1 de junio de 2010

El contrato del dibujante

José Luis Sánchez Noriega es el editor de Historia del Cine en Películas de la que ya la Ediciones Mensajero (que llevan con los anuarios Cine para Leer desde 1972) ha publicado dos tomos, los dedicados a las décadas de los noventa y los ochenta, hace unas semanas me invitó a escribir sobre una serie de películas de los años setenta (Mad Max, Nickelodeon, La noche de Halloween, Operación Dragón, El tambor de hojalata, Superman, Tiburón y Zabriskie Point)para Historia del Cine en Películas 1970-1979, que si se cumplen los plazos, se editará a finales de este año.
Entre la documentación que ha entregado Sánchez Noriega a los autores hay varios ejemplos y uno de ellos es la entrada que yo hice para el libro de los años ochenta sobre El contrato del dibujante dirigida por  Peter Greenaway en 1982 y de la que reproduzco un fotograma con la mano del propio Greenaway simulando ser la del protagonista. Hacía mucho tiempo que no la leía y la verdad es que no está demasiado mal, por eso he decidido trascribirla, eliminando toda la parte de documentación, ficha técnica, etc. que hoy en día se puede encontrar en Internet sin ningún problema. Como siempre, si se quiere comprar el libro, sugiero que lo hagan, también a través de la Red, en la estupenda librería 8 1/2 de Madrid.
«Primer largometraje de Peter Greenaway (Newport, Gales, 1942) estrenado comercialmente, gracias a la producción del British Film Institute. Greenaway había estudiado en el Walthamstow College of Art londinense y en 1964 hizo su primera exposición de pintura, en esos años comenzó a hacer crítica de cine y a mediados de la década de los sesenta ingresó en el COI (Central Office of Information), donde fue aprendiendo mientras ascendía desde asistente de montaje, a montador y, por fin, a realizador. Pronto comenzó a dirigir cortometrajes experimentales, entre ellos, Five Postcards from Capital Cities (1967) su primera colaboración con el compositor Michael Nyman, H is for House (1973), Windows (1975), Dear Phone (1977) y A Walk Through H (1978) en ellos ya reflexionaba sobre varios temas que seguirán preocupándole a lo largo de toda su carrera profesional. En 1980 escribió el guión, dirigió y montó su primer largo, The Falls, que no tuvo distribución comercial. La compleja evolución que ha ido desarrollando Peter Greenaway le ha llevado a crear una obra en la que sus películas son otro instrumento más para expresar sus preocupaciones e ideas, y sólo una pequeña parte de un conjunto compuesto por montajes operísticos, exposiciones a lo largo de todo el mundo, novelas, videojuegos, devedés, páginas web y recientemente su trabajo como Video Jockey, usando sus propias imágenes en espectáculos multitudinarios. Pocos creadores actuales han sido tan versátiles y concienzudos, y capaces de emplear de forma tan diversa tantas manifestaciones artísticas.
Greenaway comenzó a escribir ideas para El contrato del dibujante en 1976, después de múltiples añadidos y cambios, en los que se mantuvieron temas como la mirada del artista, las relaciones de superioridad entre las clases y el papel dominante de la mujer, situó su historia a finales del siglo XVII. Realmente se trata de una trama policíaca al estilo de las escritas por Arthur Conan Doyle y Agatha Christie. En éstas una serie de pruebas llevan a un deducción lógica, pero en El contrato del dibujante los razonamientos empleados para probar unos hechos, pueden también interpretarse de forma que demuestran otra realidad completamente distinta.
En la película no hay personajes positivos con los que el público se pueda identificar. El protagonista, Mr. Neville, es un elemento extraño que se introduce en un ambiente que no es el suyo, un entorno protestante para un católico romano. Lo que le diferencia de sus clientes es su profesión, es un artista y al mismo tiempo un técnico, que tiene una serie de conocimientos y habilidades de las que carecen sus clientes, esta diferencia ya crea una serie de suspicacias, envidias y un desprecio por el técnico. Neville además representa el paradigma del artista contemporáneo que, creyéndose capaz de hacer lo que quiere, en realidad está mediatizado y utilizado por quien le paga; pero, además, es un artista mediocre, incapaz de interpretar el entorno que le rodea, hasta el punto que la reproducción fidedigna de la realidad será la que le lleve a su destrucción. La propia actitud arrogante del protagonista con quien le paga, su dominio del entorno exterior expulsando a los invitados del jardín para poder dibujarlo, su forma de vestir diferente y siempre opuesta a quienes le rodean y, sobre todo, el aparente chantaje que ejerce sobre las dos mujeres, le hace ser odiado, y finalmente, por su propia inocencia, engañado.
El contrato del dibujante tiene numerosas influencias visuales y compositivas en las escenas de los interiores de la casa, de pintores como Caravaggio, Georges La Tour y el Rafael de la última época, no sólo por la luz que utilizan, sino además por el tipo de rostros alargados que retrata, por ejemplo, La Tour. En los exteriores hay referencias de los paisajistas ingleses, como Constable, y citas directas a Gainsborough. También hay influencias en la forma de interpretar el paisaje de Poussin o Lorrain, donde la naturaleza tiene tanta importancia como los personajes. Otra referencia es la reproducción del cuadro de Januarius Zick Homenaje a Isaac Newton, donde en un poblado jardín se intuyen una serie de acontecimientos que le sirven a Mr. Neville para presagiar su propia suerte.
Sin embargo, el tema más notable de la película es su discurso sobre la mirada. Para acentuarlo Greenaway inventa un visor que se interpone entre el dibujante y el objeto para permitirle encajar y darle la debida proporción a los dibujos. Este visor está formado por dos rectángulos cuadriculados de diferentes tamaños, teniendo el mayor la misma proporción que el formato usado en la película, de forma que muchas veces es el propio espectador quien está viendo a través del visor que ocupa toda el área de la pantalla. Mirada que Greenaway articula en tres niveles: el objeto en sí mismo, el objeto interpretado por el pintor y el objeto visto por la cámara tal como lo percibe el espectador. En este caso, los dos últimos niveles pertenecen al director porque los dibujos están hechos por el cineasta, lo que cambia es el medio de expresión y por tanto el resultado formal del objeto artístico. Tema de la mirada, relacionado con la del artista y con la arbitrariedad a la hora de representar los objetos, que sigue conservando su interés en la actualidad».
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