo cultural y la manera en la que este se integra en el tejido social, ya sea a través del mar de antenas que coronan las fincas o con los muebles que transforman la distribución interior del hogar. Una pequeña joya, sin duda.

Hasta aquí esta crítica que ha sido la más larga hasta la fecha.

20 octubre 2019

El intruso electrónico. Crítica en Imágenes de actualidad

Tras haber aparecido artículos en los diarios La VerdadEl País y La Provincia, así como una reseña en la revista Fotogramas, en el número de la revista Imágenes de actualidad de este mes, Öscar Brox escribe la siguiente crítica sobre El intruso electrónico: La TV en el espacio arquitectónico:

El lector que conozca la trayectoria ensayística de Jorge Gorostiza estará al corriente de su interés la arquitectura y le espacio con el hecho cinematográfico. Sin embargo, el enfoque de su último trabajo parte de un detalle cuando menos curioso, el impacto cultural que tuvo la llegad del televisor a nuestra sociedad. Gorostiza parte de su propia experiencia familiar, a comienzos de la década de los 60, para desarrollar su exposición alrededor de de la eclosión de la TV. De una televisión que descompone en sus atributos, tanto en lo que respecta a los modelos como las conexiones, las emisiones o el singular aspecto de las entenas que poblaban las azoteas de las ciudades. Con ello, Gorostiza busca razonar cómo se gestó un cambio de paradigma cultural, dado que hasta ese momento el medio hegemónico era la radio,y de qué manera la llegada del aparato televisivo condicionó la distribución doméstica, la velocidad de lectura de las imágenes y la comunicación en tiempos en que la sala de cine detentaba la potestad de la imagen en movimiento. Gran parte del atractivo del libreo radica en cómo su autor conecta el comentario social, repleto de reseñas e impresiones de la época, con el desarrollo de un modelo cultural cuyas sucesivas modificaciones lo han mantenido presente en nuestra forma de relacionarnos con la imagen. De ahí que la lectura de esta obra breve sea de lo más recomendable, en tanto que nos permite trazar una historia doméstica de la aparición del televisor, al tiempo que en paralelo arma una reflexión sobre su papel como medio y mediador cultural en el hogar.

Hasta aquí la crítica de Óscar Brox en Imágenes de actualidad de octubre.

12 octubre 2019

El intruso electrónico. Reseña en Fotogramas

Aunque parezca increíble, hoy día 10 de octubre ha llegado a los quioscos de la isla donde vivo la revista Fotogramas que se pudo comprar en el resto de España hace diez días, parece increíble que esto suceda hoy en el siglo de las comunicaciones. 
Sin embargo, no solo escribo esta entrada del blog para elevar una queja sin respuesta, sino sobre todo, para mencionar la reseña que ha hecho Conrado Xalabarder -aprovecho para recomendar su web MundoBSO- en esa revista sobre El intruso electrónico: La TV en el espacio arquitectónico en su sección de libros:

«Arquitecto y cinéfilo, Jorge Gorostiza desarrolla el impacto que tuvo la televisión en la vida familiar y en la sociedad incluyendo la transformación del mobiliario doméstico y urbano. Aborda los afectos como los desafectos que generó y cómo ayudó a trasladar a la gente a lugares donde se decidía el pulso de los acontecimientos, pero también como introdujo en los hogares la publicidad y el cine».

Esta es la reseña publicada en una revista que leo desde hace más de treinta años y que me ha ido acompañando desde que era mucho más joven e indocumentado.

15 septiembre 2019

El intruso electrónico. Artículo en La Provincia

Ayer se publicó en el diario grancanario La Provincia, un artículo de Claudio Utrera titulado «La pantalla dominante»  que reproduzco a continuación: 

