21 agosto 2025

Una inmobiliaria en las pantallas

Cartel de la película.
Gracias a una investigación que estamos desarrollando Ana Pérez y yo, llevamos bastante meses viendo y revisando muchas películas españolas. Hace unos días le tocó el turno a Un millón en la basura, dirigida por José María Forqué en 1967. 
Imagino que conocerán su argumento, pero por si acaso, recuerdo que Pepe Martínez (José Luis López Vázquez) es un humilde empleado del servicio de limpieza del Ayuntamiento madrileño, que está a punto de ser desahuciado y no tiene dinero para poder mantener a su mujer, Consuelo (Julia Gutiérrez Caba), y sus dos hijos; una noche mientras riega las calles, encuentra una cartera en un cubo de basura con un millón de pesetas en su interior, una cantidad muy importante en la época, que ahora solo son seis mil euros. Esta millonada ---nunca mejor dicho-- la ha perdido  Bermejo (José Orjas) el administrador de una empresa relacionada con Leonardo Borja Salcedo (Guillermo Marín), de quien se dice que es «Presidente del Consejo de Administración del Banco Insular, Consejero Delegado de Inmobiliarias ACESA, Director Gerente de Construcciones Aeronavales y Presidente del Club de Golf La Florida». 
Lo que interesa en este blog es la relación de este personaje con la arquitectura, es decir, su actividad en la inmobiliaria y cómo se creía en el cine español de los años sesenta que era un empresario de ese sector.
El interior de ACESA.
Pepe y Consuelo quieren devolver el millón a su propietario y una mañana van al banco, pero no está allí, tampoco en otra de sus empresas, donde «nunca va por las mañanas», por fin llegan a la inmobiliaria ACESA, allí el protagonista le dice a un portero: «llevo desde ayer detrás de Don Leonardo» y este le contesta: «eso no es nada, hay quien lleva años», demostrando que no atiende a las personas; pero el matrimonio se cuela sin permiso en las oficinas, por cierto, un espacio muy innovador para la época, en los títulos de crédito se dice que la película está rodada en Madrid y añade «Parque de las Naciones e Inmuebles Reunidos» y posiblemente sea en la sede de esta inmobiliaria donde se filmó esta escena, volviendo al argumento, son
 atendidos por Don Ramón González (José Sazatornil) un personaje siniestro, que por fin les permite entrar en el despacho de su jefe. 
Leonardo Borja Salcedo (Guillermo Marín).
La primera vez que se ve a Leonardo está fumando, parapetado detrás de la maqueta de un grupo de edificios y delante de la reproducción de un gran mapa antiguo, diciendo: «e
so es cuenta suya, a mí no me importa lo que usted haga, solo sé que debíamos entregar esta obra el día uno y aún no sé cuándo la vamos a entregar», esto se lo dice a un hombre con un rollo de papel en la mano, que puede ser arquitecto o constructor, y que con actitud sumisa, le contesta: «Don Leonardo, es que el tiempo nos ha perjudicado mucho y los retrasos...», el empresario le interrumpe enérgico: «intensifique el trabajo [...] ponga tres turnos, haga lo que sea. Usted me responde de que el día veinticinco estará todo listo», entonces una secretaria le llama por teléfono para decirle que lo llaman de una empresa, pero él contesta que ahora no puede atenderlos, pero cuando vuelve a llamarlo para decirle que es del Club de Golf, cambia su actitud, atiende la llamada inmediatamente con voz cariñosa y echa a todos de su despacho para poder hablar sin que le oigan.
Subordinado y jefe.
Un empresario millonario de aquella época, según
 el «argumento, guion y diálogos» de Pedro Masó, Antonio Vich y Vicente Coello, que no queda muy bien parado, parece que está muy ocupado, pero no va a trabajar, es implacable con sus empleados y le interesa más el golf que sus negocios, además González, su empleado, trata mal a los inocentes protagonistas y los lleva a una comisaría de policía, porque cree que son cómplices de Bermejo. Sin embargo, la película acaba con un final feliz, forzado y poco creíble, propio de los guionistas y favorable al régimen político, en el que González lleva a casa del matrimonio dos juguetes para los niños y una gratificación económica, que les salva el desahucio y les permite salvar su pésima situación económica.
No es la primera vez que el cine español de esa época critica tímidamente a los millonarios, incluso a los relacionados con la construcción, sin llegar a mencionar que habían conseguido su dinero gracias a influencias y manejos políticos, pero es interesante la forma en que se hace en Un millón en la basura
Forqué era un director con oficio y dirigió algunas películas interesantes, pero es cierto que no llegaron a compararse, por ejemplo, con las mejores colaboraciones entre Azcona y Berlanga, ni siquiera en las que el propio Forqué colaboró con ese guionista, pero esto es otra historia.... El cine a veces también funciona como como reflejo de la realidad.

