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31 mayo 2025

Colapsos del Empire State

Detalle de captura de la secuencia
de Megalópolis mencionada.
Todavía no he escrito sobre sobre Megalópolis y su relación con la arquitectura --ni sobre The Brutalist--, aunque
 supongo que me animaré algún día a hacerlo, viendo la primera hace ya bastantes meses me pareció curiosa una secuencia que se desarrolla en una gran maqueta de Nueva York, sobre la que hay unas pasarelas, para circular entre sus edificios, en un momento, el millonario Hamilton Crassus III (Jon Voight) se resbala y para no caerse, se agarra a la parte superior del Empire State. 
No es casual que se eligiera ese rascacielos, porque la imagen recuerde al Rey Kong subido en su cúspide antes de ser abatido, no se debe olvidar que fue el edificio más alto del Mundo, convirtiéndose no solo uno los símbolos más conocidos de Nueva York, sino además del régimen económico y político de EE. UU. Por eso los espectadores, como ya he publicado en este blog, lo han visto derrumbarse en numerosas ocasiones, tanto por causas naturales, inundaciones y terremotos, como por criaturas más o menos monstruosas.
Cartel español de la película
Hace muy poco descubrí una de las más extrañas de esas criaturas, la garra gigante (giant claw en versión original), protagonista de la película con el mismo nombre. que según la traducción del cartel español --que pueden ver al lado--, es «una terrorífica bestia voladora de los cielos prehistóricos», aunque en el argumento no sean prehistóricos, ni el cielo, ni el monstruo.
La garra gigante comienza como otras muchas de las cintas de ciencia ficción de aquella época, se suceden una serie de acontecimientos sangrientos que no se sabe quién o qué los está cometiendo, la pareja protagonista, a menudo un científico o un militar y una mujer muy bella con buenas condiciones para aullar cuando está amenazada, pero sin cualificación profesional, van descubriendo poco a poco al --o los-- causantes de estos desastres, tras la muerte de varios personajes secundarios sin demasiada importancia, finalmente el ejército estadounidense salva a la humanidad eliminado a los monstruos y/o extraterrestres. 
El monstruo se come al Empire State.
En esta película, la amenaza es una especie de ave que viene del espacio exterior, de otra galaxia calificada como «de antimateria», quizás por eso es invisible a los radares humanos e inmune a las balas de las ametralladoras y los misiles, por lo que puede destruir varios aeroplanos; aunque finalmente sea eliminada, pero antes pone un huevo en Canadá y pasa por Nueva York donde aprovecha para destruir el Empire State, pero no partiéndolo de una forma tan espectacular como muestra el cartel, sino de un modo bastante más chapucero, posándose en su cima y después picoteándolo, como si quisiere comérselo.
Este ataque al patrimonio edificado no es lo único absurdo de esta película, porque lo más llamativo es el propio monstruo, con un aspecto completamente ridículo, mezcla de pavo y gallina. Según se ha escrito, lo iba a crear el conocido Ray Harryhausen, pero el productor de la película, Sam Katzman, no pudo pagarle lo que solicitó y se lo encargó a unos artesanos mexicanos que se dedicaban a construir marionetas, seguramente esta información que atribuía el horroroso resultado del ave a profesionales que no eran estadounidenses servía para quitarle responsabilidades a los técnicos de ese país.
Figura de resina.
Es curioso que
Joe Laudati un maquetista --él se autodenomina «escultor»--, haya creado una figura en resina de unos treinta centímetros de altura, que puede adquirirse aquí, con el monstruo sobre el Empire State, que llama la atención primero porque su creador --como es lógico-- le ha dado color, mejor, se ha inventado cómo serían sus colores, siendo bastante discreto en su elección pictórica, y además por algo más interesante respecto a las relaciones con la arquitectura, porque el monstruo está captado en el momento que derruye al rascacielos, pero partiéndolo del modo más espectacular, tal como está dibujado en el cartel, y no golpeándolo con su pico tal como fue creado en las imágenes originales de La garra gigante.
Se podría escribir sobre muchas destrucciones del Empire State y otras edificaciones famosas, y la mayoría van más mucho allá de un colapso accidental, porque realmente la destrucción mostrada es la de símbolos de las creencias y el poderío de quienes las construyeron.

