1 de octubre de 2009

Juan Antonio Ramírez

He esperado varias semanas antes de atreverme a escribir esto. La verdad es que me cuesta mucho y desearía no estar haciéndolo.
La primera vez que vi a Juan Antonio Ramírez yo era alumno de la Escuela de Arquitectura de Las Palmas, él fue a dar una conferencia -creo que lo llevó Magüi González- y estuvo, como siempre, brillantísimo. Yo ya sabía que Poelzig y Mallet Stevens habían creado decorados en el cine, pero Juan Antonio nos apabulló con una disertación estupenda sobre las relaciones entre cine y arquitectura en el cine clásico de Hollywood, Blume no había publicado su libro fundamental -reeditado después por Alianza y aún en librerías-, pero algunos ya habíamos leído aquel volumen con cubierta negra, editado en Málaga, en el había un capítulo con temas cinematográficos.
La publicación de La arquitectura en el cine. Hollywood la edad de oro fue un aldabonazo y no solo en España, a partir de ese libro aparecieron otros en países anglosajones y europeos y, sobre todo, para muchos entre los que me cuento, supuso la apertura de un camino que queríamos transitar y, si era posible, bajo su dirección; un libro que además no se detiene en el cine, sino que trasciende y lo relaciona con la arquitectura posmodernista que estaba en auge en ese momento. Estoy completamente seguro que sin este texto pionero no pueden entenderse los estudios que después se han realizado sobre las relaciones entre el cine y la arquitectura.
Como le ha sucedido a los grandes maestros que siempre han estado innovando, Juan Antonio a partir de entonces casi abandonó los temas relacionados con el cine y se dedicó a otros estudios siempre con un punto de vista original, fascinante y yo diría que hasta asombroso.
Siento tener que referirme a mí mismo, pero no puedo olvidar que Juan Antonio presentó uno de mis libros, que siempre me guió -de hecho, sin él es difícil entender mi trabajo- y siempre me trató con una amabilidad inmerecida y desorbitada.
Decía al principio que no desearía estar escribiendo esto, porque como me imagino que el lector ya sabrá, Juan Antonio nos ha abandonado, nos ha dejado huérfanos. Pero este abandono no es total, afortunadamente aún tenemos sus textos y muchos nunca podremos olvidar todo lo que aprendimos con él. Gracias maestro.
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