13 agosto 2025

El cine como "arte"

Riccioto Canudo
Como ya he repetido muchas veces, este es un blog dedicado a las relaciones entre cine, arquitectura y ciudad, pero a veces recibo el encargo para escribir artículos que no se refieren a estas relaciones y suelo reseñarlos aquí, porque quizás pudieran interesarle a algún lector.
Para el número 17 de la revista Anales, editado por la RACBA, que se acaba de editar, me solicitaron que escribiera un texto sobre la sección a la que pertenezco, la denominada «Cine, Fotografía y Creación Digital», porque en principio ese número iba a conmemorar los 175 años de esa institución.
El artículo se titula «Cine y Fotografía en las Reales Academias de Bellas Artes» y en su primera parte se hace un repaso sobre la consideración como "arte", tanto del cine, como de la fotografía, teniendo en cuenta que aunque el primero surgió después que la segunda, la cinematografía fue considerada como el "séptimo arte" antes que su antecesora, gracias entre otros a Riccioto Canudo. La segunda parte trata sobre la incorporación de estas dos disciplinas a las Reales Academias españolas, recordando que el primero entre los académicos numerarios de nuestro país, fue el gran director Luis García Berlanga.
Mi artículo está digitalizado y gratuito junto a toda la revista en este enlace.

25 julio 2025

El esquivo hombre común.

Cubierta del libro
He de reconocer que desde hace algunos años me interesan tanto o más las autobiografías y entrevistas con cineastas, que los textos escritos por investigadores sobre las trayectorias de esos cineastas, aun teniendo en cuenta que no se debe confiar en lo que dijeron, porque pueden ser unos embusteros, a veces sin quererlo, por olvido o por creerse y crearse "leyendas" con hechos que no ocurrieron, y en otras ocasiones incluso mintiendo adrede.
Hace poco encontré el interesante libro Hollywood: The Oral History, publicado en 2022, con declaraciones recogidas por Jeanine Basinger y Sam Watson, a profesionales pertenecientes a la mayoría de las ramas que intervienen en la producción cinematográfica, entre ellas, un apartado dedicado a la dirección artística, donde se recogen las palabras, entre otros escenógrafos, de Mitchell Leisen, Harry Horner, Robert Boyle, Richard Sylbert y Ken Adam, nombres que le sonarán a algunos aficionados al cine y, sobre todo a quienes les interesan el arte y oficio de crear espacios cinematográficos.
Albert S. Ruddin en 1971
Respecto a las relaciones entre cine y arquitectura, es interesante algo que no está en el apartado antes mencionado, lo que declaró el productor Al Ruddy: «Solo quiero contarles una historia. Es la mía, la de un hombre común y corriente. Fui a la Escuela de Arquitectura de la USC [Universidad del Sur de California], y Frank Lloyd Wright solía venir una vez al año. Él contó una historia que me encanta narrar sobre nuestro negocio, porque es exactamente la misma. Dos arquitectos están haciendo el proyecto de un edificio, dibujando y dibujando, y finalmente son las tres de la mañana. Están discutiendo sobre: "Esto es mejor, aquello es mejor, el mío es mejor, el tuyo es mejor". Uno dice: "Un momento. Tú y yo somos personas muy sofisticadas. Como arquitectos, ambos estudiamos durante años, llevamos años diseñando. Coincidimos en que ambos proyectos son buenos, pero no nos ponemos de acuerdo en cuál es mejor. Pero sí sabemos una cosa: estamos construyendo este edificio para el hombre común y corriente. Preguntemos a ese viejo que está fregando el pasillo, y dejemos que nos diga. Aceptando el que le guste". Salen al pasillo. El hombre lo está fregando y le dicen: "¿Podría venir a nuestra oficina un segundo? Nos gustaría preguntarte algo". Él dice: "Ah, sí, ya voy". Trae el cubo y la fregona y entra en la oficina. Los dos arquitectos están allí, y uno dice: "Mire, nos gustaría preguntarte algo. Son dos diseños para dos edificios. Nos gustaría que nos dijera cuál de ellos le gusta más". "Ah, sí, claro". Mira uno, luego mira el otro, y dice: "Les diré que me gusta este, pero al hombre común probablemente le guste ese otro". Así que intentar encontrar al esquivo hombre común es muy difícil».