16 abril 2025

El cine en 2024, desde 1924

Portada de la revista
La revista El Cine publicó unos números extraordinarios que denominó «Almanaque», en el correspondiente a 1924 --con una portada anacrónica en la que se ve un niño fumando con una pipa--, he encontrado un artículo sin firma titulado «Lo que será el cinematógrafo en el año 2024». 
Quizás recuerden la entrada que publiqué en este blog hace bastantes años, sobre cómo vaticinaba D. W. Griffith que sería el cine también en 2024 y que puede leerse aquí.
El artículo del Almanaque El Cine en realidad reproduce otro, del polifacético francés René Hervouin (1895 - 1957), piloto de bombarderos en la Primera Guerra Mundial, corredactor jefe  de revistas cinematográficas, jefe de prensa de varias distribuidoras como Paramount en Francia, Cruz del Mérito Cívico, miembro de clubes gastronómicos y director de varias películas. Un artículo que ese mismo año también publicó en España el periódico La Voz de Asturias
Vale la pena reproducirlo todo, incluida la presentación del anónimo periodista de El Cine:

El cinematógrafo está en pleno apogeo de su reinado.
Pero, ¿qué será el cine dentro de cien años? Un gran literato francés, Rene Hervouin, anticipándose hasta 2.024, ha escrito esta brillante fantasía que, como las de Julio Verne, quizá sean sobrepasadas por la realidad:

Estamos en el año 2.024. ¡Qué de cambios, de transformaciones y de hechos asombrosos! La electricidad, los rayos doble Z y las ondas hertzianas, absorben toda la atención de la época. El alumbrado de las grandes urbes se ha modificado totalmente. En lugar de las farolas molestas, de los arcos voltaicos, los tubos luminosos de mercurio corren a lo largo de las casas.
Todo ha sufrido una modificación profunda. El cine ha sustituido casi totalmente a la imprenta. También ha suplantado los carteles anunciadores, sustituyéndolos por carteles animados que instruyen e informan a la vez. Una casa de modas ha tenido la idea de proyectar en sus vidrieras, esmeriladas, su catálogo animado.
La prensa ha reducido su tiraje, pero utiliza las películas de una manera tan interesante como inesperada. En las fachadas de los grandes diarios y en una pantalla gigantesca se desarrollan los últimos acontecimientos del mundo entero. La telecinematografía [sic] sin hilos, descubierta desde hace algunos años permite proyectar la revista de una escuadra en el Pacífico a las pocas horas de terminada.
La industria del film ha cambiado de aspecto. Han desaparecido casi todos los locales dedicados a la proyección de películas y la ha sustituido el cinematógrafo del hogar. Los pisos se alquilan con teléfono y cinematógrafo.
El cine escolar está en su pleno desarrollo. En las Universidades, en las escuelas más modestas de pueblo, las lecciones de historia, de geografía, de botánica se explican con el concurso del film. La Prefectura de policía misma, en lugar de fichas de los malhechores conocidos posee trozos de películas en los que se les ve andar, gesticular. El Estado subvenciona y controla el Museo de la Historia, en el que se conservan las películas en las que se reflejan los diversos acontecimientos que interesan a la nación.
En lugar de los talleres de fotografía, existen numerosos establecimientos donde se hacen películas de los grandes acontecimientos familiares, bodas, bautizos, etc.
Las compañías ferrocarriles y las grandes compañías transaéreas hacen una formidable publicidad por medio de las películas. La cinematografía en colores es cosa corriente y así los comerciantes suprimieron los viajantes y envían a sus clientes en lugar de un muestrario, una película con su catálogo.
También utilizan las películas las agencias de matrimonios y en cualquier proyección al aire libre el espectador puede ver a las personas que desean casarse.
Pero sobre todo es en la publicidad donde la revolución ha sido más profunda. Se ha inventado el medio de proyectar las películas en las nubes, apareciendo las películas de un tamaño formidable. Así los transeúntes, con sólo levantar la mirada, leen una serie no interrumpida de anuncios de diversos comercios.
Un gran diario ha adquirido el derecho de proyectar en la capital, durante unas horas determinadas, los radio film que va recibiendo. Y no hay nada tan impresionante como ver aparecer en el cielo, con grandes letras de fuego: «Atención. Va a comenzar la proyección de los últimos cineradios [sic] del diario Luz».
Los despachos se suceden. Y desde todos los aviones, de todos los helicópteros, de los globos cautivos que ocupan los agentes de las aduanas, desde los bulevares y las terrazas, millares de personas se van enterando al minuto de las últimas noticias animadas.
En los estudios, que son millares, las compañías de artistas que se cuentan por millares, trabajan sin cesar... La película no cuesta más que cinco céntimos el metro. El cine triunfa por todas partes y sus rayos luminosos disipan las últimas tinieblas de la ignorancia y hacen del año 2.024 el del Progreso, la Ciencia y la Luz.

