3 de junio de 2009

Un libro


Los mejores libros son esos que sorprenden y que continuamente te están aportando novedades insólitas y apasionantes. Ahora estoy leyendo La pantalla global, que encontré de casualidad en un aeropuerto -casi nunca llevo lectura en los aviones, prefiero comprarla en los aeropuertos y a veces he leído cosas increíbles en todos los sentidos- escrito por Gilles Lipovetsky y Jean Serroy. Confieso que hace poco oí aquí en mi isla un discurso derrotista y envejecido del primero y temía lo peor... pero me equivoqué.
Llevo años repitiendo que el espectáculo cinematográfico, tal como lo hemos conocido en mi generación y en las anteriores, desaparecerá, morirá de "muerte natural", con lo que, y esto toca a la arquitectura, desaparecerán también las multisalas, como pasó con aquello palacios cinematográficos. Los autores de La pantalla global denominan cine a toda imagen en movimiento, no estoy demasiado de acuerdo, pero partiendo de esta base, mientras leo este texto a veces me parece que me estoy oyendo a mí mismo. El pesimismo de quién no conoce su presente, lo teme y por eso desea que muera con él, se ha convertido en un análisis lúcido y optimista, en el que se demuestra que cada vez hay más facilidades para expresarse con la imagen en movimiento y cada vez -la acotación es mía- más talento.
En cuanto a la arquitectura hay algo muy claro, la realidad que era el lugar donde se asentaba este ancestral arte, cada vez tiene menos importancia frente a la ficción.
Arquitectos por favor reflexionemos y enderecemos el rumbo o por el contrario hundámonos en un piélago de calamidades (como Hamlet) con ese mundo que se desvanece a una velocidad cada vez más acelerada.
En fin, recomiendo fervientemete La pantalla global.
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