Se supone que la mayoría de los seres humanos son eso que se denomina "hombre medio" u "hombre común" --supongo que ahora será "persona común"-- por lo que conociendo sus gustos, en arquitectura y sobre todo cinematográficos, se podría llegar a un mayor número de clientes y/o espectadores, logrando obtener un mayor beneficio económico, algo fundamental en esta sociedad actual, pero este silogismo olvida que los gustos de la mayoría son horribles, que los edificios más admirados por la gente son malos y las películas por ser las más taquilleras, no son las mejores. 
Por eso no se entiende por qué actualmente el interés de los influyentes --traducción de "influencers"-- se mida por el número de sus seguidores, más que por la calidad de sus comentarios. Como tampoco se comprende, por qué los videos con más "me gusta" han de ser los más interesantes.
Lo más popular no es lo de mayor calidad. Lo que lleva a un debate más amplio para discernir lo bueno de lo malo tanto en arquitectura como en la imagen en movimiento.

03 julio 2025

Diseñador de sueños, Carlo Simi.

Cubierta del libro.
En la anterior entrada de este blog escribí sobre el encuentro con Carlos Aguilar en febrero y nuestra conversación sobre José Luis Galicia, entonces también aprovechó para recomendarme un libro que se había publicado a finales del año pasado, titulado: Diseñador de sueños: Carlo Simi, un arquitecto cedido al cine
Como conocía la importante trayectoria profesional de Simiy me interesa mucho, estuve desde entonces  buscando el libro, hasta que la semana pasada lo encontré en la mejor librería cinematográfica española, por supuesto, en Ocho y medio.
Los autores del libro son Andrea B. Nardi y Giuditta Simi, hija de Carlo y depositaria de su archivo, que por lo publicado en el libro debe ser impresionante. De hecho, solo por las ilustraciones ya vale la pena este volumen, que es una joya, gracias a sus bocetos, perspectivas, planos de fachadas y plantas estupendamente dibujadas --la mayoría a mano alzada, con enorme maestría-- y tan detallados, que sus dimensiones están acotadas en centímetros, a esto se añaden diseños de vestuario y numerosas fotografías de los rodajes.
Todo este material gráfico viene acompañado de un texto de los autores, contando por orden cronológico toda la trayectoria vital y profesional de Simi --incluyendo algunos trabajos arquitectónicos--, y declaraciones de numerosos cineastas que trabajaron con él, todos ellos interesantes; sin embargo en el primero hay que mencionar algún aspecto fuera de contexto, como una diatriba tan injusta como innecesaria contra la Nouvelle Vague (p. 62), así como el olvido de los excelentes técnicos de la escenografía española --en la parte final se menciona a bastante italianos-- sin los que Simi hubiera tenido muchas dificultades para materializar sus ideas. 
A pesar de ello, como escribía antes, este libro ya es un hito importante para la historia del cine y además para reivindicar el papel de los escenógrafos cinematográficos en el aspecto visual final de cualquier película.
Diseñador de sueños: Carlo Simi, un arquitecto cedido al cine está editado por One Hundred Publishing, con la aportación de Green Onions Entertainment y los patrocinios de la ASC Associazione Italiana Scenografi Costumisti e Arredatori y la Universidad de Burgos, este último patrocinio parece sorprendente, por no entender por qué una institución española financia a un profesional italiano, pero investigando en las redes se pueden descubrir dos estupendas noticias. 
Logotipo del Museo Carlo
Simi - Sad Hill
La primera que se está construyendo la rehabilitación de un edificio, según un proyecto del arquitecto Javier Sánchez López, del estudio Búho Arquitectos, S. L. P., en la localidad burgalesa de Covarrubias, para albergar el Museo Carlo Simi - Sad Hill que, según puede verse en los bocetos, será interesante, no solo por sus fondos, sino además por su arquitectura. Este museo ha sido promovido por la activa Asociación Cultural Sad Hill, conocida, sobre todo, gracias al documental Desenterrando Sad Hill.
La otra noticia, es que en octubre del año pasado se celebró en esa localidad el Congreso Internacional de Arquitectura y Cine Interferencias que ya lleva seis años desarrollándose.
En resumen, se ha publicado un libro sobre Carlo Simi, un importante escenógrafo cinematográfico mundial, patrocinado entre otros por una universidad española, hay que tener en cuenta que es la segunda vez que se edita un libro con estas características en España, el primero fue el magnífico, Gil Parrondo, la realidad proyectada, editado por el Instituto de Estudios Almerienses. Además se va a crear un museo sobre este por cineasta, que tampoco será el primero en nuestro país, porque ya hubo otro abierto en el molino Cariari de Campo de Criptana donde se exponían las fundamentales obras de Enrique Alarcón, pero será el único que estará en funcionamiento en España. Dos noticias que, como escribía antes, son estupendas, y ojalá inciten a instituciones españolas --o italianas, o de cualquier lugar-- a hacer lo mismo con los magníficos escenógrafos cinematográficos de nuestro país.