Los aciertos de Hervouin son asombrosos, la pérdida de importancia de los escrito frente a lo visual, las pantallas publicitarias en las fachadas, la desaparición de muchas salas cinematográficas y su sustitución por proyecciones domésticas, la casi inmediatez en la transmisión de las noticias, el uso del cine en la enseñanza, el «Museo de Historia» que es una filmoteca... Afortunadamente no acertó --todavía-- en las apabullantes proyecciones publicitarias sobre las nubes.
Para quienes vivimos el año pasado no nos parece que fuera «el del Progreso, la Ciencia y la Luz», pero quizás si alguien de 1924 hubiera podido vivirlo, sí le habría parecido que la humanidad ha progresado en muchos aspectos, sobre todo, científicos.

25 marzo 2023

Edificios antropomórficos

En una serie de televisión y una película recientes, se ha mostrado un futuro en el que las edificaciones además de tener unas formas peculiares y distintas a las actuales, como corresponde a las historias de ciencia ficción, se parecen a figuras humanas.
En primer término el remate de la Columna de Nelson en Trafalgar
Square y detrás los rascacielos - esculturas (Captura de imagen de
la serie).
Comenzando por la serie, en la primera temporada de The Peripheral, sus protagonistas van y vienen continuamente desde la Carolina del Norte del año 2032, al Londres de 2099, donde entre un tejido urbano muy parecido al actual, se alzan unos rascacielos que, según dice un personaje, son las sedes de grandes empresas --alguna bastante perversa--, que en parte imitan a esculturas famosas, como el Discóbolo de Mirón, la Venus de Milo,
 Apolo y Dafne de Bernini, la Victoria de Samotracia --que en dos planos distintos aparece en lugares diferentes-- y el David de Miguel Ángel que gracias a una vista aérea, se puede comprobar que está en la City, entre las calles Leadenhall y Eastcheap y muy cerca del edificio Gherkin --símbolo londinense y mencionado varias veces en este blog--; todos estos edificios son mucho más altos que el London Eye, lo que sirve a los espectadores actuales para comparar su altura con una edificación conocida, una noria que según los diseñadores de producción de la serie, aun existirá en ese futuro dentro de setenta y seis años. 
Tres edificios con sus brazos cruzados y por encima del hombro
(Captura de imagen de AI I Love You)
En cuanto a la película, AI Love You, narra como en un futuro cercano los rascacielos estarán controlados por lo que se conoce como Inteligencia Artificial (IA) --que por ahora es más lo segundo que lo primero--, pero se supone que servirá para ayudar a la humanidad, aunque siempre hay agoreros que temen su capacidad para controlarnos.  
Volviendo a la película, comienza viéndose varios rascacielos con formas humanas, que tienen elementos en movimiento pareciendo brazos y cejas, mientras se oye una voz diciendo: «soy un edificio inteligente, cuando llegues al trabajo por la mañana, tu edificio te va a saludar y te va a decir: "buenos días"». 
Otro rascacielos antropomorfo parecido a un robot de juguete
(Captura de imagen de AI I Love You)
Como se puede comprobar es una tontería aunque educada, y continúa «hace poco fuimos mejorados con inteligencia artificial lo que nos permite comunicarnos contigo a un nivel personal [...] ahora también puedo ser tu amigo, tu compañero, o ¡quién sabe! algún día podría convertirme en algo más que un amigo...», un futuro poco prometedor para quién no tenga interés en la amistad de los edificios; efectivamente, la 
IA que controla a uno de ellos se enamora de la protagonista y consigue apropiarse del cuerpo de un hombre joven y por supuesto atractivo, para poder tener relaciones con ella. En este argumento poco original se mezclan, edificaciones que tienen vida propia, como ya sucedía en películas como Hausu y Pesadilla diabólica, con ordenadores enamorados por ejemplo el de Engendro mecánico.
Sección del elefante diseñado por
Charles François Ribart.
Es evidente que estas edificaciones monumentales con formas humanas no son una novedad y basta recordar al Coloso de Rodas o la Estatua de la Libertad. También hay que recordar otras que se parecían a animales, como 
la escultura de un elefante gigantesco que en 1758 el arquitecto Charles François Ribart propuso levantar en el lugar donde hoy está el Arco de Triunfo en París, y más recientemente se han erigido un elefante, un beagle, un cocodrilo y un pato, completamente fuera de lugar y sin interés alguno. 
Actualmente además hay edificaciones que se denominan escultóricas o «esculturas que son edificios», añadiendo: «el arte invade la arquitectura formal», como se puede comprobar en esta página, si algo caracteriza a los ejemplos mostrados es que no tienen el menor interés, no sabiéndose que es peor si su carácter escultórico o el arquitectónico.
Regresando a The Peripheral y AI Love You, es significativo que sus diseñadores de producción creyeran que en el futuro los edificios más importantes serán pastiches, seguramente mucho más populares que otras edificaciones avanzadas con formas inéditas en las que se corrieran los riesgos inherentes a cualquier intento de innovación.

