5 de junio de 2009

Foster en una realidad alternativa.

El otro día tuve que ver La brújula dorada (The Golden Compass) dirigida por Chris Weitz en 2007, -que sorprendentemente me gusto mucho- porque su "Architectural Conceptual Artist" fue el estupendo creador François Schuiten (por cierto, su padre, su madre y dos de sus hermanos son arquitectos, pero de eso hablaremos otro día) y yo estaba escribiendo un artículo sobre la escenografía cinematográfica tras Métal Hurlant para un libro que coordina Jesús Palacios para el Semana de Cine de Terror de Donosti. De repente, cuando la protagonista llega en un dirigible rojo al Londres de ese mundo alternativo donde vive, descubrí a la derecha, detrás de lo que podría ser la Catedral de San Pablo, nada menos que al edificio Gherkin, el apepinado rascacielos de Lord Norman Foster, de reciente construcción.
Por si acaso, por si fuera una deformación de arquitecto, oí el audiocomentario del director y efectivamente, se refiere a «la torre Gherkin». Mi comentario en el artículo es que «ni siquiera en un universo paralelo es posible librarse de las estrellas de la arquitectura»... Supongo que es otro de los nocivos resultados del «efecto Guggenheim» de Bilbao.
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