26 junio 2025

José Luis Galicia

Grabado de José Luis Galicia
Ya he publicado en otras ocasiones que no sé escribir sobre sentimientos y no me gusta usar este blog para exponer asuntos personales, por eso y porque además me afecta emocionalmente, no me gusta escribir obituarios, sobre todo, si son de alguien a quien apreciaba. De todos modos, es inevitable que las personas fallezcan y entre ellos los que merecen ser recordados son aquellos que se han convertido en un referente.
En febrero me encontré por la calle a Carlos Aguilar y me preguntó si sabía algo de nuestro común amigo José Luis Galicia, le contesté que hacía mucho que no lo veía y además, aunque teníamos la vieja costumbre de felicitarnos en Navidades, habían pasado unos años en que habíamos perdido el contacto.
Hace unos días me enteré que había fallecido el pasado 5 de junio.
No voy a escribir su obituario que pueden consultar en varias publicaciones, sino mi impresión personal. Lo conocí en 1993 cuando estaba escribiendo el libro Directores artísticos del cine español, porque siguiendo la estructura del volumen anterior dedicado a los directores de fotografía, escrito por Francisco Llinás, en la parte final había que incluir unas entrevistas, por eso elegí a Ramiro Gómez, Alfonso de Lucas, Gil Parrondo, Luis Vázquez y por supuesto a José Luis Galicia, todos ellos con una trayectoria profesional impresionante. Galicia había trabajado desde principios de los años sesenta en cerca de doscientas películas, en muchas de ellas en colaboración con otro gran profesional, Jaime Pérez Cubero.
Recuerdo la conversación en su fascinante casa - estudio, situada en la Ciudad Lineal, su interés, amabilidad y disposición para ayudar en todo lo que pudiera, y todo lo que aportó al libro, pero comprendí que se consideraba más un pintor que un decorador cinematográfico, y aunque su trabajo en las películas le había sido muy importante, proporcionándole muchas alegrías e incluso algún disgusto, le interesaba más su faceta llamémosla "artística", que le había llevado a exponer sus cuadros, grabados y esculturas en numerosas exhibiciones por todo el mundo.
En 1994 me mandó un grabado --reproducido arriba-- con la dedicatoria: «Para Jorge Gorostiza con un abrazo. Galicia, 10.8.94», que desde entonces estuvo colgado primero en mi estudio y después en mi casa, sirviéndome como recuerdo de una persona estupenda. 
Esperemos que su legado cinematográfico no se pierda y que sus parientes lo vendan o cedan a algún centro de documentación, donde pueda ser estudiado y admirado. Para finalizar se debe recordar que José Luis Galicia recibió numerosos reconocimientos y homenajes, pero solo alguno de ellos fue concedido por organizaciones y/o instituciones relacionadas con el cine.