Bajo la firma del arquitecto, historiador y ensayista canario Jorge Gorostiza (Santa Cruz de Tenerife, 1956), escritor prolífico y especialista en el estudio de los vínculos intertextuales entre el cine y la arquitectura, aparece estos días en las librerías españolas su último trabajo de investigación con el título El intruso electrónico. La TV en el espacio arquitectónico, publicado por la editorial murciana Newcastle Ediciones dentro de su serie Écfrasis. Y aunque el tema no forma parte "stricto sensu" de los materiales que habitualmente conforman su especialidad, el rigor que aplica el escritor en la consecución de sus objetivos convierte su primera incursión en el ámbito del fenómeno televisivo en un ameno y revelador ensayo donde cualquier lector interesado por el tema podrá encontrar razones sobradas para sumergirse a fondo en sus 154 páginas y extraer de ellas sustanciosas conclusiones, algunas, por cierto, tan poco aleccionadoras como la del devastador protagonismo que ha ejercido, y ejerce en la actualidad, en todos los órdenes, la TV sobre las vidas de millones de individuos  en todo el mundo. 
En cualquier caso, y como destaca el propio autor en la introducción del libro “Este texto constituye el resultado de un estudio aún en desarrollo sobre las relaciones de los espectáculos con la arquitectura que, como muchos  otros, surgió de un modo fortuito… Una investigación sobre cómo se han ido desarrollando  modificaciones en la arquitectura a causa de los espectáculos que ha albergado, primero solo con el sonido del fonógrafo y la radio, después junto a la imagen en movimiento del cine no profesional y por último con la unión del sonido e imagen gracias a la televisión. Un esbozo preliminar de este estudio se plasmó en el artículo La televisión y el castillo de cartón, publicado en la revista de arquitectura Metalocus, en un número especial para el que se pidió a varios arquitectos que escribieran sobre un elemento de las viviendas”. 
Así pues, no existe la menor duda acerca de las líneas de fuga sobre las que cabalga Gorostiza en su propósito de abrir las compuertas que le permitan interpretar el universo de las artes, y de los medios de expresión en su conjunto, desde el prisma de la arquitectura, un prisma tan apasionante como revelador de la teoría, tantas veces injustamente denostada, de los vasos comunicantes que interrelacionan los ámbitos más diversos de la creación y que desvela una vez más las corrientes de pensamiento que los vinculan entre sí. El tema es verdaderamente complejo y requiere mucha más atención de la que le han prestado hasta ahora sociólogos, críticos, historiadores y semiólogos, especialmente en nuestro país, ante la demonización sin matices al que ha sido sometido el medio desde que se descubrieran sus demoledores efectos en la capacidad crítica de los sectores menos ilustrados  de la población. 
El análisis que propone el escritor contempla además un pormenorizado examen de la función que cumple la presencia de los receptores en los diversos espacios en los que se los ubica. Es una obviedad que dicha presencia no sólo no es fruto de la arbitrariedad de nadie sino de una necesidad imperiosa de encontrarle un cierto sentido escenográfico en relación con la composición integral de cualquier escenario, privado o público, en el que dichos receptores suelen instalarse. De este modo, el libro abre nuevas puertas a la comprensión y al entendimiento de ciertos aspectos, esenciales sin duda, sobre la composición y consiguiente resignificación del espacio en función de la utilidad de cada elemento que la compone. 
El libro, que el pasado jueves fue presentado en la veterana librería madrileña 8 ½, recoge, además, un puñado de reflexiones sobre el impacto emocional que la llegada de la TV provocó entre los primitivos usuarios del invento en las sociedades acomodadas -y las no tan acomodadas- de las décadas de los años cincuenta y sesenta, tanto en el ámbito  estadounidense como en el europeo, y sin excluir naturalmente al español, cuando el mundo asistía a la puesta en marcha de uno de los instrumentos de comunicación más populares, controvertidos e influyentes de la historia  contemporánea y cuya implantación en nuestro país, como no podía ser de otra manera tratándose de un escenario político fuertemente controlado por una de las dictaduras más reaccionarias de la época, tardaría bastantes años más en producirse. 
Naturalmente, tal retraso supuso para España la desconexión -una más- del proceso de modernización que impulsó el nuevo invento en las sociedades democráticas del mundo al término de la Segunda Guerra Mundial y que fueron fraguando una nueva cultura de marcado sesgo popular en torno a un terreno inexplorado hasta entonces por los "mass media" pero cargado de mucho futuro, como ha quedado bien patente a lo largo de las últimas cuatro décadas con la proliferación de todo tipo de cadenas de producción y el crecimiento exponencial de una industria sobre la que convergen los intereses más disímiles.
Hoy la televisión es un artefacto de uso común para la inmensa mayoría de los hogares de todo el mundo y un acompañante omnipresente en bares, clubes, autobuses, salas de espera, cuarteles, piscinas públicas, hospitales, y restaurantes, así como en un largo etcétera de espacios públicos y privados donde exista algún rincón en el que pueda ubicarse y telespectadores que la consuman. Su presencia conforta, acompaña, divierte y genera, y eso es lo peor, grandes nidos de dependencia entre los sectores de población más vulnerables a los metalenguajes promocionales y reduccionistas que emplea el medio para fidelizar a un público escasamente familiarizado con el espíritu crítico que debería presidir la actitud intelectual de cualquier espectador.  
Pero antes de su completa incorporación al orden natural de nuestras vidas, antes incluso de que se transformara en uno de los ejes cruciales de la comunicación moderna, la TV irrumpió en nuestro entorno con un claro objetivo: convertirse en una de las fuentes de divulgación informativa y de ocio más preclaras, adictivas y eficientes del siglo XX. Y a fe que lo han conseguido, y con creces, pues si consultáramos a los usuarios más compulsivos del medio, es decir, aquellos que no conciben sus vidas sin la compañía más o menos cercana y permanente de uno o varios de estos aparatos en sus hogares, ninguno albergaría la menor duda acerca del papel que estos han desempeñado -y desempeñan- en el curso del tiempo desde el momento en que cayeron presa de sus potentes poderes adictivos.