13 octubre 2022

Futuro, realidad y fantasía en la ciudad escenográfica

Cubierta del libro
En la anterior entrada de este blog escribí sobre un libro que se había editado en México el año pasado, en ésta lo haré sobre otro publicado también en 2021 en ese país, con un largo titulo: Futuro, realidad y fantasía en la ciudad escenográfica: Arquitectura de la Ciudad de México en la construcción de universos cinematográficos de ficción, escrito por Antonio Saucedo Azpe y publicado por el Departamento de Arquitectura, Urbanismo e Ingeniería Civil, Subsistema de Teoría e Historia, de la Universidad Iberoamericana.
Su autor explica cuál es el objetivo de su libro: «hacer una propuesta de interpretación sobre el uso del espacio urbano y arquitectónico de la Ciudad de México para la construcción de universos ficticios en el cine a partir de cinco casos de estudio. Tras una identificación de películas en donde la arquitectura de la Ciudad de México funciona como escenario para universos fantásticos alejados de la realidad de la ciudad, se busca observar, describir y analizar el espacio en secuencias específicas de las películas que presenten ejemplos de arquitectura como parte del discurso cinematográfico. Asimismo, identificar la cualidad escénica cinematográfica que adquiere la arquitectura en función de una ficción fantástica y comparar el tratamiento del espacio en los diferentes casos analizados». 
Los «cinco casos de estudio» son las películas: The Holy Mountain, Total Recall, Romeo + Juliet, 2033 y De día y de noche, como puede comprobarse, una muestra variada, con títulos dirigidos por cineastas muy diferentes entre sí y producidos por varios países diferentes. 
Antonio Saucedo realiza un análisis exhaustivo de cada secuencia y además tiene la virtud de haber dibujado unos planos, donde indica los movimientos de los personajes y de la cámara, explicando de una forma gráfica muy expresiva las intenciones de los cineastas.
Entre las conclusiones de este estudio, Antonio Saucedo escribe: «La selección de cintas permite también identificar edificios que comparten una escala monumental, característica que va mas allá del tiempo y trasciende los cambios estilísticos e incluso políticos del país. La
monumentalidad advierte una tendencia a la tradición más remota del territorio, que contradictoriamente encaja bien en los imaginarios futuristas, propiciando igualmente un ambiente atemporal e incluso reafirmando la brutalidad y severidad de las distopias planteadas en los filmes. En otros casos, esta monumentalidad funciona como una grandilocuencia casi teatral, en donde los edificios parecieran haber sido elegidos por los directores en una audición para interpretar un personaje», unas características que también se pueden aplicar a otras películas de otras naciones y épocas.
Un libro totalmente recomendable para todos los que están interesados en las relaciones entre cine, ciudad y arquitectura, con un único gran inconveniente desde este lado del Atlántico: es casi imposible adquirirlo, al menos desde España.