31 mayo 2025

Colapsos del Empire State

Detalle de captura de la secuencia
de Megalópolis mencionada.
Todavía no he escrito sobre sobre Megalópolis y su relación con la arquitectura --ni sobre The Brutalist--, aunque
 supongo que me animaré algún día a hacerlo, viendo la primera hace ya bastantes meses me pareció curiosa una secuencia que se desarrolla en una gran maqueta de Nueva York, sobre la que hay unas pasarelas, para circular entre sus edificios, en un momento, el millonario Hamilton Crassus III (Jon Voight) se resbala y para no caerse, se agarra a la parte superior del Empire State. 
No es casual que se eligiera ese rascacielos, porque la imagen recuerde al Rey Kong subido en su cúspide antes de ser abatido, no se debe olvidar que fue el edificio más alto del Mundo, convirtiéndose no solo uno los símbolos más conocidos de Nueva York, sino además del régimen económico y político de EE. UU. Por eso los espectadores, como ya he publicado en este blog, lo han visto derrumbarse en numerosas ocasiones, tanto por causas naturales, inundaciones y terremotos, como por criaturas más o menos monstruosas.
Cartel español de la película
Hace muy poco descubrí una de las más extrañas de esas criaturas, la garra gigante (giant claw en versión original), protagonista de la película con el mismo nombre. que según la traducción del cartel español --que pueden ver al lado--, es «una terrorífica bestia voladora de los cielos prehistóricos», aunque en el argumento no sean prehistóricos, ni el cielo, ni el monstruo.
La garra gigante comienza como otras muchas de las cintas de ciencia ficción de aquella época, se suceden una serie de acontecimientos sangrientos que no se sabe quién o qué los está cometiendo, la pareja protagonista, a menudo un científico o un militar y una mujer muy bella con buenas condiciones para aullar cuando está amenazada, pero sin cualificación profesional, van descubriendo poco a poco al --o los-- causantes de estos desastres, tras la muerte de varios personajes secundarios sin demasiada importancia, finalmente el ejército estadounidense salva a la humanidad eliminado a los monstruos y/o extraterrestres. 
El monstruo se come al Empire State.
En esta película, la amenaza es una especie de ave que viene del espacio exterior, de otra galaxia calificada como «de antimateria», quizás por eso es invisible a los radares humanos e inmune a las balas de las ametralladoras y los misiles, por lo que puede destruir varios aeroplanos; aunque finalmente sea eliminada, pero antes pone un huevo en Canadá y pasa por Nueva York donde aprovecha para destruir el Empire State, pero no partiéndolo de una forma tan espectacular como muestra el cartel, sino de un modo bastante más chapucero, posándose en su cima y después picoteándolo, como si quisiere comérselo.
Este ataque al patrimonio edificado no es lo único absurdo de esta película, porque lo más llamativo es el propio monstruo, con un aspecto completamente ridículo, mezcla de pavo y gallina. Según se ha escrito, lo iba a crear el conocido Ray Harryhausen, pero el productor de la película, Sam Katzman, no pudo pagarle lo que solicitó y se lo encargó a unos artesanos mexicanos que se dedicaban a construir marionetas, seguramente esta información que atribuía el horroroso resultado del ave a profesionales que no eran estadounidenses servía para quitarle responsabilidades a los técnicos de ese país.
Figura de resina.
Es curioso que
Joe Laudati un maquetista --él se autodenomina «escultor»--, haya creado una figura en resina de unos treinta centímetros de altura, que puede adquirirse aquí, con el monstruo sobre el Empire State, que llama la atención primero porque su creador --como es lógico-- le ha dado color, mejor, se ha inventado cómo serían sus colores, siendo bastante discreto en su elección pictórica, y además por algo más interesante respecto a las relaciones con la arquitectura, porque el monstruo está captado en el momento que derruye al rascacielos, pero partiéndolo del modo más espectacular, tal como está dibujado en el cartel, y no golpeándolo con su pico tal como fue creado en las imágenes originales de La garra gigante.
Se podría escribir sobre muchas destrucciones del Empire State y otras edificaciones famosas, y la mayoría van más mucho allá de un colapso accidental, porque realmente la destrucción mostrada es la de símbolos de las creencias y el poderío de quienes las construyeron.

16 abril 2025

El cine en 2024, desde 1924

Portada de la revista
La revista El Cine publicó unos números extraordinarios que denominó «Almanaque», en el correspondiente a 1924 --con una portada anacrónica en la que se ve un niño fumando con una pipa--, he encontrado un artículo sin firma titulado «Lo que será el cinematógrafo en el año 2024». 
Quizás recuerden la entrada que publiqué en este blog hace bastantes años, sobre cómo vaticinaba D. W. Griffith que sería el cine también en 2024 y que puede leerse aquí.
El artículo del Almanaque El Cine en realidad reproduce otro, del polifacético francés René Hervouin (1895 - 1957), piloto de bombarderos en la Primera Guerra Mundial, corredactor jefe  de revistas cinematográficas, jefe de prensa de varias distribuidoras como Paramount en Francia, Cruz del Mérito Cívico, miembro de clubes gastronómicos y director de varias películas. Un artículo que ese mismo año también publicó en España el periódico La Voz de Asturias
Vale la pena reproducirlo todo, incluida la presentación del anónimo periodista de El Cine:

El cinematógrafo está en pleno apogeo de su reinado.
Pero, ¿qué será el cine dentro de cien años? Un gran literato francés, Rene Hervouin, anticipándose hasta 2.024, ha escrito esta brillante fantasía que, como las de Julio Verne, quizá sean sobrepasadas por la realidad:

Estamos en el año 2.024. ¡Qué de cambios, de transformaciones y de hechos asombrosos! La electricidad, los rayos doble Z y las ondas hertzianas, absorben toda la atención de la época. El alumbrado de las grandes urbes se ha modificado totalmente. En lugar de las farolas molestas, de los arcos voltaicos, los tubos luminosos de mercurio corren a lo largo de las casas.
Todo ha sufrido una modificación profunda. El cine ha sustituido casi totalmente a la imprenta. También ha suplantado los carteles anunciadores, sustituyéndolos por carteles animados que instruyen e informan a la vez. Una casa de modas ha tenido la idea de proyectar en sus vidrieras, esmeriladas, su catálogo animado.
La prensa ha reducido su tiraje, pero utiliza las películas de una manera tan interesante como inesperada. En las fachadas de los grandes diarios y en una pantalla gigantesca se desarrollan los últimos acontecimientos del mundo entero. La telecinematografía [sic] sin hilos, descubierta desde hace algunos años permite proyectar la revista de una escuadra en el Pacífico a las pocas horas de terminada.
La industria del film ha cambiado de aspecto. Han desaparecido casi todos los locales dedicados a la proyección de películas y la ha sustituido el cinematógrafo del hogar. Los pisos se alquilan con teléfono y cinematógrafo.
El cine escolar está en su pleno desarrollo. En las Universidades, en las escuelas más modestas de pueblo, las lecciones de historia, de geografía, de botánica se explican con el concurso del film. La Prefectura de policía misma, en lugar de fichas de los malhechores conocidos posee trozos de películas en los que se les ve andar, gesticular. El Estado subvenciona y controla el Museo de la Historia, en el que se conservan las películas en las que se reflejan los diversos acontecimientos que interesan a la nación.
En lugar de los talleres de fotografía, existen numerosos establecimientos donde se hacen películas de los grandes acontecimientos familiares, bodas, bautizos, etc.
Las compañías ferrocarriles y las grandes compañías transaéreas hacen una formidable publicidad por medio de las películas. La cinematografía en colores es cosa corriente y así los comerciantes suprimieron los viajantes y envían a sus clientes en lugar de un muestrario, una película con su catálogo.
También utilizan las películas las agencias de matrimonios y en cualquier proyección al aire libre el espectador puede ver a las personas que desean casarse.
Pero sobre todo es en la publicidad donde la revolución ha sido más profunda. Se ha inventado el medio de proyectar las películas en las nubes, apareciendo las películas de un tamaño formidable. Así los transeúntes, con sólo levantar la mirada, leen una serie no interrumpida de anuncios de diversos comercios.
Un gran diario ha adquirido el derecho de proyectar en la capital, durante unas horas determinadas, los radio film que va recibiendo. Y no hay nada tan impresionante como ver aparecer en el cielo, con grandes letras de fuego: «Atención. Va a comenzar la proyección de los últimos cineradios [sic] del diario Luz».
Los despachos se suceden. Y desde todos los aviones, de todos los helicópteros, de los globos cautivos que ocupan los agentes de las aduanas, desde los bulevares y las terrazas, millares de personas se van enterando al minuto de las últimas noticias animadas.
En los estudios, que son millares, las compañías de artistas que se cuentan por millares, trabajan sin cesar... La película no cuesta más que cinco céntimos el metro. El cine triunfa por todas partes y sus rayos luminosos disipan las últimas tinieblas de la ignorancia y hacen del año 2.024 el del Progreso, la Ciencia y la Luz.