Hay que hacer una única aclaración, el libro no se presentó el jueves, sino el viernes 13 en la librería mencionada.

16 agosto 2019

El intruso electrónico. Artículo en El País

Hoy se ha publicado en la sección «Pantallas» de El País un artículo escrito por Natalia Marcos y titulado «Cuando el televisor llegó a casa: Un ensayo repasa los cambios arquitectónicos que supuso la aparición del medio catódico», sobre El intruso electrónico, se nota que su autora ha leído el libro a fondo y me entrevistó preguntando e incluso aportando cuestiones muy interesantes, por ello lo reproduzco a continuación: 

El 28 de octubre de 1956 se iniciaron las retransmisiones de TVE. A partir de entonces, en las casas españolas empezó a ser habitual encontrarse con ese electrodoméstico que abría una ventana al mundo exterior y que pronto se convirtió en uno más de la familia. La televisión llegó para revolucionar la sociedad, la cultura... y el espacio doméstico. Su llegada planteó problemas en el día a día como dónde situarla y cómo reorganizar los muebles de la habitación en la que se ubicaba.
Esa relación de la televisión con la arquitectura es la que plantea Jorge Gorostiza en su ensayo El intruso electrónico. La TV en el espacio arquitectónico (Newcastle Ediciones). Para ello, el arquitecto y escritor ha recurrido a artículos y anuncios publicados en la prensa nacional e internacional hasta la década de los sesenta. El resultado de esa investigación se intercala en los recuerdos de su infancia y juventud, como esas sombras que se colaban en ocasiones en la emisión de TVE en el televisor de su casa de Tenerife y que eran interferencias de las emisiones africanas, o el retraso de 24 horas con el que llegaban las retransmisiones deportivas a Canarias.
Eran años en los que la familia (y amigos y conocidos) se reunían en torno al nuevo electrodoméstico para ver lo que echaban. "La televisión es lo más grande que le ha ocurrido a la familia americana desde el automóvil. Donde hay televisión, hay gente", decía un anuncio de Motorola de 1950. "En mi casa, la televisión supuso un choque al principio. Pero luego fue bastante decepcionante porque nos seguía gustando mucho más el cine", cuenta Gorostiza a EL PAÍS. "Lo primero que se emitió en Canarias fue un discurso que se me hizo larguísimo, luego Bugs Bunny y luego, El llanero solitario. Y me pareció horrible porque sabía que iba a ser en blanco y negro pero esperaba algo con la definición del cine y nada que ver, tampoco se oía bien...", recuerda el autor de aquellos primeros pasos de la televisión en su casa.
La aparición del televisor planteó cuestiones como el diseño de los mismos o de los muebles en los que se colocaban. Televisiones que se escondían en un armario, se ponían en una mesa con ruedas, aparatos portátiles para llevar a otras habitaciones o fuera de la casa... Un mundo de posibilidades que los diseñadores y arquitectos desarrollaron o imaginaron.
Además del efecto del televisor en los hogares, el volumen repasa el cambio que supuso en el paisaje de las ciudades la aparición de antenas por doquier o cómo la ley sobre antenas colectivas de 1966 destacaba que "actualmente los inmuebles suelen ya presentar un anárquico y deplorable aspecto debido al bosque de antenas de televisión que los coronan". Otro de los capítulos recupera mitos que surgieron en torno a la televisión, como sus peligros físicos y morales: desde problemas en la vista hasta epilepsia o adicción. "Hubo una información en un periódico de Sevilla que recoge que los andaluces se quejaban de que pusieran televisores en los bares porque no les dejaban hablar", recuerda Gorostiza de las curiosidades que ha encontrado en su investigación. O aquella nota de la agencia Alfil publicada en ABC en 1960 que dejaba constancia de la muerte de un espectador mientras veía, por televisión, un partido de fútbol entre el Real Madrid y el Barcelona, algo inaudito entonces.
Ahora, cuando las pantallas son cada vez más grandes en los hogares y, al mismo tiempo, cada vez más pequeñas en nuestros bolsillos, no es raro encontrarse con predicciones sobre la muerte de la televisión y del consumo tradicional, a una hora determinada, sentados en el sofá. Gorostiza no cree que la tele tradicional vaya a desaparecer, pero sí señala la evolución natural de los espectáculos: "el cine proyectado en los cines casi está desapareciendo. Lo mismo ocurrió con el teatro cuando llegó el cine, antes había teatros estables con funciones casi todos los días en la mayoría de capitales de provincia. La televisión normal también la están matando, entre comillas, los nuevos dispositivos. Pero no creo que sea malo, es una cosa natural".

