20 de diciembre de 2008

Entrevista en Diari de Balears

ARQUITECTURA Y CINE, DOS MUNDOS EN PERFECTA ARMONÍA
Jorge Gorostiza es arquitecto, ha diseñado edificios, realizado planes urbanísticos y en la actualidad trabaja en la administración autonómica canaria, pero al mismo tiempo ha desarrollado una labor investigando sobre el cine, en concreto sobre las relaciones entre el séptimo arte y la arquitectura. Ha escrito numerosos artículos, impartido conferencias, ha sido jurado de festivales y publicado libros como Cine y Arquitectura, Peter Greenaway, Directores artísticos del cine español, La arquitectura de los sueños, David Cronenberg y Blade Runner estos dos últimos con Ana Pérez. Su último libro es Gerardo Vera, reinventar la realidad, está en imprenta La profundidad de la pantalla, Cine +arquitectura, una recopilación de sus artículos.
¿Cómo un arquitecto se apasiona por el cine?
Es al revés ¿cómo un aficionado -que no apasionado- al cine se hace arquitecto? Mi cinefilia viene desde niño. Cuando era muy pequeño mi padre en vez de contarme cuentos infantiles, me contaba Casablanca, porque se la sabía de memoria y además para él el personaje interesante era Renaud, el gendarme francés mujeriego y vividor que sobrevivía a todo y todos sin perder su humor. Entonces no me daba cuenta, pero después he comprendido que me estaba dando una lección. Creo que es fundamental que los padres, igual que deben aficionar a sus hijos a la lectura, deben llevarlos al cine y aficionarlos a las buenas películas desde muy pequeños.
¿Qué importancia tiene la arquitectura en el cine de ayer y hoy?
Para mí la arquitectura consiste fundamentalmente en la creación de espacios. Dado que las películas se tienen que rodar en espacios, la arquitectura está presente en cualquier cinta, como también lo están las ciudades, que a su vez están formadas por edificios. Lo que sucede es que el ojo humano y el objetivo de la cámara son diferentes. Lo que vemos en el cine no es la realidad, sino la interpretación que un cineasta da de una realidad y por eso el espacio arquitectónico y el cinematográfico tienen unas reglas y unos instrumentos diferentes.
¿Los decorados que se realizan en el cine son realizados por arquitectos?
En los primeros años del siglo hubo algunos arquitectos que trabajaron en el cine y en países como Italia, un país con una superabundancia de arquitectos, los escenógrafos cinematográficos provienen en algunos casos de las escuelas de arquitectura. El problema es que, como decía antes, la escenografía o dirección artística tiene unos instrumentos específicos que no suelen dominar los profesionales de la construcción, por eso deben tener un aprendizaje especial.
¿Se crea a escala natural o se hacen maquetas?
Precisamente por esa diferencia de la que antes hablaba entre objetivo y ojo, no hace falta construir todo lo que se ve en las películas a tamaño real. Antes se hacía con maquetas y trucos, y en España teníamos a uno de los mejores profesionales del mundo, Emilio Ruiz del Río, que acaba de fallecer. Ahora se pueden crear espacios con medios digitales. Aprovechando que citaba a Emilio me gustaría decir que en general la gente no sabe que los directores artísticos españoles son de los mejores que hay hoy. Profesionales de la talla de Gil Parrondo el primer español en conseguir dos óscares; Benjamín Fernández que trabaja con Ridley y Tony Scott; Wolfgang Burman, Félix Murcia, Josep Rosell… y tantos otros que hacen un trabajo magnífico.
¿Los aspectos arquitectónicos de las películas pueden ayudar a entender en parte nuestra historia?
No soy un especialista en las complicadas y apasionantes relaciones entre Cine e Historia, pero creo que la exacta fidelidad de los edificios en una película histórica no es fundamental a la hora de recrear ese momento de la humanidad. A veces con muy pocos elementos se recrea mejor una realidad que con una reconstrucción colosal. Los directores artísticos dicen que para ellos es más fácil hacer una película histórica que una que suceda en la actualidad, porque sólo hay que documentarse bien y hay muchas fuentes para hacerlo.
¿Qué deben hacer los jóvenes para poder aprender a través del cine?
El cine es ya un arte capital en nuestro siglo y debería enseñarse en los colegios, como se hace con la pintura y la escultura. Si se explicar quién fue Velázquez, también se debería enseñar quién fue Orson Welles y además de la historia es importante educar en el lenguaje cinematográfico. El cine tiene un componente evidente de entretenimiento y evasión que es importante, pero mucho más importante es lo que podemos aprender incluso de las malas películas. Es fundamental que al acabar la película se reflexione sobre ella y se haga un juicio con argumentos, no importa que sean positivos o negativos y que la película sea comercial o "de autor", lo que importa es el acto de la reflexión y, si puede ser, la discusión con otras personas aportando cada una sus argumentos. En definitiva, ver las películas con espíritu crítico.
Por último quiero hacer un llamamiento: ¡¡¡¡Vayan al cine!!!! Las salas cinematográficas se están cerrando y sólo es por nuestra culpa. Hay que ir mucho más al cine, si no desaparecerá ese espectáculo que todos hemos disfrutado. Ese rito de ver en pantalla grande y a oscuras lo sueños que otros han querido plasmar para nosotros.
Diari de Balears, 28 de noviembre de 2007
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