Los aciertos de Hervouin son asombrosos, la pérdida de importancia de los escrito frente a lo visual, las pantallas publicitarias en las fachadas, la desaparición de muchas salas cinematográficas y su sustitución por proyecciones domésticas, la casi inmediatez en la transmisión de las noticias, el uso del cine en la enseñanza, el «Museo de Historia» que es una filmoteca... Afortunadamente no acertó --todavía-- en las apabullantes proyecciones publicitarias sobre las nubes.
Para quienes vivimos el año pasado no nos parece que fuera «el del Progreso, la Ciencia y la Luz», pero quizás si alguien de 1924 hubiera podido vivirlo, sí le habría parecido que la humanidad ha progresado en muchos aspectos, sobre todo, científicos.

02 abril 2025

Anthony Minghela. Arquitectos y cineastas

Anthony Minghela
Hace más de diez años comencé a publicar una serie en este blog, titulada Arquitectos y cineastas, con textos de cineastas que relacionaban la realización de una película con la construcción de un edificio, en ella fui publicando algunos textos de directores, como Woody Allen, Ingmar Bergman, Valerian Borowczyk, René Clair, Fernando Colomo, Luigi Comencini, Dziga Vertov
John FordJosé Luis García Sánchez, Amos GitaiPeter Greenaway, Abbas Kiarostami, Raúl Ruiz y John Sayles, así como de la actriz Viola Dana, y el ensayista Sigfried Giedion.
Ayer encontré un conjunto de entrevistas con Anthony Minghela entre ellas, hay una en la que habla sobre este tema, desde la escritura del guion, declarando: 

«Como guionista, como sé que estoy dirigiendo mis propias películas, incluyo cada vez menos información en el guion, porque no la considero necesaria. Siento que estoy diseñando un edificio al escribir un guion. Solo estoy imaginando una película en lugar de un edificio. La obligación del arquitecto es trabajar en un espacio y hacerlo dentro de las limitaciones del planeamiento. Cuando escribo, imagino una película de la misma manera que un arquitecto imagina un edificio funcional».

Minghela además se refiere a la relación de la arquitectura con la escritura de obras teatrales:

«Seguía escribiendo, a veces literalmente, pero metafóricamente durante todo el proceso. Eso es algo que entendí como profesor de obras de teatro, que escribir para el teatro es arquitectónico. Los escritores de teatro son arquitectos dramáticos. No le están dando palabras a la gente para que las diga, están creando una puesta en escena».

Es curioso que ya en el 2009, había publicado una entrada sobre la escritura de guiones y la construcción de una edificación, porque, como he escrito en otras ocasiones; «las relaciones entre arquitectura, cine y ciudad son variadas e inagotables».

12 marzo 2025

La casa del artista cinematográfico

Debido a una investigación que estoy realizando, reviso antiguas revistas de cine españolas. En un número de Popular Film, publicado un mes después de comenzar la guerra, encontré una columna en la que se menciona una exposición
celebrada en Inglaterra y titulada La casa del artista cinematográfico
Reproduzco a continuación el texto del artículo:

En Londres se ha celebrado una original exposición a la que el curioso, el decorador y el artista han dedicado comentarios mil y elogios. sin cuento. En esta exposición celebrada en el Olympia Hall y que podríamos llamar certamen
de la casa de las «estrellas», se han reproducido una serie de habitaciones de los domicilios que en Hollywood poseen las más famosas figuras de la pantalla, entre ellas Eddie Cantor, Merle Oberon, Raymond Massey, Margaretta Scott, Ronald Colman, Clark Gable, Shirley Temple, Mae West, Norma Shearer, Claudette Colbert, Grace Moore, Jean Harlow, Constance Bennett, William Powell, Robert Montgomery, John Boles, Clive Brook, Leslie Banks, Jessie Matthews, Diana Napier y otras muchas. Nosotros en la página ofrecemos tres de las habitaciones que más han llamado la atención en esta exposición organizada por el «London Mail».
En esta exposición se han premiado no solamente estas habitaciones, sino algunos de los proyectos y maquetas expuestas por los grandes escenógrafos del cinema.
Su trascendencia, desde el punto de vista de las Artes Decorativas, ha sido enorme y ha conseguido atraer a lo mejor del mundo inglés, a los grandes decoradores y numeroso público, no solamente por el afán de curiosidad, sino llevados por un anhelo de captación de belleza que ha sido ampliamente compensado por la visión de una serie de escenarios, de proyectos y de reproducciones comentadas por la crítica inglesa con ditirámbicos elogios, desusados en la serenidad del comentarista británico, arrebatado está vez por una serie de originalidades atrevidas y bellísimas a la par.
Ofrecemos a nuestros lectores algunos de los decorados que han figurado en la exposición, los unos por su riqueza y los otros por el buen gusto y el atrevimiento que los preside.