Hasta aquí el artículo de Natalia Marcos.

12 agosto 2019

El intruso electrónico. Entrevista en La Verdad

Esta mañana se ha publicado en el diario La Verdad de Murcia una entrevista titulada «No somos esclavos de nada», que me hizo Gema Moreno hace unos días, por la aparición de El intruso electrónico: La TV en el espacio arquitectónico, publicado por la editorial Newcastle y del que hablé en la anterior entrada de este blog. La reproduzco entera, porque creo que puede ser interesante:

Una familia reunida delante del televisor. Todos callan y se limitan a absorber la escasa programación que les escupe la televisión. Esta es una de las potentes imágenes que se reflejan en el libro del arquitecto y pensador Jorge Gorostiza El intruso electrónico. La TV y el espacio arquitectónico, publicado por la editorial murciana Newcastle, dirigida por Javier Castro. Amante del cine y la arquitectura, de niño se descubrió envuelto en un arrasador huracán de cambio que terminaría trastornando todo su mundo por culpa de un hipnotizante aparato. «De repente la ciudad comenzó a adaptarse a este nuevo intruso, aparecieron los teleclubs, la estética de los edificios se modificó, se implantaron antenas e incluso cambió el interior de los hogares para dejarle hueco», explica Gorostiza a La Verdad
La pequeña pantalla se convirtió rápidamente en el miembro predilecto de la familia, sirviendo como espacio de reunión para vecinos y amigos. «La televisión logró que viniera más gente a mi casa», relata el autor canario en su libro.
Este lugar de convivencia que, en el caso del arquitecto solía estar repleto de las voces que protagonizaban los cuentos de su abuelo y las películas que le contaba su padre, pasó a colmarse de silencio aunque, según asegura, sin suponer ello un perjuicio para la familia: «Tampoco hay que darle tanta importancia a la reunión y a la conversación porque había casos en los que sí que era interesante lo que se hablaba y se aprendía de ello, pero también había otros en los que no. Además, pienso que si alguien quiere comunicar algo lo va a hacer haya televisión o no», asegura Gorostiza.
Su padre también era un gran partidario de este invento y defendía la armonía que reinaba en el hogar cuando la televisión iluminaba el salón: «Muchas veces decía que de esta forma estábamos reunida toda la familia mientras que antes cada uno estaba en su cuarto leyendo».
Gorostiza afirma que la televisión despojó a la casa de ese aire de castillo o fortaleza que protegía a la familia de modo que todo girase en torno a ella. Sin embargo, considera innegable que este poder le ha sido arrebatado hoy. «Todo ha cambiado. Creo que precisamente es un buen momento para escribir sobre los orígenes televisión porque esta, tal y como la habíamos conocido, ha desaparecido».
La irrupción de las nuevas plataformas digitales y de las pantallas inteligentes ha transformado indudablemente el modo de consumir los productos audiovisuales. Aunque, según explica, no es la primera vez que esto ocurre: «Ha cambiado la actitud del espectador frente a este aparato, ahora la televisión se ve con el móvil en la mano y con el cine ya sucedió lo mismo. Antes tenías que salir fuera del cine a comer y ahora a nadie le parece raro comprar palomitas en la misma entrada. Yo soy muy optimista, creo que las cosas ahora son mejores». 