02 marzo 2018

Things to Come y el astronauta Amadeo

Preparando mi ponencia para el congreso Mundos imaginados: geografías fantásticas distopías y futuros apocalípticos, que se celebró la semana pasada en la Facultat de Geografía i Història de la Universitat de València, encontré en Internet la imagen que aparece aquí arriba y que pertenece a Amadeo astronauta, uno de los populares cuentos infantiles, que se vendían en los quioscos en los años sesenta, éste en concreto es de 1963, editados en Barcelona por Edigraf y cuyo autor era Juan Ferrándiz, recordado también por sus felicitaciones de Navidad.
Portada de Amadeo astronauta
Estos cuentos tenían varias peculiaridades, una era que estaban troquelados con la figura de su portada, es decir, todas las páginas estaban recortadas, según la silueta de la portada, en este caso la del astronauta Amadeo, la otra peculiaridad es que sujeta a esa portada había una reproducción en miniatura de plástico, de algún objeto que tenía relación con la narración del cuento.
La imagen que se reproduce al principio indudablemente es una recreación o está inspirada en esta fotografía:
Una imagen que se ha publicado muchas veces y siempre se ha asociado a la película La vida futura, titulada originalmente Things to Come y dirigida por el gran escenógrafo cinematográfico William Cameron Menzies en 1936. Lo curioso es que este encuadre no aparece en esa película, o al menos no lo hace en la versión que ahora puede verse, en la que estos dos personajes, Raymond Passworthy (Edward Chapman) y Oswald Cabal (Raymond Massey), han lanzado a su hijos en un cohete hacia el espacio y en la última secuencia de la película, están ante una gran pantalla de lo que parece un gigantesco telescopio, viendo como se adentran en el cosmos, mientras el primero expresa sus dudas por lo que ha sucedido, el segundo apoya la inventiva y además el arrojo de los jóvenes, con estas palabras: «una vez que hayamos conquistado todas las profundidades del espacio y todos los misterios del tiempo, seguirá siendo el comienzo» y continúa «debemos aprovechar cada gota de felicidad y vivir, sufrir y morir. Sin importar lo que otros hacen o han hecho. Todo el universo o la nada».
En el cuento de Ferrándiz, Amadeo ha llegado a otro planeta y un extraterrestre le muestra la Tierra en la que se ha producido una explosión atómica, el alienígena le dice que vigilan a nuestro planeta y «cuando vuestros sabios insensatos, hagan peligrar con una de estas bombas el equilibrio del universo, tendremos que intervenir», un mensaje pacifista que recuerda al de películas como Ultimátum a la tierra
Otos dibujantes también usaron La vida futura como inspiración y ya he escrito sobre cómo Dan Barry usó el agora de Everytown en una de sus viñetas de Flash Gordon; volviendo al dibujo de Ferrándiz, es curiosa su apropiación de la imagen de la película y sería interesante averiguar cual fue su fuente y sus motivos para hacerlo.

