30 de diciembre de 2008

Réquiem por un cine

El 28 de diciembre de 1895, los hermanos Lumière proyectaron en los bajos de un Café en París unas imágenes en movimiento. Ya se habían proyectado imágenes parecidas en otros países, la novedad fue que por primera vez se les cobró a los pocos espectadores que fueron a esa primera sesión. Muchos afirman que fue el principio del espectáculo cinematográfico. Jean-Luc Godard ha dicho que fue el origen de la taquilla y, por tanto, del negocio cinematográfico.

El 28 de diciembre de 2008 se proyectó por última vez una película en el Cine Víctor de Santa Cruz de Tenerife, la única sala de una sola pantalla que permanecía abierta en todas las Islas Canarias. Un edificio creado por el arquitecto José Enrique Marrero Regalado, que permanecía abierto desde los años cincuenta y que a partir del 2003 estaba alquilado por el Cabildo Insular para proyectar habitualmente seis sesiones semanales, sólo los fines de semana, de cine en versión original con subtítulos (en España se sigue usando esa bárbara costumbre de doblar las películas, impidiendo conocer las voces originales de los actores).
El Cabildo, a través de su empresa IDECO, subarriendaba la sala a otras instituciones, como el Gobierno de Canarias que la usaba para las proyecciones de la Filmoteca Canaria, y se la alquilaba a particulares, como los organizadores del Festival de Música de Cine de Tenerife (FIMUCITE) en su primera edidición, ya que en la última no se llegó a un acuerdo.
A partir de ahora el destino de la sala es incierto, el Plan General de Ordenación Urbana de la ciudad (del que se han obtenido las fotografías y planos que acompañan a este texto) ha catalogado al cine como de Protección Ambiental, por lo que, al parecer, aún protegiendo su estructura y morfología, se podría modificar su uso. Ya se comenta que una conocida cadena de venta de ropa quiere ocuparlo para abrir una de sus tiendas, con lo que la sala desaparecería. La solución podría ser la declaración del edificio como BIC (Bien de Interés Cultural), pero esos expedientes los suele incoar el propio Cabildo. El ejemplo reciente de la Gran Vía de Madrid es desolador, al permitir el cambio de su uso la mayoría de los grandes cines se están convirtiendo en almacenes de ropa, sólo el Palacio de la Música se salvará gracias a una caja de ahorros que lo ha adquirido para dedicarlo a audiciones musicales.
La reacción de muchos aficionados al cine en tenerife ha sido ejemplar, movilizándose para crear una plataforma reivindicativa, haciendo manifestaciones, ruedas de prensa y recogiendo firmas para evitar su cierre, así como abriendo una web. También ha habido reacciones desde sectores como cineastas, algunos periódicos y, sobre todo, como siempre desde varios blogs combativos como El escobillón y Lo que pasa en Tenerife. La lucha no ha finalizado.
Entre las intenciones y propósitos de este blog no estaba hacer comentarios sobre la actualidad, pero el cierre de un cine es siempre un acto doloroso, sobre todo, cuando responde a una decisión política, no sólo desde el punto de vista nostálgico, sino, sobre todo, por su valor patrimonial.
Las relaciones entre el cine y la arquitectura incluyen también la que existe entre los espectadores y los lugares donde se ven las películas. La desaparición de este coloso cinematográfico nos dejará heridos a quienes lo conocimos e inevitablemente huérfanos a los que no podrán conocerlo.
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