18 de diciembre de 2010

Dos casas en planos fijos

En otras ocasiones ya he comentado la labor que está realizando la Fundación de la Caja de Arquitectos editando documentales sobre edificios y de arquitectos. En el número 132 de la afortunadamente longeva revista Arquitectura Viva,  se publicó un comentario mío sobre dos de estas ediciones, lo titulé «Dos casas en planos fijos» y lo reproduzco íntegramente a continuación: «No es este lugar para glosar la labor fundamental que está realizando la Fundación Caja de Arquitectos tanto con sus publicaciones, como con la edición de películas en su colección arquia / documental; las correspondientes a los números 13 y 14 tienen en común estar dedicadas a dos viviendas unifamiliares, la Villa Mairea de Alvar Aalto y la Casa Koshino de Tadao Ando, y estar dirigidas ambas por el finlandés Rax Rinnekangas (Rovaniemi, 1954), que también es el productor ejecutivo, director de fotografía y ha escrito los guiones, con el asesoramiento arquitectónico de Juhani Pallasmaa. Rinnekangas es un hombre polifacético que además de cineasta ejerce como novelista, poeta, periodista, ensayista de arte y fotógrafo; y es el autor del documental La casa de Mélnikov, la utopía de Moscú (Arquitectura Viva 128) número 12 de esta misma colección. Normalmente en el cine, los espacios se describen mediante el movimiento, girando la cámara en panorámicas o moviéndola en travellings, sin embargo, Rinnekangas, no opta por este procedimiento, sino por una ceremoniosa estaticidad, -no en vano se considera hermanado espiritualmente con Tarkovski-, componiendo sus documentales con una sucesión de planos completamente fijos, salvo por algunos zooms, que recuerdan más una serie de fotografías de una revista ilustrada, que una película compuesta por imágenes en movimiento. A veces emplear un estilo propio y peculiar en un documental genera problemas, uno de ellos es olvidar su propósito primordial, lograr que se entienda perfectamente lo que se explica en ese documental. La ventaja que tienen los buenos edificios es que su enorme capacidad de seducción, les permite superar cualquier prueba planteada por quienes quieren mostrarlos imponiendo unas reglas personales, casi siempre arbitrarias e incluso incomprensibles. No se puede dejar de mencionar que en todos los números de la colección arquia / documental se adjunta un libreto de unas cuarenta páginas, a menudo más revelador que el propio documental, en el dedicado a la Villa Mairea, Antón Capitel escribe un texto sobre el edificio, seguido de «El huevo y el salmón» redactado por el propio Aalto en 1947; en el de la Casa Koshino hay un artículo de Ignacio Bosch y Juan Mª Moreno, y otros dos de Alberto Campo Baeza, donde ensalza la arquitectura de Ando, y constata su amistad personal con el arquitecto nipón, incluyendo además varias fotografías personales, y contando, entre otros aspectos más interesantes, como Ando alabó a las paellas «por la proporción de sus ingredientes». Por último, hagamos votos para que esta crisis, que está sirviendo como excusa para suprimir infinidad  de actividades culturales, no sea capaz de destruir esta iniciativa de la Fundación Caja de Arquitectos, tan importante en nuestro panorama arquitectónico».
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