En la actualidad se ha llegado a pronosticar la muerte de la televisión al contemplar el avance irrefrenable de las innovaciones tecnológicas como las tablets, móviles y portátiles, que han acaparado a los espectadores y arrasado con los índices de consumo. Gorostiza apoya al aparato al que guarda tanto cariño y que puso su mundo patas arriba permitiéndole ver por primera vez las películas que tanto le había contado su padre. «También se auguró el final del cine con la llegada de la televisión y no ha sido así. No desaparecen, se transforman». 
El amor al cine de este arquitecto se remonta a la película Casablanca, una de aquellas tantas historias que su padre le contaba cuando era pequeño: «Cuando se emitió Casablanca por la televisión, yo ya me sabía frases casi enteras». Fueron sus primeros coqueteos con el mundo audiovisual y lo que le llevaría más tarde a apasionarse por el cine, aunque siempre respetando su consolidada relación con la arquitectura: «Hay muchísima relación entre ellas dos, a pesar de que no lo parezca son muy compatibles el cine y la arquitectura. Los cineastas saben guiar, imaginar y los arquitectos sabemos construir. Como arquitecto me parece muy interesante lo que nos pueden enseñar los cineastas sobre arquitectura». 
La televisión no siempre ha sido vista con los buenos ojos que tiene el arquitecto para ella y es que, a la denominada durante años como «la caja tonta», se la llegó a considerar perjudicial para la salud durante mucho tiempo. Incluso se inventaron multitud de bulos sobre ella. Este autor compara ese tipo de actitudes recelosas ante los avances tecnológicos con aquellas que persisten en otros aparatos en la actualidad: «Con las imágenes de la televisión pasó lo mismo que ha sucedido ahora con las ondas de los móviles. Se comenzó a decir que producían daños cerebrales. Posiblemente no sean buenas pero los beneficios que trajo la televisión son superiores a los malos que ha traído a la sociedad».
Al final, ya sea el televisor, los nuevos dispositivos o el cinematógrafo de los hermanos Lumière, todos comparten la misma y asombrosa particularidad: la atracción irremediable que nos procura la imagen en movimiento y que consigue atraparnos durante horas y horas delante de una pantalla. Gorostiza no titubea a la hora de señalar al culpable: «Hay personas que tienen especial predilección para dejarse encandilar por cualquier cosa. Alonso Quijano se volvió loco leyendo novelas de caballerías. La culpa es suya por tener esa predisposición para volverse adicto. Yo no creo que las cosas te atrapen sino que te dejas atrapar. No somos esclavos de nada» sentencia el arquitecto.
Con este tipo de deliberaciones comenzó el canario a tejer el profundo análisis que abarcaría su obra sobre la transformación que supuso el televisor, ya no solo en la sociedad misma, sino en la propia arquitectura española. la primera punzada que desató la imaginación de Gorostiza y que hilaría este complejo estudio puede llegar a sorprender a más de uno: «La idea que me llevó a escribir este libro surgió leyendo como era la cama del fallecido dueño de Playboy, Hugh Hefner, que tenía un proyector, un tocadiscos y pensé en cómo los espectáculos domésticos en general transformaron las casas y la arquitectura».
El cómo serán las casas del futuro continúa siendo un misterio, aunque el autor, positivo, se atreve a pronosticar alguna pincelada: «Quizás incluso las paredes sean pantallas y las habitaciones se convertirían en grandes salas de proyección, pero a la vez habrá una estantería con libros. Pero no será como hemos visto en la ficción, eso seguro», afirma.

Hasta aquí la entrevista.
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