22 de julio de 2010

Finlandia

La semana pasada estuve en Finlandia. Lejos y lo más al Norte que he llegado, y además con un calor increíble. Fuimos ocho personas (entre ellos seis arquitectos) en un viaje organizado por artchitectours -que por cierto, puede y debe mejorar mucho sus servicios- "pastoreados" por una eficaz guía, la arquitecta María Barbeito, en principio para ver edificios de Alvar Aalto, pero, como suele suceder, los descubrimientos, sin desdeñar al multiaclamado Alvar, fueron otros: Bryggman y Saarinen Sr. Recuerdos ahora muchos y muy buenos, todo lo que nos reímos con el estupendo grupo y sobre todo gracias a Manuel y Antonio; ver como España ganaba la final del Campeonato del Mundo entre múltiples cervezas en un bar de hooligans en Jyväskyla; los lagos y las bellas ninfas que se bañaron en ellos; los ojos de las mujeres finesas; un mercado en Turku; la inacabable luz diurna; el Museo de Arquitectura Finlandesa de Helsinki; una boda y la novia en Lahti; las escupideras para echar las flemas de los tuberculosos en el abandonado sanatorio de Paimio; el aspecto de trasatlántico de los pasillos de los hoteles; el salmón; la carne de reno; la veneración y el reconocimiento al trabajo de un Aalto convertido en icono turístico (hasta un bar del aeropuerto lleva su nombre); la limpieza; la educación; la seguridad; el despoblamiento; las escaleras en las fachadas de las casas de madera para que sirvan de vía de escape en caso de incendio, que en otros países servirían para usos delictivos; las vallas en los bordes de las carreteras para evitar que los renos las crucen; la cerveza... Entre las sorpresas relacionadas con el cine, que en Seinäjoki se estuviera representando un musical basado en Ninotchka y en Helsinki una obra de teatro en Fanny y Alexander, pero además vi anunciados otros musicales sobre Cantando bajo la lluvia y los inevitables Grease y West Side Story. Otra sorpresa, la emisión en la televisión finlandesa de Cuéntame cómo pasó y de Aquí no hay quién viva, en versión oroginal -como sucede en todos los países civilizados- susbtituladas al finés, no sé cómo entenderían a algunos personajes de esta última, cuya jerga casi no se comprendía en español...
No olvido que este es un blog sobre cine y arquitectura y por eso he colocado esa imagen al principio de Rod Taylor, en la magnífica Zabriskie Point de Michelangelo Antonioni, que no tiene relación alguna con Finlandia, pero es la cubierta de un libro sobre cine y arquitectura, editado en Helsinki en 1996, que no conocía y que encontré en la librería del Museo de Arquitectura Finlandesa de Helsinki, un libro con muy buena pinta, con artículos de, entre otros, el crítico Peter von Bagh y el arquitecto Juhani Pallasmaa, pero con un único problema: todos sus textos están escritos en finlandés, por lo que evidentemente no entiendo absolutamente nada. La reflexión es que los libros en español (me resisto a escribir castellano) que algunos escribimos con tanto trabajo, para la parte anglosajona del Mundo, son como para los españoles los libros en finés: incomprensibles. Preguntarán por qué lo compré, ante todo por vicio, por tener todo lo que se haya escrito sobre el tema que nos interesa, y después, no lo niego, porque estaba saldado y, como se puede ver en la portada, sólo costaba cuatro euros.
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