28 de diciembre de 2011

Fellini

Colección Nosferatu, nº 7
Hoy es 28 de diciembre, según el santoral católico, el Día de los Santos Inocentes y en España el día en que se gastan bromas, llamadas inocentadas, pero también es el aniversario de la primera proyección de los hermanos Lumière que, como se sabe, no fue la primera proyección pública de la imagen en movimiento, pero sí la primera vez que se cobró por una proyección, como decía Jean-Luc Godard, no fue el invento del Cine, sino de la Taquilla, del negocio cinematográfico.
Sin embargo, no voy a escribir sobre esta efeméride. Hace ya bastantes meses Jesús Angulo me planteó escribir sobre la Ciudad y la Arquitectura en las películas de Federico Fellini. Ahora puedo confesar que vi algunas películas suyas cuando era bastante joven, al estrenarse en España -muchas con retraso por culpa de la censura franquista-, y en su momento no me entusiasmaron, la percepción y el conocimiento va variando y lo que en un momento de la vida gusta muchísimo, después puede aburrir mortalmente, y al revés, aquello que no gustaba puede entusiasmar muchos años después. Cuando me llamaron me interesaba mucho investigar sobre el espacio en el cine de Fellini y también quería volver a ver sus películas muchos años después, lo cierto es que fue una auténtica gozada, la mayoría me encantaron y descubrí unos espacios esenciales no sólo en el Cine, sino también en la Arquitectura.
El resultado de mi trabajo se acaba de publicar en el número 7 de la Colección Nosferatu -antes la revista Nosferatu y ahora auténticos libros dedicados cada uno a un director o un tema- coordinado por Jesús Angulo y Josean Fernández, reúne artículos de Pilar Pedraza, José Enrique Monterde, Ángel Quintana, Carlos Losilla, José María Latorre, Antonio José Navarro, Ricardo Aldarondo, Daniel Gascó, Fernando Lara, Roberto Cueto, Ramón Moreno Cantero, David Pinillos y el mío, con el largo título: «Perturbación, ofensa y fascinación. Realidad y ficción en los espacios de Fellini», en el que se incluyen los planos de planta que yo dibujé de las casas de Cabiria, Giulietta y Katzone -por cierto, esta última es increíble- de Las noches de Cabiria, Giulieta de los espíritus y La ciudad de las mujeres, respectivamente.
Como ya he hecho en otras ocasiones, copio aquí los primeros párrafos de mi artículo y si le interesa a alguien recomiendo que compre el libro, por ejemplo en la Librería 8 1/2 de Madrid, porque hay artículos completamente memorables:
«2 de noviembre de 1993, Estudio 5 de Cinecittà, el cadáver de Federico Fellini, vestido con el esmoquin que llevaba en marzo de ese año cuando recibió el Oscar honorario en Hollywood, yace dentro de un féretro colocado sobre una tarima, en sus esquinas hay cuatro carabinieri en posición de firmes y uniforme de gala, detrás de ellos se encuentra un enorme ciclorama con un cielo azul claro y nubes , que los trabajadores del estudio han montado gratis como homenaje al maestro; mientras suena de fondo la música que Nino Rota y Nicola Piovani compusieron para sus películas, ese día alrededor de setenta mil personas le presentan sus respetos, desfilando en silencio por delante del féretro.
La dura realidad de la muerte se transforma en ficción con este montaje escenográfico, introducido en un espacio destinado a crear historias. La vida y la obra de Fellini se fusionan de nuevo y por última vez; un creador cada vez más ligado a una edificación, hasta que ésta en Entrevista termina siendo la protagonista de sus creaciones; un cineasta con una pasión por habitar, llenando de contenidos y espacios un lugar, un mundo, inútil si no se usa para representar otros mundos.

CINECITTÁ

En 1993 el Estudio 5 ya no era el mayor de Europa , pero para Fellini había sido: “el lugar más importante de mi vida” ; cuando estaba vacío era su "lugar ideal" ligado a "la emoción absoluta, la excitación, el éxtasis" era "un espacio para llenar, un mundo para crear" , “el lugar donde se materializan sueños y fantasías" , donde pasaba sus "mejores ratos" y al que estaba unido "por lazos de orden afectivo" .
Los sentimientos personales del director por el Estudio llegan a ser tan profundos que se funde el trabajo con la vida privada, "Cinecittá es el lugar donde me encuentro más a gusto” y “tiene la dimensión adecuada, es el hogar adecuado, un hogar que no es hogar y que puede ser todos los hogares" , un lugar tan íntimo que incluso Fellini dice "yo no habito en Cinecittà, pero vivo allí. Mis experiencias, mis viajes, las amistades, las relaciones con la gente comienzan y finalizan en los estudios de Cinecittà" .
El director incluso domina y manda en el Estudio, Terry Gilliam ha contado que cuando Fellini estaba rodando Entrevista “puso a Mastroianni vestido del Mago Mandrake en un árbol por fuera de mi oficina en el departamento de arte, por lo que no podíamos entrar ni salir cuando estaba rodando. Él decía, “Esto es mío; este es mi lugar. Tu trabajas cuando yo te lo permito”. Era grande” . Louis Malle, ha sido más rotundos y directamente afirmaba: “Fellini era el rey de Cinecittà”
El Estudio es un espacio con una tipología arquitectónica singular nacida gracias y casi al mismo tiempo que un medio de comunicación, y un instrumento fundamental para los cineastas, sobre todo, directores de fotografía y escenógrafos, como afirmaba Fellini: "los decorados pueden ser construidos de manera más rigurosa, más pertinente en relación con lo que se quiere hacer" , pocas veces los directores, salvo Fellini, han reconocido que también es un instrumento: "para aquellos autores que como yo consideran el cine como una forma de interpretación y nueva elaboración de la realidad confiada a la fantasía y a la imaginación, es natural que los estudios cinematográficos sean la condición indispensable para el tipo de operación que queremos realizar. Sería como querer privar a un investigador científico de su laboratorio o a un alquimista de la materia prima que quiere transformar. En este caso los estudios cinematográficos no son sencillamente un lugar físico de trabajo, susceptible de ser sustituido o suprimido, sino que se convierten verdaderamente en una especie de morada psicológica, mental y material de la expresión" , el estudio es para el director una “morada” un lugar donde, como antes se decía, se habita y al mismo tiempo una “fábrica” , que Ángel Quintana ha denominado "laboratorio de la ficción" y que se convierte en "un espacio clave de su poética: el lugar de la construcción de las realidades que pueblan el imaginario y no cesan de modelarlo. El momento de la revelación o, mejor dicho, del encuentro con el acto de construcción de la ficción no ha cesado de aparecer en toda la obra de Fellini" , en definitiva, la "búsqueda del lugar desde el que se construyen las ilusiones"» .

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