16 agosto 2012

Punto crítico. Ciudad y Cine

Hace un tiempo supe a través de facebook que el arquitecto Gustavo Alejos Villar, dentro del programa Punto Crítico del Colegio de Arquitectos del Perú -que este año cumple su cincuenta aniversario-, había hecho un montaje en vídeo sobre Arquitectura y Ciudad, que se puede ver en este enlace, recogiendo vistas urbanas escogidas cuidadosamente de fotografías e imágenes en movimiento de muchas películas diferentes.
Como él mismo escribe, es «un acercamiento a la proximidad entre el cine y la arquitectura, desde el punto de vista de la ciudad, y los personajes y tramas cinematográficas. Se propone un punto de partida para la discusión, conversación y divergencia».
En el vídeo ha seleccionado fragmentos de las siguientes películas: Manhattan (Woody Allen, 1979), Blade Runner (Ridley Scott, 1982), El cielo sobre Berlín (Der Himmel Über Berlin, Wim Wenders, 1987), Antes del amanecer (Before Sunrise, Richard Linklater, 1995), La Sonámbula (Fernando Spiner, 1998), Minority Report (Steven Spielberg, 2002), Ciudad de Dios (Cidade de Deus, Fernando Meirelles, 2004) y Días de Santiago (Josué Mendez, 2004).
Como se ve es una selección de títulos "clásicos" en la investigación sobre Cine y Ciudad, pero introduciendo al menos tres novedades: la película dirigida por Linklater en Viena -yo hubiera incluido además su magnífica Antes del atardecer, la continuación rodada en París-; la curiosa cinta de ciencia ficción argentina de Spiner, con unos interesantes vistas urbanas de un posible y futuro Buenos Aires; y la película peruana de Josué Méndez que desgraciadamente no conozco, pero que viendo sus imágenes dan muchas ganas de conocer.
En fin, esta iniciativa de Gustavo Alejos Villar es muy enriquecedora y hay que animarlo para que siga investigando sobre este tema que a todos nos interesa. Se me olvidaba comentar que Punto Crítico tiene además una página en facebook

29 octubre 2011

El presente como utopía

Nueva York en 1980 según Just Imagine (David Butler, 1930)
En una entrada anterior de este blog escribía sobre la nueva revista de cine y arquitectura Teatro Marittimo, creada y dirigida por David Rivera. En su primer número, dedicado a utopías construidas, publicaron un artículo mío titulado «El presente como utopía» y subtitulado «vista de la ciudad actual desde el pasado», sobre cómo en las películas de ciencia ficción se imaginaron las ciudades que en ese momento eran el futuro y ahora ya son nuestro pasado, desde la década de los cuarenta, hasta el entonces mítico comienzo del Siglo XXI. Películas como Just Imagine, estrenada en 1930 y en la que se imaginaron cómo iba a ser el Nueva York del año 1980, quizás por tratarse de un  buen y conocido ejemplo, David puso la fotografía que adjunto al principio del artículo.
Como ya he hecho en otras ocasiones, copio aquí sólo el principio de este artículo, porque la revista aún está en las librerías y se puede leer en papel, por eso hay que comprarla, entre otros motivos, para garantizar su subsistencia.

La palabra utopía procede del griego y etimológicamente puede tener dos orígenes, uno significa "buen lugar" y el otro, "no lugar". Ambos se refieren a un sitio, en el primero se trataría de uno óptimo, pero en el segundo se descubre un grave problema, es un sitio que no existe. Un lugar, un espacio que casi siempre se encuentra edificado de forma parcial o es totalmente urbano, que ha sido descrito con palabras y representado gráficamente en muchas ocasiones, teniendo configuraciones arquitectónicas y urbanísticas muy diversas, pero que sólo ha podido recorrerse en movimiento gracias a la imagen cinematográfica, televisiva o de los videojuegos.

15 diciembre 2008

Espacios alienígenas

Inicio del artículo publicado en el libro colectivo coordinado por Antonio José Navarro, El cine de ciencia ficción. Explorando mundos, editado por el Festival de Sitges y Editorial Valdemar.


