30 de junio de 2011

Construir la revolución.

En la entrada anterior escribía que el miércoles pasado había visto varias exposiciones en Madrid, entre ellas la estupenda Una luz dura, sin compasión. El movimiento de la fotografía obrera, 1926 - 1939, en el Museo Nacional Reina Sofía y diseñada por Aurora Herrera.
También vi otra estupenda muestra, Construir la Revolución: Arte y arquitectura en Rusia, 1915 - 1935, (la ilustración es la cubierta del interesante libro que han editado como catálogo) en CaixaForum, que reúne fotografías, cuadros, dibujos y maquetas de edificios -es especialmente buena la de la casa Melnikov- que se proyectaron en una época llena de ilusiones y con un grupo de artistas y arquitectos geniales.
Esta misma exposición se celebró hace unos meses en Barcelona y entonces Cahiers  du Cinéma me encargó  un artículo sobre el fantástico conjunto de edificios del Gosprom, también denominado Derzhprom, porque había sido utilizado por Eisenstein y Vertov en sus películas, además encontré un dato nuevo para mí y es que el director Fridrikh Ermler también lo había empleado en su película Oblomok imperii y además de un modo muy interesante. El artículito apareció en el número 45 de mayo de la revista, en la sección Resonancias, y la verdad es que estoy esperando tener tiempo para completarlo aumentándolo, porque la relación de este edificio con el cine es apasionante y un buen ejemplo de la función política de la arquitectura en las pantallas. Artículo que comienza así: «En 1928 se inauguró en Járkov (Ucrania) el edificio Gosprom, en castellano Casa o Palacio de la Industria Estatal; su construcción había comenzado tres años antes según el proyecto de los arquitectos Sérafimov, Felger y Kravets. Este enorme complejo formado por tres modernas edificaciones unidas por pasarelas elevadas, era el edificio más alto de la URSS y el segundo de Europa, y un ejemplo de la vanguardia constructivista soviética.En 1929 aparece en Oblomok imperii, dirigida por Fridrikh Ermler, que narra las peripecias de un combatiente ruso que despierta después de diez años en coma y no entiende los cambios que ha sufrido su país. En una secuencia el protagonista está en Leningrado y reconoce el Arco de Triunfo de Narva, en el siguiente plano aparece el Gosprom, en el contraplano él lo mira perplejo, a partir de entonces aparecerán cuatro planos fijos diferentes del edificio, alternados con otros de su cara mirando hacia puntos diferentes, como si se tratara de varios edificios y no de uno sólo; planos que después se repiten rápidamente intercalados con un monumento dedicado a Lenin. El edificio se convierte en un símbolo de la modernidad y sirve para difundir la prosperidad del estado soviético, ligándolo a su líder, llegando incluso a convertirse en diversas edificaciones.
También en 1929, Eisenstein y Aleksandrov usaron el Gosprom en dos secuencias de Lo viejo y lo nuevo (Staroye i novoye), en la primera aparece su fachada y el intertítulo: «un templo de la industria»; en la segunda, cuando la protagonista va a la ciudad, el Gosprom es retratado en tres planos fijos, cada vez más cercanos; la muchacha tiene problemas con la burocracia y aunque no se muestra claramente, los indolentes funcionarios que obstaculizan sus peticiones podrían estar en las oficinas del Gosprom. La actitud se modifica y el edificio, o al menos su uso, ya no se retrata con tanto optimismo». El artículo continua y puede leerse en el número de Cahiers antes mencionado.

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