13 de octubre de 2016

Enrique Alarcón, entrevista de 1985

Enrique Alarcón.
Fotografía: La Vanguardia, 1985
Estos días estoy preparando una conferencia titulada «Cervantes y Don Quijote en las pantallas cinematográficas», y he vuelto a ver el estupendo trabajo que hizo Enrique Alarcón creando los ambientes del Quijote que dirigió Rafael Gil
En este blog ya he escrito sobre otros directores artísticos españoles, como Benjamín Fernández, Antxón Gómez, Herbert Lippschitz, Félix Murcia, Alfonso de Lucas y Gil Parrondo, pero todavía no había mencionado a Alarcón, que fue uno de los primeros escenógrafos cinematográficos de nuestro país que fue homenajeado y reconocido, de hecho, el primer libro español sobre un director artístico lo coordinó Andrés Linares sobre Alarcón y fue editado por el Festival de Cine de Alcalá de Henares de 1984 en el que se le hizo un homenaje.
Hace poco, encontré una entrevista, «Enrique Alarcón, un decorador de cine que recibe los encargos más insólitos», que le hizo Albert Mallofré en La Vanguardia en 1985 y transcribo una parte, porque creo que es interesante:

Desde su Campo de Criptana pasó a Madrid de muy joven para estudiar arquitectura pero una amistad casual con Imperio Argentina y Florián Rey le indujo al estudio del diseño, la perspectiva, la óptica y la geometría del espacio aplicado al cine. Ideó nuevos sistemas de trucajes escénicos y técnicas ingeniosas para efectos especiales, todo ello partiendo de cero, dado el aislamiento en que se encontraba el país en la inmediata posguerra. Su entrada definitiva en el cine fue en 1940, con la película Marianela. Desde entonces ha obtenido 14 Premios Nacionales, 8 del Círculo de Escritores cinematográficos y la Orden del Mérito Civil. En octubre del año pasado recibió un homenaje nacional en Aranjuez...
“Me alarmó mucho tanto homenaje —confiesa— . Pensé que una cosa así sólo le ocurre a uno cuando ya está difunto. Y mire por dónde, al día siguiente, mientras estaba observando un palacio abandonado, para unas localizaciones de la película Padre nuestro. me cayó encima, desde lo alto, una carretilla de piedras, que me dejó listo para funerales. Los médicos dicen que he vuelto a nacer.”
Parecía que con el accidente se había truncado su carrera pero ha podido terminar su trabajo en Padre nuestro y está nuevamente metido de lleno en el cine, después de haber trabajado en 316 películas y en 34 obras de teatro, con directores de la talla de Abel Gance, Henri Decoin, Christian Jaque, Jules Dassin, Alan J. Pakula, Nicholas Ray, Anthony Mann, Terence Young, Peter Yates, King Vidor, Just Jaeckin. Y entre los españoles: El clavo, Don Quijote y Reina Santa, de Rafael Gil; Los golfos, Llanto por un bandido, de Saura; Los jueves, milagro, La vaquilla, de Berlanga; Calle mayor, Muerte de un ciclista, La venganza, El poder del deseo, de Bardem; Tristana, Ese obscuro objeto del deseo, de Buñuel...
—Pero últimamente parece que se decora menos. Muchas películas se ruedan en espacios naturales y en edificios concretos.
—Se ha pasado de un extremo al otro. Creo que se había abusado construyendo espacios de estudio que se podían localizar fácilmente. Pero también se ha estado abusando de lo contrario, metiendo las cámaras en edificios estrechos, donde no pueden apenas moverse ni trabajar adecuadamente. Pero ahora se están potenciando otra vez los estudios, de tal manera que Pinewood, Cinecittá y todos los demás se encuentran sobreocupados.
Enrique Alarcon fue siempre un innovador. desde sus días barceloneses de Trilla y Orphea, repudiando los materiales falsos y las imitaciones vulgares. Ideando sistemas como el “travelling” aéreo, o el forillo de celaje pintado con aerógrafo, (incluso de tamaño gigante, en superficie de ciclorama) o la maqueta corpórea, o el sistema de cuñas para la base de la cámara a fin de que pueda girar sobre su eje óptico o, el llamado “espejo—cristal”.
Infatigable, ha tenido tiempo para proyectar además 41 edificios importantes y para dirigir el Inventario del Patrimonio Arquitectónico de la provincia de Ciudad Real.
—Y ahora estoy proyectando un palacete de estilo ibicenco para el príncipe Alí, de Kuwait,que quiere que sea “de cine”, como suele decirse. Por cierto, que he tenido muchas dudas, porque por ejemplo ¿cómo colocar los dormitorios de sus múltiples esposas? El mismo príncipe me sacó de dudas: “póngalas lejos, lo más lejos posible de mis habitaciones, al otro extremo del edificio. Que no estorben.

Hasta aquí la entrevista. Enrique Alarcón Sánchez-Manjavacas recibió el Goya de Honor en 1991 y hasta ahora ha sido el único director artístico que según la Academia de Cine española ha merecido obtener ese galardón, increíble pero cierto. Falleció cuatro años después.
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