Las imágenes de este artículo recogen tres reproducciones de interiores domésticos: el abigarrado comedor de la casa de Raymond Massey, el dormitorio "moderno" de Margaretta Scott y una estancia de la película Things to Come, dirigida por William Cameron Menzies, cuyo estreno mundial había sido el 21 de febrero de ese mismo año y aún no se había estrenado en España, donde se proyectó por primera vez el 5 de noviembre de 1937. Es curioso que tanto Massey, como Scott sean los protagonistas de esa película.
En Popular Film se le añade a esa última fotografía el siguiente pie de foto: 
Un cuarto de la ciudad del futuro, tal como la vio H. G. Wells en la producción de London Films «Things to Come» («La vida futura»), 

Evidentemente Wells no fue quien creo este espacio, sino el escenógrafo Vincent Korda, junto con le también escenógrafo y director Cameron Menzies. Un olvido frecuente, sobre todo, en una época en que H. G. Wells era muy popular. Lo curioso es que la imagen que se muestra en la fotografía no se corresponde con cualquiera de las que aparecen en la película, aunque el mobiliario si se parezca.

Esta exposición demuestra que ya a mediados de los años treinta existía un culto casi fetichista hacia unos intérpretes que --como dice el texto de la revista-- eran «estrellas», provocando que los espectadores cinematográficos desearan incluso estar delante de los lugares íntimos donde vivían esas estrellas, como si quisieran alcanzarlas, mezclándose lo real y cotidiano con la ficción de una exhibición.

27 febrero 2025

ARQ-tículos. PRESS - PRINCEPS - PRITZKER

Cubierta del libro
He recibido el libro que tiene el curioso título de esta entrada del blog: ARQ-tículos. PRESS-PRINCEPS-PRITZKER, escrito por Rogelio Ruiz Fernández y publicado ya hace unos meses, en noviembre del año pasado, por el Colegio Oficial de Arquitectos de Asturias. Lo primero es congratularse porque por fin después de la última crisis de la construcción --ha habido tantas que ya no recuerdo cuál de ellas-- los colegios de arquitectos o al menos el de Asturias, han recuperado su actividad editando libros.
Conozco a Rogelio desde la primera edición de FICARQ, celebrada en Avilés el año 2013, en la que además conocí a otras personas magníficas, como Jord den Hollander, Matin Garber y Ester Roldán, así como a muchas bastante deleznables.
Rogelio ya había escrito muchos textos, como se puede comprobar aquí, y desde aquel año me fue mandando una serie de correos electrónicos, que él denominaba «hojas parroquiales», con unos textos estupendos que iban comentando la actualidad en el mundo, centrándose en la arquitectura, el diseño y el arte, con unos enlaces muy útiles, le propuse varias veces que los publicase en un blog, pero siempre se resistió, ahora creo que con razón, porque algunos de esos correos, ampliados y actualizados, se publicaron en periódicos --incluso en algunos canarios--, revistas, libros y ahora forman parte de este volumen.
Aunque mi amistad con su autor, así como el interés y la calidad de los artículos, son indiscutibles, posiblemente no lo hubiera comentado en este blog si no fuera porque en su sección «Arte» incluye tres artículos sobre las relaciones entre cine y arquitectura: «John Lautner, un arquitecto de cine», «Arquitectura, Cine y Ósmosis» y «Retorno a El manantial», y aunque en general tratan sobre temas recurrentes en los estudios entre cine, ciudad y arquitectura, vale la pena leerlos, porque son aproximaciones nuevas y, sobre todo, muy originales. 
Hay que tener en cuenta que el autor suele emplear un punto de vista muy personal, narrando sus experiencias con reconocidos arquitectos y sus viajes visitando edificaciones notables, publicando además sus propios bocetos y fotografías, incluso apareciendo en alguna de ellas, como si se quisiera dejar constancia indudable de la veracidad de lo escrito; algo que no extrañará a quién conozca las excepcionales dotes comunicativas de su autor, porque con este tono autobiográfico logra darle un valor añadido a lo que cuenta, aportando nuevas sensaciones, que lo complementan y mejoran. 
En definitiva, ARQ-tículos. PRESS - PRINCEPS - PRITZKER, es un libro muy recomendable y espero que tenga toda la difusión que se merece.
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