UN INTRUSO EN EL CAOS. ESPACIOS ALIENÍGENAS
El 19 de enero de 1921 cayó una tormenta sobre Buenos Aires y esa noche entró en La Casa Colorada. Aquel edificio, construido sobre un altozano, con tejados a dos aguas de pizarra y una torre cuadrada con un reloj que había pertenecido a su tío. Al principio le impresionó el olor dulce y nauseabundo y que en el vestíbulo hubieran quitado las baldosas y ahora creciese la hierba. Tras subir por una rampa, se encontró en un gran espacio con unos extraños objetos que no podía describir y ascendió por una escalera vertical a la planta alta, donde descubrió otros objetos que podían ser muebles. Él mismo pensó: «me sentí un intruso en el caos». Decidió bajar por donde había subido… pero mejor dejar que sea él quién lo cuente: «mis pies tocaban el penúltimo tramo de la escalera cuando sentí que algo ascendía por la rampa, opresivo y denso y plural. La curiosidad pudo más que el miedo y no cerré los ojos».
Así finaliza el cuento de Jorge Luis Borges There Are More Things (1), que su autor denomina «lamentable fruto» (2). Uno de sus aspectos más interesantes es la imposibilidad que tiene el narrador para describir e incluso ver los objetos que están dentro de la casa, «para ver una cosa hay que comprenderla. El sillón presupone el cuerpo humano, sus articulaciones, sus partes; las tijeras, el acto de cortar. ¿Qué decir de una lámpara o de un vehículo? El salvaje no puede percibir la biblia del misionero; el pasajero no ve el mismo cordaje que los hombres de a bordo. Si viéramos realmente el universo, tal vez lo entenderíamos» (3).
Cuando en la planta alta vuelve a percibir otros objetos, piensa «¿Cómo sería el habitante? ¿Qué podía buscar en este planeta, no menos atroz para él que él para nosotros? ¿Desde qué secretas regiones de la astronomía o del tiempo, desde qué antiguo y ahora incalculable crepúsculo, habría alcanzado este arrabal sudamericano y esta precisa noche?» (4).
Esta es la cuestión ¿Cómo dar forma a unos seres que no se conocen y pueden ser tan radicalmente diferentes a los seres humanos que incluso nos sea imposible verlos, ni por supuesto concebirlos? La segunda cuestión surge de la anterior ¿Cómo crear un objeto, una arquitectura o una ciudad alienígenas, sin saber cómo son quienes la usan o la habitan?
A pesar de la dificultad, el apasionante objeto de estudio es comprobar cómo el ser humano desde su particular punto de vista ha creado para el cine espacios y objetos que no le pertenecen, teniendo además total libertad para concebirlos, por ser de supuestas civilizaciones que no tienen relación alguna con la nuestra. Incluso el análisis se podría ampliar estudiando la arquitectura de la Tierra a través de la alienígena en la ficción, que ha ido evolucionando en el tiempo siguiendo las pautas de la terrícola.
Los espacios, que no el espacio interestelar, extraterrestres de la ciencia ficción se pueden clasificar de muchas maneras. Aquí se va a hacer según sus moradores, teniendo en cuenta que no puede haber arquitectura sin seres inteligentes y que a través de esa arquitectura se puede entender a quien la ha creado. Georgia McGregor ha escrito que «continuamente la arquitectura del ser alienígena ha sido la arquitectura de la humanidad con la indiscriminada transferencia de suposiciones arquitectónicas. La aplicación de antropometrías a las formas alienígenas, suponiendo una relación entre dimensiones de un extraterrestre y sus edificios, se hizo evidente en las novelas» (5).
Por ello es lógico empezar sabiendo qué forma tendrían los seres extraterrestres. John F. Moffitt ha establecido (6) una tipología iconográfica que puede resumirse en tres tipos, el «casi humano […] con aires de Cristo» por ejemplo Klaatu en Ultimátum a la Tierra (The Day Earth Stood Still, Robert Wise, 1951), el «viscoso e irreductible, un reptil o un insecto, un cazador de mujeres», como el de Alien, el octavo pasajero (Alien, Ridley Scott, 1979), y por último el extraterrestre «estándar» que serían los de Encuentros en la tercera fase (Close Encounters in the Third Kind, Steven Spielberg, 1977). Moffit incluye a los numerosos seres alienígenas de Hombres de negro (Men in Black, Barry Sonnenfeld, 1977) en la primera categoría, sobre todo, por su actitud, más que por sus aspectos físicos, pero si se agrupan morfológicamente deberían pertenecer al segundo tipo. Para simplificar, denominaremos a estos tres tipos «Humanos», «Inhumanos» y «Humanoides».
NOTAS: (1) El libro de arena, Alianza, Madrid, 1977. Págs. 39-45. (2) Op. cit., Pág. 102. (3) Op. cit., Pág. 44. (4) Op. cit., Pág. 45. (5) Georgia McGregor, Alien Architecture. The Building/s of Extre-terrestrial Species - Pre-twentieth Century, diciembre de 2004. Pág. 68; Tesis doctoral en http://www.users.on.net/~georgia88/. (7) Alienígenas, Siruela, Madrid, 2006. Pág. 81.
Para continuar leyendo este artículo compre el libro, por ejemplo en 8 1/2.
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