28 de octubre de 2012

Félix Murcia


Félix Murcia

Conozco al escenógrafo Félix Murcia desde hace muchos años y siempre lo he admirado por su trabajo, por sus conocimientos e incluso por su forma de ser. He tenido la suerte de entrevistarlo un par de veces y de oír dos conferencias suyas estupendas, una en la Ciudad de la Luz alicantina y la otra en Ronda, pero nunca había podido asistir a uno de sus cursos.
Ahora gracias a Oficios de Cine (Mischa Müller-Thyssen) y al Colegio de Arquitectos de Canarias, Félix vendrá a Tenerife y entre los días 5 y 9 de noviembre, impartirá un curso titulado Dirección de Arte. Un oficio de Cine, en el que explicará cómo ser director artístico, con clases teóricas y una práctica que consistirá en el diseño de los espacios para un cortometraje.
A pesar de lo que creen algunos cineastas, la escenografía cinematográfica no consiste en elegir el piso de un amigo y colocar cuatro objetos para que salgan en un plano de su película. La escenografía, es fundamental para el éxito de una película y aunque sea una disciplina diferente a la arquitectura, tiene mucho más que ver con ésta que con, por ejemplo, la decoración de interiores, aunque también tenga relación con ella, por eso es tan importante el magisterio de Félix, no sólo para los profesionales del cine, sino también para otras profesiones e incluso para saber cómo analizar una película.
Es complicado escribir sobre Félix debido a su larga carrera, por eso he preferido reproducir un texto de mi libro de entrevistas con directores artísticos La arquitectura de los sueños, aunque se publicase en 2001, donde hice una introducción sobre su figura, que titulé «El pintor de películas»:
Cuando Félix Murcia tenía catorce años abandonó su casa, pretendía ir a París, como él mismo ha contado, “trataba entonces de seguir los mismos pasos, que yo suponía habían tenido que dar necesariamente la mayoría de los maestros, vivos y muertos que yo admiraba y a los cuales pretendía imitar, pasando calamidades y viviendo una vida bohemia en la capital de Francia” , sin embargo su secreta intención era trabajar con Picasso, al que no conocía, ni sabía si estaba en esa ciudad. Su corto viaje terminó en un cine de San Sebastián y tras pasar una noche en una comisaría, en su casa. Entonces en aquellos años Félix ya tenía ese espíritu aventurero y esa sana ambición para mejorar, que le mantienen joven. Nadie puede dudar que Félix es un artista, un pintor de películas, como él mismo dice que pretendía ser desde que era niño, pero además Félix es uno de los mayores defensores de su profesión, a esta cualidad se une el ser quien más se ha detenido a reflexionar sobre las características y aspectos de la creación de espacios para el cine, una reflexión que posiblemente parte de su condición de ser desde hace muchos años profesor de su especialidad. Todos esperamos con ansiedad la publicación del libro que nos lleva anunciando desde hace tiempo, los que hemos tenido la ocasión de ver alguna de sus páginas lo esperamos aún con mayor interés. Félix Murcia Aguayo nace en Aranda de Duero en diciembre de 1945, el año del hambre, y como él mismo cuenta, tiene una mezcla de influencias infantiles que van desde la pintura hasta la artesanía, pasando por las miradas inocentes al cine de la época, visto desde una posición privilegiada. Casi por casualidad, en 1964 va a Holanda, a Hilversum, y allí descubre la libertad, Europa y otro mundo mejor que la claustrofóbica España de los sesenta, pero también descubre la escenografía, la posibilidad de pintar películas. Entre 1968 y 1973 se titula en arquitectura de interiores, artes aplicadas, escenografía y diseño superior por la Escuela de Artes Decorativas y en la de Artes Aplicadas de Madrid. Y aunque él mismo dice que pinta mal, ha expuesto su obra en varios lugares como Madrid, Burgos, Pollensa y Pontevedra, ha participado en diversos certámenes y entre otros galardones, gana en 1965 el primer premio del Certamen Nacional Juvenil de Arte, a partir de 1974 abandona completamente la pintura, a la que ha vuelto a dedicarse en los últimos años. Ingresa en 1966 en Televisión Española como contratado y en 1973 pasa a ser fijo tras pasar por una inevitable oposición y en el año siguiente debe pasar por otra oposición para tener una plaza de decorador en el departamento de escenografía. Ha impartido clases de Escenografía en el Instituto Oficial de RTVE entre 1978 y 1980. Gracias a su actividad polifacética, en 1994 recibe la medalla de bronce del 43 Salón Mundial de la Invención, Investigación e Innovación Industrial de Bruselas. Ha participado y sigue participando en numerosas conferencias, ponencias y cursos. Ha sido el director artístico que ha ganado más premios Goya, lo ha obtenido en cinco ocasiones, Dragon Rapide (Jaime Camino, 1986), El rey pasmado (Imanol Uribe, 1991), Tirano Banderas (José Luis García Sánchez, 1993), El perro del hortelano (Pilar Miró, 1995) y Secretos del corazón (Montxo Armendáriz, 1997), también ha sido nominado a este premio por El bosque animado (José Luis Cuerda, 1987), Mujeres al borde de un ataque de nervios (Pedro Almodóvar, 1998), Días contados (Imanol Uribe, 1994), y Mararía (Antonio J. Betancor, 1998), y en la categoría de producción fue nominado por Sombras de una batalla (Mario Camus, 1993). También ha sido nominado a los Premios Félix del cine europeo en el apartado “specific aspect” por Mujeres al borde de un ataque de nervios (Pedro Almodóvar, 1998). Fundador en 1990 y Vicepresidente de la fenecida Asociación Profesional de Directores de Arte de Cine y Televisión, imparte clases como tutor en la especialidad de Dirección Artística en la Escuela de Cinematografía y el Audiovisual de la Comunidad de Madrid (ECAM) desde su fundación en 1995. Como remate a su carrera en 1999 le es concedido el Premio Nacional de Cinematografía, el más alto galardón que se concede en España a los profesionales del cine.
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