28 de julio de 2010

Crítica

En el número de julio de Cahiers du Cinema España, Antonio Santamarina escribe la crítica del libro Constructores de  ilusiones, la Dirección Artística en España, que co-coordinamos John D. Sanderson y yo y del que ya he hablado en otras ocasiones en este blog. Me ha sido completamente imposible resistirme a reproducir esa crítica aquí, así que aí va:

«Sin ningún género de dudas, no hay ningún historiador español que haya contribuido tanto a la revalorización de la figura del director artístico como Jorge Gorostiza. Sus libros, artículos y obras de referencia sobre su trabajo forman ya una abultada bibliografía a la que añadir esta nueva obra coordinada con el profesor John D. Sanderson. El origen de la misma son las I Jornadas Profesionales del Audiovisual Español, celebradas en el Centro de Estudios Ciudad de la Luz de Alicante los días 13 y 14 de mayo de 2008, en las que participaron un gran número de directores artísticos. Son ellos, por lo tanto, quienes toman la palabra en el libro para explicar sus experiencias y métodos de trabajo con el evidente hándicap de quienes se sienten más a gusto con el lápiz de dibujo que delante del teclado del ordenador. Se trata, pues, de un libro eminentemente práctico (y esa es su mejor virtud junto al gran apoyo gráfico) aderezado con algunos artículos de mayor enjundia teórica. “Saber todo lo que se sabe para poder inventar lo que no se sabe”, tal es el lema de Félix Murcia con el que ilustra su revisión histórica de la escenografía en el cine, donde aclara las diferencias entre el director artístico y el diseñador de producción, categoría que sería otorgada por primera vez a William Cameron Menzies por su contribución a Lo que el viento se llevó. En la misma línea historiográfica se mueve Josep Rosell antes de que Montse Sanz y Reyes Abades repasen los pormenores de sus trabajos en textos más sustanciosos, Gumersindo Andrés explique el reto técnico de rodar un complicado y archiconocido plano (el penúltimo de El reportero; Michelangelo Antonioni, 1975), Pilar Revuelta desmenuce, con un buen rosario de ejemplos, la dirección artística de El laberinto del fauno (Guillermo del Toro, 2007), Colin Arthur desvele los secretos de los efectos especiales y Juan F. Mañas repase la trayectoria de Almería como plató de cine. Las aportaciones de Asier Mensuro y Jesús G. Dueñas sobre Emilio Ruiz del Río y Samuel Bronston son más conocidas y dan paso a un sólido estudio de Sanderson en el que compara cuatro películas de Douglas Sirk con otras tantas de Almódovar (dos cineastas del "exceso”) mientras analiza varios aspectos de su escenografía para explicar detalles de los filmes, del estilo de sus directores y de las similitudes y diferencias entre ambos. Igual de interesante es el artículo (más poliédrico) de Gorostiza que cierra el volumen y en el que, tras echar una nueva palada de tierra a la tumba de los tópicos que sepulta la labor de los directores artísticos, describe varias apariciones de estos en distintas ficciones (La noche americana; Truffaut, 1973; Como plaga de langosta; Schlesinger, 1975; La niña de tus ojos; Trueba, 1998) y, con una batería de potentes estadísticas como arma, analiza los premios concedido en varios países en esta categoría para extraer valiosas conclusiones del examen».

Hasta aquí la crítica, también debo decir que la revista de la Academia también se ha hecho eco del libro de una forma destacada, lo que tanto John como yo agradecemos profundamente.  
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